A cuatro años de iniciado el proyecto de conservación del bosque nativo y recursos hídricos del Valle del Lunarejo, Aler Donadío, Presidente de la Fundación Indra, repasó los muy buenos resultados alcanzados por el programa llevado adelante junto a Coca-Cola Uruguay, la Intendencia de Rivera, el Ministerio de Ambiente y Fundación Avina.

"Cumplimos con el objetivo de recuperar 3.000 hectáreas de bosque nativo gracias al trabajo sostenido entre todos los socios del proyecto", cuenta sin poder ocultar su satisfacción Aler Donadío, Presidente de la Fundación Indra y líder del proyecto de conservación de agua en el Valle del Lunarejo, un área de 29.480 hectáreas, ubicada en el departamento de Rivera, que posee una flora y fauna únicas para el país y que cuenta con cascadas, lagunas, piscinas naturales y bosques nativos.

El desafío, asumido en 2016 por Coca-Cola Uruguay, Fundación Indra, la Intendencia de Rivera, el Ministerio de Ambiente y Fundación Avina, incluía la recuperación y conservación del 10% de la totalidad del área protegida ubicada al extremo noroeste del departamento de Rivera. A cuatro años de plantearse esa meta, Aler puede decir satisfecho de que el objetivo está cumplido.

En los alrededores del Lunarejo una de las principales actividades económicas es la ganadería extensiva, por lo que el desafío estuvo también en llegar hasta “la raíz” del tema. En este sentido, el proyecto ha trabajado con 21 productores rurales de la zona que se dedican a la ganadería vacuna y ovina. "Buscamos herramientas alternativas para que los productores puedan sacar su ganado del bosque y llevarlo a pastorear a campo natural", explicó Aler a Journey.

Y es que encontrar nuevas zonas para el pastoreo del ganado fue una de las claves del trabajo conjunto de modo de evitar que los animales ingresaran al bosque nativo y lo erosionaran -lo que deriva en la contaminación de las nacientes de agua y complejiza la recuperación de la vegetación-. 

Tanto los resultados como las herramientas utilizadas fueron certificadas por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), y por la Dirección General de Desarrollo y Medioambiente de la Intendencia departamental. Estas certificaciones, explicó Aler, legitiman el trabajo y su sostenibilidad en el tiempo. 

Cuidar el Valle del Lunarejo es cuidar el agua de las futuras generaciones


Un cambio en la manera de pensar el desarrollo

Conciliar el cuidado del ambiente con el desarrollo económico y social de una región es uno de los grandes desafíos de la actualidad, y el camino rector de este programa de conservación. "Este proyecto fue un desafío único en lo que respecta al trabajo en red. Es un programa que tiene esfuerzos de la sociedad civil, de los productores, del gobierno departamental, de una empresa privada y del gobierno nacional", apuntó Aler. 

A través de esta iniciativa, las vidas de varias familias de la zona tomaron rumbos alternativos, sobre todo gracias a la conciencia ambiental de los productores rurales: "No me cabe ninguna duda del efecto de este proyecto en las familias locales", señaló Aler. En este sentido, explicó que la sensibilidad por los temas ambientales y de cuidado del planeta de los productores que participan del proyecto ha sido esencial para la recuperación lograda, pero también lo será para la preservación futura. 

Además, desde el punto de vista económico, explicó Aler, surgieron nuevas actividades productivas independientemente de las que ya existían. Es el caso del desarrollo del ecoturismo, liderado en su mayoría por las mujeres rurales de la zona, que encontraron en la conservación del área un gran aliado para desarrollar el turismo vinculado a los espacios verdes y su conservación. Y lo más importante es que estas nuevas oportunidades de desarrollo económico son otro de los signos que apuntalan la sostenibilidad a mediano y largo plazo del trabajo realizado. Esa es, por ejemplo, la historia del proyecto de “Miradores del Valle”, un emprendimiento que le permitió a Nathaly Olivera construir su propio futuro combinando sus ansias por regresar al Valle del Lunarejo con la preocupación por el cuidado del ambiente que heredó de sus padres.

El proyecto de conservación de agua se enfoca ahora en consolidar lo logrado. Por eso, en 2021 iniciará la etapa de mantenimiento. Este nuevo proceso trabajará para fortalecer lo logrado, avanzar en la recuperación de las áreas naturales y para mantener las alianzas con productores y actores de la zona en busca de mitigar el impacto del sobrepastoreo y la tala del bosque nativo.

Aler Donadío, presidente de la Fundación Indra, destaca la importancia del trabajo conjunto y la cooperación en los avances del proyecto de conservación

Un paisaje único por su belleza y por el futuro del agua

Cualquier geólogo podría hablar con pasión durante horas y horas sobre las características y morfología de las capas rocosas de esta zona del Uruguay. Y es que allí se juntan dos formaciones geológicas, la Formación Tacuarembó (areniscas) y la Formación Arapey (lavas basálticas), que crean un paisaje paradisíaco y único en el país. 

En este territorio conviven cerros chatos, laderas con pendientes pronunciadas, bosques, pastizales, saltos de aguas y cascadas, además de cientos de especies de flora y fauna nativa. 

El Lunarejo es además un gran reservorio de agua y una fuente de “recarga” del acuífero Guaraní, el tercer reservorio de agua dulce más grande del mundo, que se extiende por debajo de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. 

Cuidar las nacientes del Valle del Lunarejo permite mantener la calidad del agua que se permea hacia el acuífero Tacuarembó, como también se lo llama localmente al reservorio de agua compartido con los países vecinos. De allí surge el compromiso de Coca-Cola Uruguay y sus socios por preservar un área vital para garantizar el acceso al agua a las próximas generaciones.

De esta forma, la conservación de los recursos hídricos de la zona se enmarca en la política de cuidado de agua que la Compañía lleva adelante a nivel global, y que se traduce en reducción del volumen de agua que se emplea en las plantas embotelladoras, su tratamiento y reciclado y programas de protección de cuencas como este del Valle de Lunarejo. 

Con el compromiso de que Cada Gota Cuenta, el proyecto de conservación del Valle del Lunarejo es un paso más en el desafío de trabajar por el agua, que lleva adelante la Compañía en Uruguay y el mundo. 

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola para cuidar el agua podés visitar esta sección.