Pasando camino Garzón, por el barrio Nuevo París, en un galpón como cualquier otro se busca todos los días aportar un granito de arena para cambiar la realidad. El paisaje que roda la construcción es propio de una película distópica: para llegar hasta la entrada hay que sumergirse en montañas de plástico, rollos laminados, blísteres, bolsas y trozos de nylon. Elementos que usamos a diario y que en su gran mayoría suelen terminar en algún vertedero. Sin embargo, aquí se busca darle una nueva vida.

Estos desechos son conocidos como materiales combinados; es decir, que están hechos de dos o incluso más materias primas, y representan casi el 40% de lo que se arroja todos los días a la basura en Uruguay. Reciclarlos parecía hasta no hace demasiado tiempo una misión imposible porque el plástico y la madera, por ejemplo, precisan procesos de reciclaje particulares muy disímiles entre sí. Sin embargo dos emprendedores, Lumber Andrada y Daniel Morales, se unieron en 2012 para encontrar una solución que permitiera reciclar materiales combinados.


Lumber comenzó a trabajar de muy joven en la industria del plástico, se especializó en logística, realizó estudios sobre disposición final de residuos y creó sistemas de reciclaje para varias organizaciones. Daniel, en tanto, proviene de una familia que desde hace años se dedica a recibir, reciclar y vender piezas de maquinarias, autos y vehículos. Ambos comparten un mismo objetivo: recuperar aquello que el mundo desecha para darle una nueva utilidad y así cuidar el medio ambiente.

En un país en el cada persona genera, promedio, dos kilos de residuos por día, a los que se suman luego también los desechos industriales, Lumber sentía la necesidad de buscar una alternativa para aprovechar todo el material potencialmente reciclable que termina en los vertederos. Por eso mismo se asoció con Daniel y fundaron Uruplac.

Juntos crearon un proceso único y una máquina a partir de piezas que tenía Daniel, que les permite triturar los residuos de materiales combinados y generar placas de un material similar a la madera. Para ellos, se trata de la madera ecológica del futuro. La máquina que crearon fue diseñada pensando también en el ahorro energético por lo que lograron una importante optimización del consumo de energía eléctrica por kilo de material a reciclar.


Estas placas de madera ecológica se pueden utilizar de la misma forma que una de MDF (fibra de densidad media). Pero además tiene algunas características especiales: es impermeable, resistente a microorganismos, larvas e insectos, tiene un muy bajo índice de contaminación y no contiene agentes químicos ni fenólicos.

Para poder darle mayor visibilidad a sus múltiples usos, el equipo de Uruplac realizó alianzas con distintas organizaciones. Una de ellas con Lombriz Urbana, un emprendimiento que busca generar conciencia sobre las posibilidades de reutilizar los residuos húmedos y orgánicos. Juntos diseñaron composteras de tres cajones, aprovechando que el material es impermeable y, por lo tanto, ideal para la fabricación de artículos de exterior. También realizaron varios proyectos con la Escuela Universitaria Centro de Diseño, para crear bancos para escuelas, macetas y casillas de perros.

Uruplac recibe residuos de tres fuentes: empresas de tratamientos de desechos, cooperativas sociales y la gran mayoría de industrias con conciencia ambiental que quieren disminuir su impacto en el medio ambiente. Hoy, el depósito de materia prima de Uruplac está lleno. “Yo puedo recibir más residuos si las placas salen” explicó a Journey Lumber, “pero para que las placas salgan estoy compitiendo con la producción internacional de otros productos y con el concepto de la sociedad” en torno a los productos reciclados. 

Para Lumber es todo un desafío diseñar una estrategia de comercialización que acompañe el ritmo de la llegada de materia prima. En parte, cree que es porque en Uruguay aún hay resistencia y poca conciencia sobre la conveniencia de usar productos elaborados a partir de un proceso de reciclaje.

“Nosotros tenemos la capacidad para procesar todo este material, pero en el mercado todos los días se introducen 10 veces más de lo que se debería de este tipo de materiales. Uruplac brinda una solución, pero debería ir acompañada de políticas que promuevan otras prácticas”, explicó y agregó que el cambio debería involucrar a todos los actores involucrados: el Estado, el productor y el consumidor.

Coca-Cola comparte esa idea de Lumber acerca de la necesidad de avanzar hacia la adopción de nuevas prácticas más sustentables. Por eso desarrolla a nivel global el programa Un Mundo Sin Residuos por el cual la Compañía se comprometió a recolectar y reciclar para el año 2030 el equivalente al 100% de los envases que introduce en el mercado. La visión que guía esta apuesta es un futuro en el que los envases nunca lleguen a ser residuos sino insumo de un nuevo ciclo productivo.

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola para cuidar el Medio Ambiente podés visitar esta sección.