Los resultados del proyecto de conservación del agua y el bosque nativo en el Valle del Lunarejo -impulsado por Coca-Cola Uruguay, Fundación Indra, Fundación Avina con el apoyo de la Intendencia de Rivera y el Ministerio de Ambiente- están a la vista. Las zonas testigo en las que no se intervino permiten comparar los efectos de la conservación y el impacto positivo del programa alienta a seguir trabajando.

Cercado de predios, arreglo de porteras, fabricación de puentes, instalación de bebederos para el ganado lejos de las nacientes de agua y arroyos, plantación de especies nativas, mejoramiento de campos con pastura natural y división de potreros son algunas de las medidas tomadas a lo largo de los últimos cinco años, cuando comenzó el proyecto de conservación en el Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera. La iniciativa se planteó el objetivo de preservar 3.000 hectáreas de bosque nativo , y los resultados están a la vista.

La ganadería extensiva, actividad económica predominante en el norte del Uruguay, es una de las principales causas de la deforestación de bosques nativos y de contaminación de las nacientes de agua. Por ello la reconversión y adopción de modos de producción sustentable resultan clave para preservar el ambiente. Así lo entiende Coca-Cola Uruguay, que desde 2016 lleva adelante este ambicioso proyecto de conservación del bosque nativo y los recursos hídricos en el Valle del Lunarejo, junto a Fundación Indra, la Fundación Avina, la Intendencia de Rivera y el Ministerio de Ambiente.

Cinco años después, basta con recorrer los campos de los productores locales que se sumaron a la iniciativa para identificar los efectos positivos.

Al comparar los terrenos conservados con los que no lo están -identificados como zonas testigo-, la diferencia es notable: monte tupido de un lado y, del otro, la larga pradera donde pastan bovinos y ovinos.

"La diferencia es grandísima, los helechos se han recuperado y brotaron muchas Pindó que no podían crecer porque el ganado se las comía", cuenta a Journey Juan Aguirre, uno de los 21 productores locales que participan del proyecto. Entre otras acciones llevadas a cabo en el marco del programa, en un pequeño sector del establecimiento "Las tres A", propiedad de Juan y su familia, se cercaron con alambrado veinte hectáreas para evitar el ingreso de animales y recuperar la flora nativa. "El objetivo es que no entre ni la cola de una vaca, porque en cuanto entran ya se ve el piso embarrado y los helechos comidos", cuenta Juan quien se sumó a la conservación del monte y creó un sendero turístico para conocer el bosque virgen desde adentro.

Para lograr la “magia” de estar sumergido en “El Manglar", nombre que utilizaba su padre para identificar esta zona de monte pantanoso, y que no haya ingreso de animales en el sendero, Juan explica que realiza tareas de mantenimiento de los alambrados periódicamente. Su compromiso con el proyecto es compartido con el resto de los productores de la zona, que encontraron en las actividades de conservación resultados beneficiosos para su actividad económica y su hábitat.

Fue así que además de continuar con la ganadería como principal ingreso familiar, varios productores como Juan, comenzaron a incursionar en el turismo sustentable para complementar ingresos y darle valor a la zona protegida.