El proyecto de conservación del bosque nativo del Valle de Lunarejo es uno de los programas de recuperación de la biodiversidad, suelos y recursos hídricos más importantes de Uruguay. La iniciativa, que consiguió un trabajo en red sostenido durante cuatro años entre la Fundación Indra, Coca-Cola Uruguay, la Intendencia de Rivera, el Ministerio de Ambiente, la Fundación Avina y 21 productores rurales, logró recuperar 3.000 hectáreas de monte nativo, uno de los elementos clave para el cuidado del agua.

Los bosques nativos son vitales para la conservación de las cuencas hídricas, los suelos y la biodiversidad. Con esta premisa es que Coca-Cola Uruguay, Fundación Indra, Fundación Avina, la intendencia de Rivera y el ministerio de Ambiente se unieron en 2016 para asumir el desafío de conservar el 10% de la totalidad del área protegida ubicada al extremo noroeste del departamento de Rivera y que forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP).

Y los resultados obtenidos luego de cinco años de trabajo son más que alentadores. En el marco del programa se realizaron pruebas de infiltración de modo de contar con parámetros que sirvieran de indicador de la calidad de los suelos, la capacidad de retención de agua y de la recuperación de la biodiversidad. “En la mayoría de los casos se observó que hubo una mejoría en cuanto a la distribución, la absorción y la conservación del agua en las áreas conservadas de hasta 3 y 4 veces por encima de las áreas fuera del proyecto”, explicó a Journey Marcos Estrada, ingeniero agrónomo e integrante del equipo técnico del programa.

Estos estudios científicos, que permiten certificar el impacto positivo del trabajo realizado en el Valle del Lunarejo, fueron diseñados junto al Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), sus resultados cuentan con el aval del SNAP y fueron además  refrendados por una investigación llevada adelante por la Universidad de la República.

Es posible determinar la mejora en la infiltración del agua gracias a la comparación con una “zona testigo”, donde no se intervino y se permitió que siguiera adelante la depredación del bosque nativo por parte del ganado. Y, apenas 5 años después de iniciado el programa, la comparación es más que elocuente. Allí donde se impidió el ingreso de animales, se favoreció la reconstitución del bosque nativo y hasta se reforestó con especies autóctonas la infiltración del agua mejoró hasta 4 veces en comparación con las zonas en las que no se intervino.

Para lograr estos resultados la clave está en los árboles. Cuidar el monte nativo repercute directamente en el cuidado de la calidad del agua y la fertilidad de los suelos, explicó Marcos. Es que los árboles ofician de barrera biológica que minimiza los daños de la lluvia: en la etapa de intercepción, las hojas reducen la fuerza con la que las gotas caen al sueño, disminuyendo así el riesgo de erosión debido al escurrimiento superficial. "La masa vegetativa diversa hace que el agua de lluvia caiga despacio evitando la erosión del suelo y el escurrimiento hacia los ríos", explicó Marcos.

Este proceso natural facilita la infiltración de agua y el llenado de reservorios acuáticos subterráneos como el del Lunarejo.

En esta zona la actividad productiva más importante es la ganadería extensiva, por lo que, al desafío de reforestar y recuperar los bosques, se sumó el control del ingreso de animales. "El ganado se come el rebrote de los árboles pequeños, con su pisoteo compacta el suelo disminuyendo la infiltración del agua y contamina las nacientes de agua con su orina y defecación", apuntó Aler Donadío, presidente de Fundación Indra.

Es así que el proyecto, en alianza con 21 productores rurales de la zona que se dedican a la ganadería vacuna y ovina, logró cercar el bosque nativo y buscar nuevas zonas de pastoreo. De esta forma se limitó totalmente el ingreso de animales o en algunos casos se redujo significativamente el espacio y el tiempo de su ingreso a la zona protegida. La alianza con los productores locales es de gran valor para el éxito del proyecto. Estas familias dejaron de ver al bosque como un freno de la actividad agropecuaria, y comenzaron a reconocer su gran valor.

A partir de 2021 y con los objetivos cumplidos de alcanzar las 3.000 hectáreas recuperadas de bosque nativo, el proyecto está entrando ahora en su etapa de mantenimiento en la que la conservación de los recursos hídricos seguirá siendo uno de los pilares, así como lo es también para Coca-Cola Uruguay.

Acciones como la del Valle del Lunarejo se enmarcan en la política global de cuidado de agua de la Compañía, que se traduce en la reducción de su uso, recuperación y tratamiento en las plantas embotelladoras, programas de acceso a agua en comunidades vulnerables y el apoyo a iniciativas de preservación y protección de cuencas. De esta manera, desde 2015 cumplimos el compromiso de devolver a la naturaleza el 100% del agua que utilizamos en nuestras bebidas a nivel global, una meta que alcanzamos cinco años antes de lo previsto.

Este año la Compañía Coca-Cola reafirma el compromiso con el cuidado del agua a través de su estrategia global al 2030 con una visión: lograr la seguridad hídrica para las comunidades en las que opera y para los productores agropecuarios que están al inicio de su cadena de valor. Este es un objetivo compartido con sus socios embotelladores e implica una asociación en todo su sistema y junto a los gobiernos, las ONG, el sector privado y la sociedad civil en todo el mundo para marcar la diferencia donde más se necesita. De esta forma, en la próxima década se potenciará la construcción de soluciones colectivas como las que ya transformaron la vida de más de 10,6 millones de personas alrededor del mundo.

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