El 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, que lejos está de tratarse de una celebración. Por el contrario, su institución por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1992 respondió a la necesidad de llamar la atención a nivel global sobre la importancia del cuidado del agua dulce y la promoción de su gestión sustentable.

En ese camino, quienes se pusieron a la vanguardia del cuidado del agua sumaron aliados, para muchos, inesperados: los socios privados.

No son pocos quienes todavía creen que el cuidado del medio ambiente es un desafío privativo de los Estados nacionales y las organizaciones de la sociedad civil, por eso Jay Sherman, líder del programa de Conservación de Agua Dulce y Vida Silvestre del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por su sigla en inglés) apuesta a echar por tierra esa falacia.

“Hay que trabajar con el sector privado” alertó Jay durante su exposición en el 4° Taller Regional GEF de Proyectos de Aguas Internacionales en América Latina y el Caribe que se realizó en el Centro de Formación de la Cooperación Española de Montevideo.

Organizado por Cap-Net, que pertenece al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF, por sus siglas en inglés), la Red de Intercambio de Aprendizaje de Aguas Internacionales (IW Learn) y la Unesco, el especialista de la WWF fue uno de los principales expositores en el encuentro que reunió a representantes de casi una treintena de instituciones que trabajan en la gestión sustentable del agua.

Cambio de paradigma

“Cuando era muy joven trabajaba para una ONG que rechazaba este tipo de alianzas. Mi historia era no asociarme con el sector privado. Ahora, tras 12 años de trabajo en la WWF, aprendí que hay que trabajar con el sector” aseguró Jay en diálogo con el semanario Búsqueda y abundó: “Mucha gente en la comunidad de la conservación lo primero que piensa cuando les dicen “sector privado” es que a las empresas sólo les importa la reputación, lo cual es cierto, pero también les importan las causas de los problemas y la regulación”.

El especialista explicó además que el 60% de las empresas comprende que el agua afecta sus negocios y rentabilidad, por lo que no pueden mantenerse ajenos a su cuidado.

La clave, explicó, no pasa por exigirle al sector privado que actúe de la misma manera que lo hacen las ONG o los gobiernos. “Tienen una misión diferente a la de la WWF o la de un gobierno u otras ONG que quieren proteger el agua dulce, pero si fueras gerente general de una empresa querrías saber cómo puede verse afectado tu negocio, fábrica o cadena de suministros. ¿Operan en sitios en los que hay escasez de agua? ¿Qué cosas pueden volver vulnerable a la empresa?”.

El representante de la WWF explicó que para las empresas la escasez de agua también es un problema. Muchas ya lo entienden y otras lo están empezando a comprender. Y esto ya comienza a notarse. “La empresas entienden de manera más profunda los tratados internacionales que hablan de manera más contundente sobre el gran problema que enfrentamos con el cuidado del agua. En WWF trabajamos armando equipos en conjunto entre la empresa y nosotros. Establecemos objetivos de trabajo consensuados. Lo difícil con las grandes compañías es acordar objetivos con la casa central y después hacer que se implemente en el mundo, ahí está el desafío, en lo local, en lo operativo” explicó.

“Hace 12 años que trabajo en WWF y aprendí que hay que trabajar con el sector privado” 

Coca-Cola y WWF, una sociedad con más de 10 años de historia

Para graficar el impacto del trabajo conjunto entre empresas, ONG y Estados, Jay puso como ejemplo el realizado junto a Coca-Cola. “Trabajo con Coca-Cola. Excepto en Corea del Norte y Cuba, la Compañía está instalada en todo el mundo. Coca-Cola tiene unos requerimientos en planta sobre el tratamiento de sus aguas residuales que se rige ya sea por la legislación del país en que se encuentra o por los estándares mundiales de la Compañía, cualquiera sea el más estricto. En Estados Unidos tienen que responder ante los estándares de cada uno de los Estados, pero si vas a un país africano tal vez sea la única empresa en la ciudad que por política corporativa tenga tratamiento de aguas residuales. Eso para mí es elevar el nivel. Estoy pensando globalmente y alcanzando y teniendo impacto en lo local” explicó.

Y dio cuenta del alcance de la asociación entre empresas privadas, organismos de la sociedad civil y Estados. “Tenemos equipos de gente en todo el mundo trabajando con el sector privado. Las empresas grandes hacen la diferencia y a su vez tienen impacto local. WWF trabaja con esta estrategia desde 2007. La marca de la WWF en Estados Unidos es muy respetada. Coca-Cola estudió nuestra marca y nosotros la de ellos y analizamos los riesgos de juntarnos. Esto debe ocurrir. Para una ONG si va a asociarse con el sector privado siempre hay un riesgo, pero la empresa también tiene uno”.

Y concluyó: “La mayoría de la gente todavía no se da cuenta de lo escasa que es el agua dulce en la naturaleza. Para las comunidades y para la salud humana estos es un problema. Hay que trabajar localmente y en WWF alentamos a la gente a trabajar con el sector privado”.

Una iniciativa de alto impacto medio ambiental

Siguiendo esa misma línea de asociación entre empresas privadas, organismos de la sociedad civil y Estados nacionales y locales, Coca-Cola se unió en Uruguay a la Fundación Indra, la Fundación Avina, la intendencia de Rivera y el gobierno nacional, para desarrollar un ambicioso programa de cuidado del agua en el Valle del Lunarejo.

Se trata un área protegida de más de 3 mil hectáreas considerada desde 2014 como Reserva de la Biosfera Bioma Pampa por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco). La iniciativa promueve el trabajo junto a los productores locales para revertir la erosión que provoca el aumento de la población, el sobrepastoreo y la tala del bosque nativo.

 

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola en el cuidado del agua podés leer esta nota.