El proyecto de conservación de agua que realiza la Fundación INDRA, Avina y Coca-Cola con el apoyo la Intendencia de Rivera y la DINAMA protege desde hace dos años el monte nativo del Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera.

Cuando Aler Donadío recorre el monte nativo del Valle del Lunarejo no puede evitar emocionarse. Va de campo en campo, saluda a los productores rurales, habla con cada uno de ellos, conoce los desafíos que enfrentan y los sueños que guardan, mira las pequeñas plantas que crecen con fuerza y se alegra de comprobar que el trabajo ya está dando sus frutos; que la vida se regenera.

Hace apenas dos años Aler comenzaba, junto a Coca-Cola, la Fundación INDRA (Instituto para el Desarrollo Territorial, Rural y Aguas) de la que es titular y la Fundación Avina a ver cómo se concretaba su anhelo de desarrollar un modelo de conservación de suelo y el agua que fuera replicable al resto del país.

El objetivo de Coca-Cola era ambicioso: proteger al menos un 10% del bosque nativo del Valle del Lunarejo, unas 3 mil hectáreas. Para lograrlo era necesario generar sistemas sustentables para los productores locales cuyos predios incluyeran porciones de monte nativo. En 2009 la zona ingresó al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), por lo que se prohibió la tala. Ser propietario de un campo que tiene una porción de monte nativo es un lujo natural, pero al mismo tiempo supone un desafío productivo.

Este proyecto de INDRA, Coca-Cola y Fundación Avina se realiza junto con el apoyo de la Intendencia de Rivera y la Dirección Nacional de Medio Ambiente (DINAMA). A dos años del inicio del programa y tras el éxito logrado en este tiempo, Aler aseguró que confía en poder cumplir el sueño de replicar el modelo del Valle del Lunarejo en otras zonas de Uruguay.

Acciones concretas

Tras sumar a los primeros productores interesados en participar del programa se impulsaron acciones concretas. La primera cuestión a resolver era minimizar el impacto del ganado sobre el monte nativo, uno de los enemigos naturales de este tipo de paisaje ya que consume su vegetación, erosiona el suelo y seca el agua de las nacientes. Esto supuso un verdadero desafío para el proyecto debido a que la mayoría de los productores locales vive de la cría natural e invertir en alambrados y cerramientos adecuados para evitar el ingreso de los animales al área protegida era muy costoso para ellos.

Alvarito Armua Rosa, representante de SNAP, aseguró que entender la realidad de los productores era indispensable para el éxito del programa. “Muchos no podían acceder a un alambrado que los ayudara a proteger el monte nativo y las afluentes de agua. Entonces a partir de ahí el proyecto fue el que nos dio la capacidad de materializar ese deseo por conservar” explicó Alvarito a Journey.


En algunos campos, como el de la familia Olivera, fue el programa de INDRA y Coca-Cola el que permitió la instalación del cerco que rodea la zona en la que se encuentran las nacientes de agua. A Carmen Cáceres, productora del sendero de la Cueva del Indio, el apoyo le llegó en forma de porteras de madera que le permiten controlar el ingreso de ganado. Milton Viera, otro productor de la zona, que no tenía acceso a agua en su casa porque quedaba en el punto más alto de su terreno y debía ingresar junto con sus animales al área protegida para conseguirla, el proyecto de conservación tomó la forma de un molino de viento que extrae agua de las nacientes a través de un mecanismo de tuberías, por lo que ahora ya no precisan ingresar más al monte nativo.

A su vez, se propusieron acciones dirigidas a lograr la rentabilidad de los predios que incluyen una porción de monte nativo. El programa fomentó y apoyó prácticas de ecoturismo y turismo rural, a través de las cuales los productores comenzaron a dar a conocer las maravillas del lugar, uno de los secretos mejor guardados del Uruguay. La faceta turística del Valle del Lunarejo creció tanto en el último tiempo que uno de los productores inaugurará este año un sendero inclusivo que permitirá recorrer el monte nativo a niños, adultos mayores y personas con dificultades motrices. 

Balance positivo

A dos años del inicio del programa de conservación de agua ya son 19 los productores involucrados y 2.500 hectáreas que se sumaron a la propuesta de proteger el monte nativo y los recursos hídricos del Valle del Lunarejo. Al cierre del proyecto se espera incrementar todavía más el número de adeptos y superar la meta de 3 mil hectáreas de monte protegido fijada inicialmente.


“Normalmente se ven proyectos de este tipo por iniciativa de entidades públicas u organizaciones no gubernamentales, pocas veces se ve que un privado, una empresa internacional como Coca-Cola, se preocupe por estos temas puntuales” aseguró a Journey Alejandro Bertón, Director General de Desarrollo y Medio Ambiente de la Intendencia de Rivera y elogió la fusión del área privada y pública para garantizar el éxito del programa.

En esta misma línea, Aler confía en que se trata de un programa replicable a otras zonas de Uruguay y espera que los buenos resultados logrados incentiven a autoridades y productores. “Este proyecto es importantísimo para Uruguay porque no hay otro de igual alcance que busque conservar el bosque nativo” concluyó.

Esta iniciativa de Coca-Cola junto a Indra y Fundación Avina  se enmarca en la política global de la Compañía para reducir de manera significativa su huella hídrica, un indicador que mide el volumen total de agua que usa una empresa para producir bienes y servicios, y cómo reabastece a la naturaleza y las comunidades el equivalente a esa cantidad de agua utilizada en su producción.

Desde 2015, a nivel global la Compañía reabastece a la naturaleza el 100% del agua que emplea en sus bebidas y proceso productivos. ¿Cómo lo hace? A través de la reducción del uso de agua en las plantas embotelladoras, el reciclado de agua para diferentes usos y a través de la participación en proyectos de conservación de cuencas, como es el caso del Valle del Lunarejo. Esta maravilla natural tiene una gran capacidad de retención de agua, y allí se generan nacientes de cursos de los que dependen los poblados ubicados por debajo de la cuenca. Si el bosque nativo se conserva, los árboles retienen humedad del ambiente, el agua se evapora menos y la masa vegetal no deja que se escurra.

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola para preservar el Medio Ambiente podés visitar esta sección.