Al igual que sus vecinos de la comunidad de Mundo Novo –en el interior de Ceará, Brasil- la vida de Miguel Silveira Neto estuvo profundamente marcada por la escasez de agua. A los 6 años acompañaba a su madre al estanque más cercano, a un kilómetro de su hogar: "Ella cargaba un recipiente lleno de agua en su cabeza, de unos 20 litros", cuenta.

También recuerda la dura sequía ocurrida en 1983 en su localidad, cuando debrió saltearse varias comidas por falta de agua. En esos días, lavar ropa era una misión casi imposible: "Toda la comunidad caminaba tres kilómetros bajo un calor intenso hasta la represa. Mi madre llevaba las ropas en una cuenca grande: lavaba todo y extendía las prendas en el alambre de la cerca o en el suelo. Había que esperar que se sequen para evitar volver con más carga por las ropas mojadas”.

Pero, al mal tiempo buena cara: Miguel asegura que a pesar de esos días difíciles nunca perdió el buen humor. Así y todo, reconoce que durante su juventud era bastante inconsciente sobre la higiene y la forma en que consumía el agua: “Nadie sabía de dónde venían los problemas de salud, como el dolor de barriga. Siempre se adjudicaba a algún alimento en mal estado: ‘llegó de la granja, se comió un mango y le cayó pésimo’ solían decir. La culpa era del mango y nunca del agua”.

Quando tinha 6 anos, Miguel Silveira Neto acompanhava a mãe ao açude mais próximo, a um quilômetro de casa
Cuando tenía 6 años, Miguel Silveira Neto acompañaba a su madre al estanque más cercano, a un kilómetro de casa, para poder abastecerse de agua. 

Gabriel Ghidalevich/Conspiração Filmes

La llegada a la localidad, en 1996, del Sistema Integrado de Saneamiento Rural (Sisar), trajo un nuevo aliento para quienes viven áreas de sequía. El sistema construyó sistemas de abastecimiento de agua, que fueron administrados por los propios vecinos. En 2012, Miguel se convirtió en el operador de agua de la región.

Sisar es uno de los proyectos apoyados por la Alianza Agua + Acceso, iniciativa fomentada por el Instituto Coca-Cola Brasil, la Fundación Avina y la WTT. Hoy, el programa cuenta con 14 organizaciones y ya ha contribuido a ampliar el acceso al agua segura para Miguel y 40.000 personas de 100 comunidades en ocho estados brasileños. Para el 2020 se espera superar las 250 comunidades y los 100.000 beneficiados directos en ese país.

Miguel dice que sus condiciones de vida cambiaron radicalmente: "Abrir un grifo y tener agua en la ducha, en la cocina, poder lavar y limpiar una casa, son cosas muy gratificantes", explica. Además, asegura que siente un profundo amor por el agua: "Me gusta la lluvia. Por eso adoro mirar cómo se juntan las nubes en el invierno: sé que en breve llegarán los días de lluvia".