En asociación con The Nature Conservancy, Vida Silvestre y con apoyo de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua, Coca-Cola trabaja en un nuevo proyecto de conservación de los recursos hídricos en la cuenca del Río Santa Lucía en Uruguay que garantice el acceso a fuentes de agua segura. El primer paso es avanzar en la preservación del ecosistema

Se estima que cada 20 años se duplica el consumo de agua en el mundo. Por eso la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) advirtió que a este ritmo se espera -de no mediar acciones concretas para evitarlo- que para el año 2025 al menos dos tercios de la población mundial viva en zonas afectadas por el estrés hídrico. En la actualidad 1 de cada 4 ciudades ya sufre este problema y, a pesar de que un tercio del agua dulce del mundo se encuentra en América Latina, el crecimiento de la urbanización de forma exponencial tiene un fuerte impacto: sólo en los últimos 15 años el estrés hídrico en la región aumentó un 21 por ciento.

Para revertir estas cifras, la organización The Nature Conservancy (TNC) para América Latina, con el apoyo organizaciones locales y empresas privadas como Coca-Cola a través de Fundación Coca-Cola, trabaja en el desarrollo de estrategias y acciones concretas que permitan mejorar la salud de los ecosistemas nativos de la región y, así, cuidar las nacientes de agua.

En Uruguay, TNC junto a la ONG Vida Silvestre y Fundación Coca-Cola y con apoyo de la Alianza latinoamericana de Fondos de Agua están trabajando codo a codo en la implementación de un proyecto de reabastecimiento de agua en la zona de los humedales de Santa Lucía. Este ecosistema está ubicado en el corazón del área metropolitana -a unos 20 kilómetros de Montevideo- y su cuenca es fuente de agua para dos millones de personas. Allí comienza un proceso de potabilización que abastece a dos tercios de los hogares del Uruguay. Por esta razón la buena salud de este ecosistema es imprescindible para garantizar el acceso a agua segura y de calidad. Con la puesta en marcha de esta iniciativa se espera intervenir sobre 50 hectáreas y devolver a la naturaleza entre 24.000 y 34.000 metros cúbicos de agua para fines de este año.

“Los pastizales, los humedales y los bosques nativos tienen un rol muy importante en la calidad de agua. Actúan como filtros amortiguando los impactos de contaminantes producidos por las actividades que se desarrollan en la cuenca”, explicó a Journey Natalia Zaldúa, Magister en Ciencia Biológicas e integrante de la ONG Vida Silvestre Uruguay.

Los humedales de Santa Lucía abarcan más de 20 mil hectáreas y forman parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), un área que presenta formaciones vegetales nativas, monte ribereño y monte parque, así como playas arenosas, puntas rocosas e islas fluviales. Además de ser una potente reserva de agua, la diversidad de flora y fauna es una de las características más singulares de este ecosistema.


Foto gentileza Vida Silvestre

La salud de los ecosistemas

“¿Qué pasa si no tenemos ecosistemas nativos sanos? Lo más probable es que en épocas de lluvias se produzcan inundaciones en zonas vulnerables, porque el ecosistema no puede absorber ese exceso de agua. Y, de alguna forma, en época de sequía el agua va a escasear en algunos sitios porque casi no habrá excedentes guardados en el ecosistema”, explicó a Journey Juan Lozano, especialista en temas de agua de TNC para América Latina.

En Uruguay el 94% de la población tiene acceso a agua potable. Sin embargo, la erosión de los suelos por la actividad agropecuaria es una de las principales amenazas que atentan contra la seguridad hídrica, según datos aportados por Obras Sanitarias del Estado (OSE).

“Se puede optar por conservar y mantener esos ecosistemas que hoy en día están saludables en la cuenca, también se pueden planificar actividades que busquen restaurar los ecosistemas que están degradados mediante prácticas que apunten a la regeneración natural, o con intervenciones más activas, por ejemplo, reforestaciones con especies nativas”, aseguró Natalia, a la vez que destacó la misión que comparten empresas, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de crear conciencia ambiental.

En esta misma línea, indicó que se pueden desarrollar propuestas dirigidas a los productores agropecuarios con el objetivo de mitigar el impacto de sus actividades en el medio ambiente. Algunas medidas pueden ser: fomentar el cambio hacia cultivos alternativos que degraden en menor medida los suelos o alternativas de pastoreo para el ganado.

En el marco de su compromiso con el medio ambiente y la preservación de los recursos hídricos, Coca-Cola, junto a la Fundación Indra y la Fundación Avina, también impulsa un programa para la conservación y regeneración del monte nativo del Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera. Esta zona integra el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) y forma parte del Acuífero Guaraní. La iniciativa, que llevan adelante el gobierno departamental, productores locales y el SNAP, busca implementar medidas que ayuden a proteger los montes nativos y las nacientes de agua.

Si querés saber más acerca de la importancia del cuidado de los recursos hídricos y qué hace Coca-Cola en ese sentido podés visitar esta sección.