A solo dos cuadras de la siempre congestionada avenida Luis Alberto de Herrera, donde las bocinas, el ruido de los motores y las peleas de tránsito compiten entre sí, existe otro mundo. Inesperado. Insospechado. Ahí donde la ciudad es más ciudad que en ninguna otra parte de Montevideo, Lombriz Urbana ofrece un oasis silencioso, verde y fecundo.

El timbre no suena y desde el fondo se oyen los pasos rápidos que se acercan hasta la puerta. Por entre las rendijas que dejan los tablones se la adivina a Lucía Curti, una mujer pequeña, de sonrisa envolvente, dueña y artífice de esa tregua que ofrece al bullicio urbano. “Acá estoy” dice, mientras emerge riendo de entre las plantas. Una vez franqueado el portón, basta dar unos pasos en su mundo para que la magia suceda: adiós ruido.


Decir que Lombriz Urbana es un pequeño universo paralelo en medio de la ciudad sólo puede parecerle exagerado a quienes jamás pusieron un pie allí.

Plantas, composteras, gatos, mandalas, huertas, cactus, flores, aguaymanto, más tierra, más compost, mucho sol, más plantas, y más flores todavía componen este impensado paisaje.

Lombriz Urbana nació hace cinco años con un propósito claro: lograr que cada casa, cada barrio, cada rincón de Montevideo tenga un poquito de ese mundo que creó Lucía.

“Este jardín no parece estar en Montevideo, lo reconozco. Apuesto a que se repliquen lugares así en la ciudad, porque hay muchas casas abandonadas, terrazas, espacios comunes, balcones que se podrían utilizar como espacios verdes” aseguró Lucía a Journey.

Todo comenzó en 2013 con una pequeña compostera de madera y las herramientas más básicas para jardinería, material suficiente para que Lucía convirtiera el jardín de su casa en el barrio Buceo en un emprendimiento social con un objetivo claro: convertirse en un espacio educativo para promover buenas prácticas en la gestión de residuos.

“Lombriz Urbana es un espacio educativo, un criadero de lombrices rojas en el que buscamos sensibilizar sobre el compostaje urbano; es decir, sobre la transformación de residuos orgánicos en humus y damos todas las posibilidades para que la gente lo pueda hacer” explicó.

Al rescate de prácticas ancestrales

La crisis económica de 2000 obligó a la familia de Lucía a buscar nuevos horizontes. Apenas instalada en Palma de Mallorca Lucía se reencontró con una vieja práctica que había conocido de chica en su casa de Rocha. De niña veía cómo su familia tiraba los desechos orgánicos de la cocina a los pies de un naranjo. Aunque no lo sabía en aquel entonces, estaba presenciando un proceso conocido como compostaje tradicional.

En sus primeros años en tierras mediterráneas, una amiga con fuertes convicciones ecológicas la volvió a acercar a aquellas olvidadas prácticas.

Pero esta vez fue más allá del compostaje tradicional, e incorporó las lombrices rojas. “Fue amor a primera vista” aseguró. Vivir en una isla, contó a Journey, “genera una conciencia clara acerca de la necesidad de gestionar adecuadamente los residuos”.

En cada visita que realizaba a Uruguay, le costaba hallarse a gusto en Montevideo, una ciudad que ahora descubría plagada de prácticas poco sustentables.

Tras su última visita en 2012, y a partir de la insistencia de su hijo mayor, Lucía resolvió radicarse nuevamente en Uruguay. Pero volvió con un plan para emprender un nuevo rumbo laboral: con su fuerte debilidad por todo lo que involucrara la educación y la sustentabilidad, se propuso cambiar la ciudad en la que iba a vivir. Así fue como comenzó a transformar el patio de su casa, transformación que en poco tiempo excedió los límites de su hogar.

Un impulso decisivo

Más pronto que tarde Lombriz Urbana comenzó a crecer y como todo emprendedor, Lucía comenzó a enfrentar desafíos inesperados. Así fue como encontró en SociaLab una guía clave para desarrollar al máximo el potencial de su emprendimiento social.

Hoy Lucía cuenta con cinco composteras de material, vende humus y lombrices, desarrolló un sistema de micro composteras -ideales para que cualquiera pueda aprovechar los residuos orgánicos que genera incluso en un departamento-, dicta cursos en escuelas y liceos, brinda capacitaciones en todo el país y gestiona los residuos de grandes eventos.

Apenas el comienzo del largo camino que tiene por delante Lombriz Urbana.

Y en ese camino que recorren los emprendedores sociales, el acompañamiento de los sectores privado y público se vuelve esencial. En el marco de la celebración de Coca-Cola por sus 75 años en el país la Compañía, junto a Ashoka y Socialab, eligió a Lombriz Urbana de entre una veintena de iniciativas, para otorgarle un capital semilla que le permita seguir creciendo.

Con la convicción de que el desarrollo de Lombriz Urbana depende en gran parte de la capacidad que tenga para seguir generando conciencia medioambiental dándole mayor alcance a su propuesta, Lucía decidió invertir los 5 mil dólares que recibió de parte de Coca-Cola como capital semilla en un ambicioso plan de comunicación con un único objetivo: contagiar cada vez a más gente de estas buenas ideas.

“Esto acá en mi casa tiene una escala, uno puede tener cierta cantidad de composteras y a mí lo que me gustaría es poder instalar en algún lugar más rural del departamento un mega criadero donde podamos formar a mucha más gente” contó Lucía, convencida que hacia allá se dirige Lombriz Urbana.

Si querés saber más sobre la cooperación de Coca-Cola con emprendedores sociales podés visitar esta sección.