Aunque tienen apenas entre 15 y 16 años Facundo Correa, Alexander de los Santos, Pablo Zamora y Ezequiel Rosa ya están acostumbrados a dar entrevistas. Aquello que alguna vez les había provocado un poco de escozor se convirtió ya en algo bastante habitual.

Es que en los últimos años este grupo de alumnos de cuarto de Secundaria del centro educativo Los Pinos, ubicado en el barrio de Casavalle en Montevideo, ideó y desarrolló varios proyectos tecnológicos guiados siempre por un mismo objetivo: minimizar el impacto de la contaminación en el medio ambiente.

Su último proyecto, un cohete capaz de elevarse hasta una altura de 900 metros para medir distintas variables como temperatura, presión atmosférica y humedad le valió a este inquieto grupo de jóvenes investigadores, además de los aplausos de compañeros, docentes y familiares, la oportunidad de exponer su idea en el último Congreso Argentino de Tecnología Espacial.

Antes habían desarrollado un dispositivo de calefacción que utiliza energía eólica y que construyeron con la reutilización de residuos.

Los Pinos implementa una metodología pedagógica denominada ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos) en la que la pregunta de un docente funciona como disparador para una investigación que se lleva a cabo a lo largo de todo un semestre. Reunidos en grupos, los estudiantes proponen soluciones a distintos problemas y luego construyen los prototipos que idearon.

Daniel Morisio es docente y acompaña a los alumnos en la concreción de sus proyectos. 

Siguiendo esta pedagogía el profesor de Filosofía los instó un día a recorrer las calles de Casavalle, uno de los barrios más humildes de Montevideo, para identificar los distintos problemas con los que los alumnos conviven día a día y así buscarles una solución.

Facundo y Alexander contaron a Journey que en lo primero que pensaron fue en el enorme basural que seguía creciendo en el barrio. Explicaron entonces que los desechos que se acumulaban en las calles se explicaban por un problema común a la mayoría de los hogares de Casavalle. El muy alto costo de la energía eléctrica sumado a la necesidad de utilizarla para poder calefaccionar sus hogares en invierno había llevado a muchos vecinos a “colgarse” del tendido eléctrico. Como consecuencia de ello muchos cables habían quedado sueltos o directamente por el piso, constituyendo un verdadero peligro para la salud. Por eso los camiones de basura habían dejado de ingresar al barrio.

Enseguida dieron con la respuesta a este problema: encontrar una alternativa de energía renovable y accesible a los vecinos. Así fue como con los tambores de lavarropas desechados y reutilizados ahora como molinos generaron energía eólica. Con apenas 13 años de edad el proyecto les permitió ganar un concurso de innovación organizado por SociaLab.


 

El cohete, su último y más famoso desarrollo, comenzó a gestarse en 2018 cuando el profesor Daniel Morisio les propuso pensar en la contaminación en el espacio. “Esto surgió porque un día uno de ellos me comentó que veía que sobre Montevideo ‘hay una cosa amarilla’. A partir de eso empezaron las preguntas, ¿qué era eso? ¿Por qué y cómo se formaba esa capa de polución? ¿Qué sustancias estaban en suspensión ahí? Y así empezaron”, explicó Daniel a Journey.

La curiosidad y las ganas de cambiar el mundo que los rodea llevaron a estos chicos al lugar donde están hoy, que es apenas el comienzo de un largo camino que ya empezaron a definir. Pablo y Alexander ya saben que estudiarán Diseño Industrial, Facundo se inclinó por Ingeniería en Sistemas mientras que Ezequiel está buscando la manera de fusionar esas dos áreas. Sólo falta definir cuál es el próximo problema al que intentarán encontrarle una respuesta.

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