Las acciones de conservación del proyecto que Coca-Cola Uruguay lleva adelante desde 2016 en el Valle del Lunarejo no sólo permitieron recuperar 3.000 hectáreas de monte nativo, sino que han permitido diversificar la productividad de los campos, que se vuelcan también al ecoturismo.

Descubrir rincones ocultos hasta donde la civilización parece aún no haber llegado es un atractivo único para cualquier turista. En ese sentido, el Valle del Lunarejo es un destino ideal. Este paraje ubicado al norte del Uruguay, en el departamento de Rivera, es una de las áreas declaradas como zona protegida por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) y escenario del proyecto de conservación de bosque nativo y recursos hídricos que impulsa Coca-Cola Uruguay en alianza con la Fundación Indra, la Fundación Avina y con el apoyo del Ministerio de Ambiente y la Intendencia de Rivera.

Con la protección de estas 3.000 hectáreas de bosque nativo que logró recuperar el programa de conservación, no sólo se está preservando un tesoro natural de características únicas en el país sino también creando y desarrollando un foco de atracción para turistas de todo el mundo. Así fue como en seis de los 21 establecimientos que participan del programa se implementaron emprendimientos de turismo sustentable.

"El proyecto de conservación fue una oportunidad para los productores de iniciar propuestas de turismo de naturaleza, aprovechando el bosque nativo más ‘sano’. Los que ya tenían emprendimientos de turismo los fortalecieron generando nuevos senderos y propuestas vinculadas a sus nacientes, humedales y al bosque conservado", explica Aler Donadío, presidente de Fundación Indra y líder del proyecto en el Valle del Lunarejo.

"Soy productor agropecuario y emprendedor turístico". Así se define Juan Aguirre, propietario de Sendero Lunarejo, el emprendimiento familiar que lleva adelante

desde 2015, y que le hizo redefinir su actividad productiva. El proyecto de conservación fue el respaldo que Juan precisaba para reforzar la experiencia sensorial de los visitantes de su establecimiento y por ello construyó un sendero de inmersión en el bosque nativo, accesible a todos.

Así como lo hizo Juan, otros productores que participan del proyecto de Coca-Cola Uruguay identificaron en el ecoturismo una forma de darle valor económico al área conservada. El Boquerón, el establecimiento turístico y ganadero de Sandro Olivera y Silvia Núñez, es un claro ejemplo de cómo reinventarse al mismo tiempo que se cuida el ambiente como objetivo fundamental. Así fue como la pareja inauguró su pintoresca posada en 2018, en donde hace más de 100 años funcionaba la pulpería de la zona. La iniciativa fue el complemento perfecto para la ganadería, la actividad principal de la familia, y en solo tres años, mientras que el monte se recuperaba, su posada duplicó el número de habitaciones y sumó un camping como hospedaje alternativo.

El respeto hacia el entorno y el cuidado de la flora y la fauna del lugar es prioridad para los lugareños. "Controlamos mucho el acceso de los visitantes, siempre hay un guía acompañando al turista", explica César Viera, guía y baqueano de la zona, refiriéndose a uno de los puntos clave del turismo sustentable: mitigar el impacto sobre el ambiente. César tiene muy claro que es imposible explotar la naturaleza de un lugar como si fuera un recurso inagotable. Así fue que no dudó en sumarse al proyecto y apostar a la conservación del monte y la naciente de agua de El Gavilán, el establecimiento donde originalmente su padre practicaba la ganadería y donde hoy, con tan solo 25 años, está al frente de su posada y una atractiva oferta de circuitos de turismo aventura.

emprendimientos de productores de la zona que también forman parte del proyecto de conservación y que lograron ampliar sus horizontes dando a conocer los secretos y la belleza del lugar.

Todas estas iniciativas, fortalecidas por las acciones de conservación del bosque nativo, forman parte del circuito turístico del departamento. "El desafío es apoyar a los nuevos emprendimientos y vincular las diferentes propuestas de la región para crear un circuito que incluya los diferentes destinos", explica Santiago Estévez, el referente para la región norte del Ministerio de Turismo, haciendo referencia al potencial turístico de la zona.

Atravesar una cascada, zambullirse en una piscina natural, ver una lluvia de estrellas, degustar un estofado de oveja o contemplar los mejores atardeceres desde la cima de un cerro, son algunos de los momentos únicos que se experimentan en el Valle del Lunarejo, pero lo cierto es que descubrir este rincón del Uruguay no sería lo mismo sin la calidez de sus pobladores, dispuestos a abrir sus casas de par en par para recibir y acompañar a cada visitante.

Si querés saber más acerca del proyecto de conservación en el Valle del Lunarejo podés visitar esta sección.