El cuidado del Medio Ambiente obliga a adoptar un enfoque multidimensional. La correcta gestión de los residuos, la reducción del consumo, la profundización del reciclaje son apenas algunos de los tantos campos a abordar a la hora de avanzar hacia un mundo cada vez más sustentable. La generación de energía verde es otro de ellos. Y en este campo Uruguay ocupa un lugar destacado en el mundo.

De acuerdo con el Reporte 2018 sobre la situación Mundial de Energías Renovables elaborado por REN21 –red global que reúne a actores clave involucrados en la implementación de políticas de energías renovables- “los países que lideran el camino en la penetración de la VRE (Variable Renewable Energy) incluyen a Dinamarca (con casi el 53% del total de la energía que genera proveniente de fuentes renovables), Uruguay (28%) y Alemania (26%)”.

Ocupar el segundo lugar, sólo por detrás de Dinamarca e incluso por delante de una potencia como Alemania es la coronación de un largo camino que comenzó con la aprobación de la Política Energética para el período 2005-2020 por el cual el Estado se propuso lograr la independencia energética al mismo tiempo en que se abandona paulatinamente el modelo de suministro basado en el petróleo.

En marzo de 2018 la energía eólica se convirtió, por primera vez, en la principal fuente de generación eléctrica de Uruguay incluso por delante de la hidroeléctrica y en junio de ese mismo año se alcanzó el récord de generación energética en base al viento.

Pioneros en el camino verde

En este camino que viene desandando Uruguay mucho tiene que ver SEG Energía, una consultora especializada en la eficiencia energética que en la década del ’90 asumió el desafío de impulsar la diversificación de la matriz energética del país.

El primer desafío que enfrentaron fue encontrar aliados y socios que creyeran en su propuesta y contaran con el know how necesario para instalar los primeros molinos de viento en Uruguay. Junto a las empresas alemanas Enercon y EAB comenzaron a convertir el sueño en hechos concretos.

Hoy el Parque Eólico Peralta en la localidad de Cuchilla de Peralta, en el departamento de Tacuarembó, es, con sus 2.800 hectáreas y más de 50 aerogeneradores, el mayor emprendimiento eólico privado del país. Entre cerros chatos y campos ganaderos se yerguen los enormes molinos de viento que pueden verse a varios kilómetros de distancia y que suministran energía limpia a más de 42.000 hogares.

“El proyecto coexiste con actividades agrícolas tradicionales, es algo que va de la mano. Los aerogeneradores están instalados en campos en los que hay actividad ganadera y agrícola y funcionan muy bien juntos”, explicó a Journey Rodrigo Gaya, ingeniero de SEG.

Para Rodrigo el involucramiento con la comunidad explica en parte el éxito del parque eólico. Además de presentar resultados de sus operaciones en forma periódica el proyecto abre sus puertas a la visita de escolares de todo el país.

Hoy SEG produce el 10% de la energía eólica de Uruguay y casi el 50% de la fotovoltaica. Para Rodrigo es clave operar en un país que apuesta activamente por las energías renovables y que fomenta el cambio de la matriz energética. “Hoy tenemos energía basada en un recurso que es totalmente nuestro, nuestro viento, nuestro sol. Eso tiene ventajas, en especial la independencia y la soberanía. Rompimos con una cadena histórica que tuvimos desde el carbón hasta ahora, es como haberse sacado finalmente un viejo paradigma de encima”, concluyó Rodrigo.

Coca-Cola apuesta a reducir al mínimo su huella de carbono y para ello busca optimizar sus procesos allí donde opera. Por eso la Compañía inauguró el año pasado en Buenos Aires su nueva sede corporativa para la unidad de negocios Cono Sur (Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile, Bolivia y Perú) en un edificio sustentable que acaba de recibir la certificación LEED Platinum, la máxima distinción para edificios sustentables a nivel mundial. Con 91 puntos sobre 100, el edificio de Coca-Cola se convirtió así en el primer proyecto en certificar con un puntaje tan alto en Argentina.

La eficiencia energética es una de las tantas variables que se tienen en cuenta a la hora de otorgar la certificación LEED Platinum. Coca-Cola instaló paneles solares en la terraza del edificio al tiempo que se instalaron sensores de luz y de presencia y sistemas automatizados de cortinas con el objetivo de maximizar el aprovechamiento de la luz natural.

Asimismo en Uruguay el socio embotellador de Coca-Cola, Femsa, acaba de recibir el “Certificado de Eficiencia Energética” entregado por el Ministerio de Industria, Energía y Minería por los proyectos implementados en 2018 de reemplazo de luminarias convencionales por LED en la planta y por la sustitución del sistema de alimentación de las calderas con nuevos generadores de vapor con agua permeada, lo que implicó un importante ahorro energético.

Si querés saber más acerca del trabajo de Coca-Cola por el cuidado del Medio Ambiente podés visitar esta sección.