El proyecto de conservación en el Valle del Lunarejo alcanzó ambiciosos objetivos de preservación de recursos naturales e introdujo al turismo sustentable como una fuente de ingreso alternativa a la ganadería, actividad principal de la zona. Te invitamos a conocer uno de los emprendimientos que tomó impulso gracias al programa de Coca-Cola Uruguay y sus socios estratégicos.

Vivir en el Valle del Lunarejo era su destino. Así lo sienten Sandro Olivera y Silvia Núñez, dueños del Establecimiento Boquerón. La pareja llegó a esta parte del departamento de Rivera hace 20 años casi que por casualidad, cuando la familia de Silvia adquirió un campo en la zona sin conocerla mucho, pero con la convicción de que era ventajosa para la ganadería. En un comienzo, admiten, las ondulaciones de las sierras no los cautivó, pero poco a poco fueron descubriendo el encanto especial de este paisaje al norte del Uruguay.

"La paz de este lugar es maravillosa, ver cada amanecer y cada atardecer es algo único", cuenta Sandro. Con el propósito de compartir la serenidad del entorno y acercar los secretos del paisaje que rodea a El Boquerón la pareja decidió en 2018 restaurar una de las casas del establecimiento -una antigua pulpería de principios del siglo XX- para transformarla en una posada turística. "La idea de la posada surgió también para preservar la casa, que tiene 112 años y no queríamos dejarla caer", agrega Sandro.

Con la inauguración de la Posada Boquerón, la pareja encontró el complemento perfecto para la producción agropecuaria del establecimiento, además de una oportunidad para cuidar y dar a conocer el monte nativo conservado. Para ese entonces, El Boquerón participaba desde hacía dos años en el programa de conservación de monte nativo y cauces hídricos que Coca-Cola Uruguay, Fundación Indra, Fundación Avina y sus socios locales llevan adelante en la zona.

Como parte de este proyecto, en el predio de Sandro y Silvia se repararon los alambrados y las porteras, y se construyó un puente que permite unir el monte nativo con el resto del campo para sacar a los animales de forma ágil cuando el arroyo que está debajo crece e inunda el pasaje. De esta manera se evita que el ganado quede aislado varios días comiendo, y deteriorando el monte nativo. "El proyecto nos ayudó mucho y en poco tiempo hemos visto lo rápido que se regenera el monte nativo", cuenta Sandro.

El Boquerón forma parte de las 3.000 hectáreas de bosque nativo que el proyecto logró recuperar y es un fiel ejemplo de cómo se puede gestionar el ganado de forma sustentable y valorizar el terreno que no se utiliza para el pastoreo. "Es un efecto secundario del proyecto, porque el turismo es una forma de darle valor al terreno conservado", cuenta Aler Donadío, presidente de la Fundación Indra y líder del proyecto de conservación.

Como antigua pulpería que es, Posada Boquerón es una viva expresión de la cultura local, donde el visitante puede conocer el lugar a través de cabalgatas por el valle, senderismo por las quebradas, y recorridos por las impactantes vistas panorámicas del Cerro de los Peludos, además de acceder a todos los paseos y caminos de la zona protegida. Con capacidad para albergar a 15 personas, la posada propone, además, descubrir de la mano de Silvia los sabores de la gastronomía local y disfrutar de la especialidad: el estofado de cordero y el arroz con leche elaborado con el ordeño del día.

"Nos gusta mucho lo que hacemos, recibir al turista y mostrarle la maravilla que es este lugar", cuenta el emprendedor turístico, que este año inauguró el camping Boquerón ubicado a 700 metros de la posada. Esta alternativa turística les permite acoger a más visitantes cumpliendo con los protocolos sanitarios. Y es que la pandemia por el Covid-19 impulsó el turismo interno y la búsqueda de destinos como el del Valle del Lunarejo, donde el visitante logra una fuerte conexión con la naturaleza y escapar del bullicio de la ciudad. "Acá van a encontrar la tranquilidad absoluta", asegura Silvia con su marcado acento característico de la frontera con Brasil.

La familia Olivera-Núñez ya está fuertemente arraigada a la zona y no imaginan vivir en otro lugar. "La idea es quedarnos acá y que esto vaya quedando para la generación que viene, a nuestra hija le encanta el lugar y como está por recibirse de maestra le encantaría volver y trabajar en una escuela cerca de acá, que tiene 6 niños", cuenta Sandro entusiasmado con la idea de volver a tener cerca a su hija Yenifer.

Si querés saber más sobre el Valle del Lunarejo podés visitar esta sección.