Todo en la casa de Paola Maldonado parece haber sido cuidadosamente seleccionado siguiendo un único principio rector: lograr un perfecto equilibrio. Orden, simpleza y claridad marcan el espíritu del hogar de esta diseñadora que, sin embargo, reservó un lugar de su casa para que las reglas se desdibujen y donde los límites y el orden no existen; un lugar donde todo está pensado para abrir paso a la creatividad.

Se trata de Laboratorio X, un espacio reservado para la experimentación, la creación y el diseño de nuevos materiales a partir de materia prima natural.

“Lo que más me gusta es experimentar, encontrarte con el material y que él te vaya diciendo por dónde ir, si me va a servir para hilarlo, si me va a servir para bordar o si me va a servir para estampar”, explicó la diseñadora a Journey. El emprendimiento surgió en 2017 cuando Paola se encontraba inmersa en el proyecto final de su carrera y se interiorizó en el tema. Como estudiante se fue alejando de a poco del diseño de prendas, para interiorizarse cada vez más sobre los materiales, su origen, su elaboración y el impacto social y medio ambiental que tiene cada uno de ellos. Sin saberlo quizás comenzaba a indagar en los alcances de la economía circular.

Interesada en encontrar un material alternativo al cuero, Paola llegó al bambú, y desde entonces se le abrió un nuevo mundo. En Uruguay existen 12 especies distintas de bambú, cuatro nativas y el resto naturalizadas. Todas  presentan un gran potencial ya que se trata de un recurso renovable que tiene infinidad de usos; se pueden hacer desde muebles hasta papel, pasando por alcohol y textiles. Este último fue el que cautivó a Paola y la llevó a extraer la fibra del bambú. El siguiente paso fue acercarse a unas artesanas hilanderas, quienes elaboraron un hilo, parecido al sisal, que se puede incluir en los textiles como bordados. “Ahí fue cuando me dije que estaba bueno dedicarme a desarrollar materiales o procesos que después puedan favorecer a otras comunidades o colectivos y que puedan de alguna forma mejorar sus productos”, señaló Paola.

La diseñadora notó además que en el proceso de fabricación del hilo se generaban desperdicios. Esto la llevó a crear con estos residuos bioplástico, un material que puede tener múltiples usos y que Paola usa para hacer macetas biodegradables.

Aunque la emprendedora no comercializa por el momento esta materia prima, sigue inmersa de lleno en la experimentación de modo de lograr que sus materiales sean escalables o utilizables por otros productores. Actualmente realiza ensayos con el cáñamo y le gustaría generar sinergias con otros investigadores del mundo. “De acá a diez años estaría muy bueno que la gente siga tomando más conciencia y que empiece a incorporar día a día materiales de origen natural. Que se informen de dónde vienen las cosas, cómo se hace, quién lo hace, en qué condiciones porque a veces elegimos algo porque nos gusta, o porque nos es más fácil, y no tenemos en cuenta lo que hay atrás”, concluyó Paola.


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