Pirámides milenarias, playas soñadas y museos imperdibles: las atracciones turísticas que ofrece México son famosas. Sin embargo, a unos 60 kilómetros al oeste de la capital azteca, se esconde un espacio único en el mundo al que se llega a través de una ruta que serpentea entre las montañas. Se trata de PetStar, la planta de reciclaje de PET grado alimenticio más grande del mundo.

Hasta allí viajó Journey con el fin de recorrer las modernas instalaciones, donde cada año se acopian 65 mil toneladas de botellas de plástico para ser transformadas en 50 mil toneladas de resina reciclada y, así, volver a convertirse en botellas. Un modelo circular que contempla tanto el aspecto económico, como el ambiental y el social.

Con ocho plantas de acopio distribuidas en todo el país, una de reciclaje, una de valorización de subproductos y múltiples socios acopiadores a nivel nacional, la operación de PetStar da empleo directo a 1.000 personas, pero beneficia de manera indirecta a más de 24 mil. “Trabajamos con base en un modelo de acopio inclusivo que busca evitar intermediarios, para garantizar un mayor ingreso a la base de la cadena, integrada por las personas que se dedican a la recolección”, explica Anaí García, Coordinadora de Comunicación de PetStar y quien guía a Journey durante la visita.

Por su parte, Mónica Salinas Esquivel, Gerente de Comunicación de la planta, añade: “Somos muy conscientes de que, a diferencia de Estados Unidos o de lo que ocurre en países de Europa, donde hay una política pública de separación de residuos, un común denominador de nuestra región es que la obtención de esos materiales proviene de gente que vive de esto”. En este sentido, el modelo cuenta con unos 1.200 puntos de recolección.

De la mano de Coca-Cola

“Hacemos sustentable el envase de PET” es el lema de la planta, que desarrolla sus actividades como parte de la plataforma de sustentabilidad de la industria mexicana de Coca-Cola, ya que todos los accionistas son embotelladoras de la Compañía.

“Todo el PET que recuperamos es para nuestros accionistas en México; es decir, que tenemos un modelo con el que buscamos que el beneficio de la sustentabilidad se quede dentro de nuestro país. Toda la resina que elaboramos se incorpora dentro del propio sistema Coca-Cola para la industria mexicana”, resalta Mónica.

De la mano de PetStar, los socios embotelladores contribuyen con los objetivos globales de la Compañía Coca-Cola, que este año lanzó su iniciativa “Un Mundo Sin Residuos”, por el que se compromete a recolectar y reciclar, para el año 2030, el equivalente al 100% de los envases puestos en el mercado. En el caso de México, ya recuperan el equivalente a casi el 70% de los envases de PET que salen a la venta y lograron incorporar el 35% de resina reciclada en sus empaques en 2015, incluyendo el 100% en millones de envases, como los de Sprite y los del agua Ciel, por ejemplo.

Con capacidad para reciclar hasta 3100 millones de botellas al año, en 2013 PetStar fue nombrada la planta de reciclado de PET grado alimenticio más grande del mundo por “PCI Packaging Resin and Recycling, Ltd”. “Grado alimenticio quiere decir que se trata de un material que va a contener algún tipo de líquido, alimento o bebida y que cumple con un proceso mucho más exigente que cualquier otro tipo de material reciclado”, asegura Anaí.

Una de las características del enorme edificio, que además de la planta de reciclaje alberga un Museo Auditorio, es su torre de 50 metros de altura. Allí es donde se produce la policondensación, gracias a la cual se reestructura la cadena molecular de las hojuelas de plástico que previamente habían sido fundidas a altísimas temperaturas. Así se obtiene el producto final: la resina reciclada.

Como no todos los materiales que llegan al enorme almacén de PetStar se pueden convertir en resina de grado alimenticio, en su planta de valorización derivan a otras empresas materiales como las tapas a rosca y las etiquetas, que se recuperan como poliolefinas durante el proceso y se pueden reciclar en diferentes aplicaciones: desde un fleje plástico que se va a utilizar para embalaje, hasta joyería, alfombras para automóviles, calzado e hilos. “Es importante tener en cuenta que si hacemos una correcta disposición de los residuos –vaciar, aplastar, cerrar y depositar el envase–, estos productos pueden devenir en envases en lugar de utilizar un recurso natural virgen como el petróleo. La importancia de reciclar es que podemos prolongar el tiempo de vida de los recursos naturales, recuperarlos y transformarlos en infinidad de aplicaciones”, reflexiona Anaí.

Por ejemplo, en la terraza, el edificio cuenta con vegetación para el recupero de agua de lluvia. Para la elaboración de cada una de sus bases se usaron 250 tapas y etiquetas de botellas. Cuando llueve, las plantas absorben el agua que necesitan; el resto se recupera, pasa por un proceso sencillo de filtración y se almacena dentro de una cisterna para después volver a redistribuirla para los sanitarios y tareas de limpieza.

Valor Social

Como otras de las metas de PetStar es generar conciencia respecto del reciclaje y el cuidado del medio ambiente, la planta posee un Museo Auditorio que cada año recibe a unas 14 mil personas de diferentes sectores (tanto particulares, como universidades y escuelas). Tiene un programa de visitas guiadas gratuitas que busca promover el concepto de “responsabilidad compartida”: “Tenemos que entender que así como hay que promover en casa el tema de la separación de los residuos, las autoridades deben generar leyes y políticas públicas que propicien el cuidado del medio ambiente y, los empresarios, fomentar un uso adecuado de los recursos naturales, haciendo que sus procesos sean más eficientes”, enfatiza Anaí.

Por este foco en el cuidado del medio ambiente, el edificio obtuvo una certificación LEED Platinum, que avala que se trata de una construcción completamente sustentable. “Fuimos el primer museo en toda Latinoamérica en obtener este nivel de certificación, la más alta en su categoría”, informa Anaí. Y cuenta que se trata de un edificio autosuficiente, tanto en cuanto al consumo de agua como a la parte energética, ya que posee paneles solares que permiten abastecer de energía eléctrica a todo el edificio.

En sintonía con la tendencia global de fomentar el negocio  sin descuidar el entorno y generando un impacto positivo a nivel social, PetStar es un buen ejemplo, en México, de que el círculo se puede cerrar.

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