Tímida, y aun así bien decidida, Luna Rodríguez avanzó hacia el grupo de técnicos del Plan Ceibal que estaba de visita en su escuela. Sabía que era una oportunidad única para encontrarle una solución a aquel problema que rondaba su cabeza hacía bastante tiempo. Ese día, junto a sus compañeros de 6º año de la Escuela Nº 255, ubicada en el barrio Malvín Norte en Montevideo, Luna participaba de un taller sobre educación ambiental. La actividad, organizada en el marco del programa PrendeTEC del Plan Ceibal, apuntaba a mejorar las instalaciones del centro educativo mediante la incorporación de elementos fabricados a partir de residuos tecnológicos reciclados.

Los alumnos propusieron darle una segunda vida al plástico para fabricar sillas y construir un techo para cubrir una de las aulas. Pero Luna propuso hacer algo más, algo que tuviera un impacto todavía más importante. Pablo Casaretto, Coordinador de Proyectos de Formación de Ceibal, y Alejandro Martínez, Encargado del Área de Disposición final de Ceibal, escucharon atentos su propuesta: una rampa para que los niños con dificultades de desplazamiento
pudieran ingresar a la huerta escolar. Asombrados por la sensibilidad y creatividad de Luna, Pablo y Alejandro no dudaron en apoyar la iniciativa y comenzaron a trabajar en ella.

El proyecto de la rampa de la Escuela Nº 255 es uno de los tantos logros tangibles de PrendeTEC. A dos años de aquel taller que la inspiró, hoy Luna cursa el segundo año de la Escuela de Construcción en la Universidad del Trabajo del Uruguay.

A través de PrendeTEC, el Plan Ceibal apunta a generar conciencia en los niños acerca de la importancia de gestionar correctamente los residuos tecnológicos debido al impacto negativo que tienen en el medio ambiente. Por ello es clave encontrarles una segunda vida a esos componentes y evitar que se transformen en basura.

“En un centro educativo se hizo un sector de juegos para niños de preescolar. Quienes diseñaron esa solución y pensaron que eso era importante fueron niños más grandes. Nosotros no podríamos llegar a las propuestas que generan los chiquilines. Cuando de verdad les damos ese lugar protagónico a los alumnos, das la posibilidad de que esos niños y los docentes aprendan en el camino, que ese es el cometido de Ceibal tener un rol de acompañar e inspirar a la educación”, explicó a Journey Martina Bailón, Jefa del Departamento de Formación de Ceibal.

Los talleres vivenciales son la primera etapa del programa, y consisten en una visita del equipo de Ceibal a la escuela para hablar sobre sustentabilidad y conocer las necesidades de cada centro educativo. En una segunda etapa, los alumnos recorren el centro de acopio donde se guardan las “Ceibalitas” - computadoras personales que el Plan Ceibal entrega a todos los alumnos de escuelas públicas del país- en desuso. El objetivo es que los niños vean de primera mano y se enfrenten a los residuos que ellos mismos generan para, a partir de ahí, buscar un mejor destino para todos esos dispositivos. En definitiva, se busca involucrar a los niños en un proceso de toma de conciencia y creatividad que redunde en un proyecto concreto.


Luego, alumnos y docentes intercambian ideas con los diseñadores del plan por videoconferencia y juntos acuerdan presentar las necesidades del centro educativo o la comunidad. Tras investigar y analizar todas las opciones, los alumnos proponen soluciones para distintas problemáticas en las que el plástico reciclado de las “Ceibalitas” en desuso sea el insumo principal.

PrendeTEC surge del esfuerzo conjunto de las áreas de Formación y Disposición final de Ceibal. La sinergia de ambos equipos permitió que el 100% de los dispositivos obsoletos sean reciclados. El plástico se destina a la ejecución de los proyectos que surgen en PrendeTEC, y el resto se dona a emprendedores que usan materiales reciclados en sus procesos como los hermanos Kenis que están desarrollando un sistema para fabricar filamento para impresoras 3D.

Asimismo, aquellos componentes que no pueden ser reciclados en Uruguay se exportan con conocimiento del tipo de proceso en los que serán usados. A su vez, Ceibal aplica la lógica inversa, y en las licitaciones para importar las computadoras exige la ausencia de espuma de protección, que los cartones sean certificados y que los nylon sean biodegradables según las especificaciones del Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU).

Por este motivo, PrendeTEC recibió el premio de Economía Circular 2019 en la categoría Instituciones Educativas. Un reconocimiento que los impulsa a seguir desarrollando líneas de trabajo y a ser más sustentables en los procesos internos.

Desde que se puso en marcha el programa, se organizaron 30 talleres en 12 centros educativos, de los que participaron 400 alumnos y docentes. Para el segundo semestre de este año está prevista la realización de 11 talleres adicionales. “El proyecto todavía no escaló, porque el material aún no nos permite crecer. Nuestra idea es que este formato se pueda abrir a una convocatoria abierta, a que los centros se postulen. Seguimos avanzando en función a algunas demandas, explorando nuevos materiales y encontrando nuevas soluciones”, concluyó Martina.

Si querés saber más acerca de Economía Circular podés leer esta nota.