Junto a Indra, la Fundación Avina, la intendencia de Rivera y el gobierno nacional, Coca-Cola lleva adelante en el Valle del Lunarejo un ambicioso programa para garantizar la preservación de este paraíso natural. 

Aunque el 71% de la superficie terrestre está cubierta por agua, el recurso vital para toda forma vida, el agua dulce, apenas representa del 3,5% de los recursos hídricos globales. Y de ese total apenas el 1% es de fácil acceso, ya que gran parte se encuentra en glaciares y campos de nieve eternos. A su escasez se suma el impacto negativo de la actividad humana sobre ese recurso natural. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la (Unesco), en 2017 el 80% de las aguas residuales retornaron a la naturaleza sin ser tratadas o reutilizadas. El escenario, está claro, plantea un verdadero desafío para garantizar su preservación y acceso a todo el mundo.

La Fundación Avina asumió este desafío y desde hace más de 20 años trabaja junto al sector privado, los distintos niveles de las autoridades estatales y las comunidades locales para profundizar la conciencia sobre la necesidad de la preservación de las cuencas hídricas y la multiplicación de las buenas prácticas en la gestión del agua.

“Necesitamos cuencas más limpias, asegurar una mayor disponibilidad del agua así como también su calidad, sobre todo pensando en aquellas poblaciones que no cuentan con acceso al agua segura en sus hogares. El liderazgo de los gobiernos es clave, pero también lo es el compromiso de las empresas privadas y de los ciudadanos que pueden compartir sus mejores prácticas en el tratamiento y reutilización de aguas residuales y así influir en mejores normas e incentivos” explicó desde Perú a Journey Zoraida Sánchez, Coordinadora de Programas de Avina para la región.

A la hora de ejecutar iniciativas locales, Coca-Cola se convirtió en uno de los principales aliados de Avina, que trabaja con distintos programas no sólo relacionados con la conservación y acceso al agua, sino también en otras temáticas como migraciones, reciclaje inclusivo y tecnologías para el cambio social, entre otros.

Trabajo conjunto de alto impacto positivo

Zoraida destacó el impacto positivo de estas alianzas transversales que involucran a privados, Estados y actores de la sociedad civil y recordó el trabajo que Avina lleva adelante en Uruguay, en el Valle del Lunarejo, junto a Coca-Cola, la Fundación Indra, la intendencia del departamento de Rivera y el gobierno uruguayo a través del Sistema Nacional de Áreas Protegidas de la Dirección Nacional de Medio Ambiente.

Desde su inicio en 2016 el programa, explicó Zoraida, no sólo ha permitido recuperar cientos de hectáreas de monte nativo sino que fortaleció y capacitó a la comunidad de Rivera lo que redundó en que muchos productores agropecuarios cambiaran costumbres largamente arraigadas respecto del uso del agua y la tierra por otras más sustentables.

“El programa tiene por objetivo recuperar 3 mil hectáreas de monte nativo y el año pasado se llegó a las 769 hectáreas reforestadas con especies nativas de modo de restituir las propiedades del suelo y su productividad”, detalló.

Zoraida resaltó además que los acuerdos de conservación y de reciprocidad por el agua "son mecanismos que están dando resultados en los países, para acciones de conservación del agua, el suelo y los bosques. Estos acuerdos implican retribuciones entre pobladores cuenca arriba y abajo. Pero también implican incentivos necesarios para las acciones de conservación, que muchos gobiernos están diseñando y normando. Y en donde proyectos como del Valle de Lunarejo, entre otros, aportan elementos clave para las políticas públicas en lo que hace al cuidado de las fuentes de agua".

Con esta muy buena experiencia a cuestas, Zoraida se entusiasma con la posibilidad de que las buenas prácticas en gestión del agua se extiendan todavía más en Uruguay. “Todos tendríamos que estar interesados en cómo reutilizamos, cómo tratamos el agua para evitar que contamine los cursos de agua”, comentó y adelantó el interés de Avina por avanzar en nuevas iniciativas que permitan facilitar estas buenas prácticas empresariales de modo de elevar el indicador de reúso del agua.

Este nuevo desafío que Avina aspira a encarar en Uruguay tiene como horizonte la meta de “vertimiento cero” para el año 2030 que forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas.

“Es un granito de arena. Si todos nos moviéramos de una manera más holística podríamos alcanzar cambios más profundos. Hoy el desafío es trabajar evitar la contaminación del agua, malas prácticas arraigadas y reemplazarlas por otras buenas. Para ello es importante que quienes ya las están implementando en su día a día las puedan compartir y así favorecer su multiplicación. Es un tema muy potente de comunicación, de movilización y de voluntades. No es algo difícil de alcanzar”, concluyó.

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola y Avina en el Valle del Lunarejo podés leer esta nota.