El proyecto de conservación de agua y bosque nativo del Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera, avanza en la consolidación de los logros alcanzados tras cuatro años de trabajo. Junto a productores locales, la iniciativa impulsada por Coca-Cola Uruguay, Fundación Indra, la Intendencia de Rivera, el Ministerio de Ambiente y Fundación Avina, organizó una plantación de árboles nativos en una de las principales nacientes de agua de la zona. 

Plantar árboles para cuidar el agua. Aunque la correlación entre una y otra acción es directa, no siempre parece evidente. Sin embargo, están íntimamente relacionadas y en la estancia Santa Josefa, ubicada en el corazón del Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera, esto lo saben muy bien.

Juan Aguirre y su familia se sumaron hace cuatro años al proyecto de conservación del agua y el bosque nativo que desarrollan en ese lugar único Coca-Cola Uruguay, Fundación Indra, Fundación Avina, la Intendencia de Rivera, el Ministerio de Ambiente y 21 productores locales. La iniciativa, lanzada en 2016 ya permitió recuperar 3.000 hectáreas de bosque nativo y cuadruplicar la infiltración del agua en el suelo.

Ahora, iniciada la etapa de mantenimiento, el proyecto avanzó con la plantación de especies nativas, una acción que permitirá continuar asegurando la calidad del agua de la zona. Los árboles cumplen un rol fundamental en este proceso: sus raíces y copas son vitales en el ciclo del agua y la preservación de los suelos.

Ceibo, Sauce criollo, Sangre de drago, Pitanga, Arazá y Tilo de Monte son algunas de las especies nativas que crecen en este terreno.  "Los árboles nativos son un elemento vital en la recuperación de la biodiversidad y la restauración de los ecosistemas", cuenta Alejandro Corvi, presidente de la Red Uruguaya de ONG's ambientalistas y líder del proyecto Plantatón, que acompañó la plantación en la Estancia Santa Josefa.

El paisaje en el Valle del Lunarejo es una inmensa pradera rodeada de cerros, montes y quebradas, donde se asoman rocas que esconden un gran tesoro: el agua. "Es una zona de recarga de las reservas subterráneas y donde se encuentran grandes nacientes de agua, que luego forman la cuenca del Río Tacuarembó y del Río Negro", explica Aler Donadío, presidente de la Fundación Indra y líder del proyecto de conservación de agua en el Valle del Lunarejo.

Las nacientes aparecen sobre el suelo, en un afloramiento rocoso donde por la presión subterránea brota el agua a la superficie. A esta vertiente también se le llama "ojo de buey" y es un lugar clave donde cuidar el agua y mantener la calidad para el resto de su recorrido. De otra manera, las cañadas, los arroyos y los ríos por los que pasa el agua, pueden ser contaminados.

En Santa Josefa, la naciente ubicada a 100 metros del casco suministra el agua para toda la actividad de la estancia desde hace años y se logran extraer cerca de 680 litros por hora, cantidad equivalente para abastecer a 30 familias urbanas. "Cuando era chico veníamos acá a buscar agua con el carro a caballo", recuerda Juan, impulsor del emprendimiento de turismo sustentable Sendero Lunarejo.

Hoy, esta noble naciente que según su propietario "no se seca jamás", recibe un cuidado muy especial: "En los últimos años hicimos varias mejoras en la vertiente, cercamos el área para que no entren animales, tapamos el pozo junto a la bomba y plantamos árboles en los alrededores para que sus raíces oficien de filtro", cuenta Juan.

El propósito compartido de conservar los recursos hídricos y la biodiversidad, ha demostrado con este proyecto su capacidad de articular diferentes actores. Así lo entiende Alejandro Bertón, Director General de desarrollo de la Intendencia de Rivera, que acompañó la plantación y explicó la importancia de este tipo de alianzas: "Este proyecto es un modelo de conservación de monte, de la producción agropecuaria sustentable y de la articulación entre los sectores público y privado, algo esencial para el alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que Uruguay se ha comprometido", explica.

La plantación de árboles en Santa Josefa es un símbolo más del compromiso de Coca-Cola con el cuidado del agua a través de su estrategia global al 2030 con una visión: lograr la seguridad hídrica para las comunidades en las que opera y para los productores agropecuarios que están al inicio de su cadena de valor. Este es un objetivo compartido con sus socios embotelladores e implica una asociación junto a los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil en todo el mundo para marcar la diferencia donde más se necesita. De esta forma, en la próxima década se potenciará la construcción de soluciones colectivas como las que ya transformaron la vida de más de 10,6 millones de personas alrededor del mundo.

Si querés saber más sobre el proyecto en el Valle del Lunarejo podés visitar estar sección.