Cuando Carlos Ruiz comenzó la carrera de Arquitectura soñaba con construir viviendas, visitar obras, convivir entre máquinas y polvo. Hoy, 17 años más tarde y con varios de experiencia, está muy lejos de las obras pero muy cerca de sus desechos. En 2015 fundó, junto a otros tres colegas, la empresa RCD Reciclaje, un emprendimiento enfocado en gestionar, reciclar y reutilizar los residuos de la construcción. RCD Reciclaje produce a partir de escombros distintos tipos de productos para la construcción de viviendas y otras edificaciones.

A partir de una práctica en la facultad, en 2009, Carlos investigó qué productos se podían generar a partir de escombros. Desarrolló un prototipo, entregó el proyecto, salvó la materia y la carpeta quedó guardada en un cajón. Pero hay ideas que nunca abandonan la mente: años más tarde entendió que en aquella carpeta podía estar su futuro. La desempolvó y comenzó a investigar a dónde iban a parar los escombros.

 



De la idea a la realidad

Sus compañeros de carrera -Giannina Ceruti, Stefania Pérez y Diego Mouradian- confiaron en su visión. Lo primero que descubrieron fue que se encontraban ante un problema enorme. Al vertedero municipal de Montevideo, ingresan unas 150 mil toneladas de residuos de obra por día; es decir, casi el 20% de los residuos que se generan a diario en la ciudad. Ante la necesidad de encontrar una respuesta a la altura de semejante problema, presentaron su propuesta a un llamado de Validación de Ideas de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Y ganaron.

Con el financiamiento de la ANII y más tarde de la Agencia Nacional de Desarrollo (AND), se instalaron en el vertedero y comenzaron a trabajar.

Nueva vida a los escombros

El crujir de escombros fragmentados por una enorme máquina trituradora marca el ingreso a la planta de RCD en el vertedero Felipe Cardoso. A pocos metros se apilan residuos de obras, entre los que destacan pequeños azulejos que alteran la monotonía del lugar.

El proceso de reciclaje de escombros comienza con su clasificación, tarea que se realiza manualmente para luego ser colocados en la tolva. De allí se obtiene el primer descarte, una especie de arena sucia que posteriormente se utiliza como relleno en la construcción. El resto de los escombros entran en la trituradora, se muelen y se obtienen tres granos distintos: una arena fina, una gravilla, y un pedregullo. Estos materiales permiten sustituir el extraído de las canteras que se utiliza para hacer hormigón. Además, el pedregullo se vende como tierra partida para jardinería y diseño de caminos.


 

Según explicó a Journey Facundo Caputto, uno de los socios de la empresa, este proceso es un ejemplo perfecto de la economía circular: “Sale de la cantera, va a la construcción, se demuele, viene para acá y vuelve como un nuevo producto”. De acuerdo con los socios de RCD Reciclaje, el producto que se obtiene tiene la misma calidad que el que se extrae de las canteras naturales.

Este grupo de profesionales trabaja alineado y comprometido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), creados por las Naciones Unidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad. Particularmente, RCD Reciclaje busca desarrollar una producción sustentable y promover el consumo responsable de los recursos naturales. Su compromiso con el medio ambiente le valió el reconocimiento de DERES en 2018. “Este tipo de reconocimientos te hace ver que no estás solo, que cada vez hay más gente involucrada. Y es eso lo que necesitás, sentirte apoyado, y que no estás solo”, sostuvo Giannina Ceruti.

Volver a los orígenes

Carlos explicó además que para mejorar la calidad del proceso de transformación de escombros es fundamental intervenir en el inicio de la cadena de valor. Apenas un 10% de los residuos de obra llegan limpios; es decir, sin la contaminación de otros materiales como plásticos o nylon. Por este motivo, la empresa está desarrollando un proyecto de capacitación dirigido al personal de obra.

Aseguró además que es indispensable que las empresas asuman un rol activo para la correcta disposición final de sus residuos. “En 20 años debería existir una legislación que les exija la reutilización de sus residuos, que exista un catálogo de productos certificados, aprobados y que se sepa que funcionan de igual manera que los productos tradicionales”, afirmó Carlos. “Que se dejen de utilizar productos vírgenes para materia prima, y que se empiece a incorporar cada vez más el material reciclado, lo más importante es generar conciencia, legislación y compromiso”, concluyó.

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