“Una pasión imponente por nuestros árboles, nuestros arbustos, nuestra flora, nuestro paisaje”. Así describe Andrés Berrutti, Ingeniero Agrónomo Forestal, el motor que lo mueve cada día y que lo llevó a dar forma al vivero Santa María, un establecimiento en el que se trabaja principalmente con especies nativas.

Andrés recibió a Journey en un frío y nublado día de julio, en el que la humedad y el gris del cielo parecían destacar especialmente el verde de las incontables especies que allí cultiva y que crecen serenas en el gran predio ubicado a las afueras de la ciudad de Tacuarembó.

Fue precisamente allí donde germinaron las centenares de semillas de los ejemplares que luego viajaron más de 300 kilómetros hasta tres estancias ubicadas en los departamentos de Florida y Lavalleja, donde a mediados de 2019 comenzó a implementarse un proyecto de reabastecimiento de agua ejecutado por The Nature Conservancy (TNC), la ONG Vida Silvestre Uruguay y Coca-Cola de Uruguay. 

¿Cuál es la relación entre la reforestación y el cuidado del agua?

“Todos los seres vivimos del agua, que está también en el origen de todos los alimentos. Todas las plantas y ese mundo inacabable que es la biodiversidad dependen absolutamente del agua y de la capacidad del suelo de retenerla”, subrayó Andrés.

Para explicar por qué es clave reforestar las cabeceras de las cuencas, Andrés propone un sencillo ejercicio: imaginar dos paisajes distintos bajo una lluvia torrencial. Uno de ellos está cultivado o labrado para el cultivo y el otro, por el contrario, lleno de árboles y rebosante de una densa vegetación. “Imagínate cómo las copas de los árboles amortiguan la fuerza de esa agua. El agua corre por el tronco y llega mansa al suelo”, apuntó. De este modo, señaló, se evita el arrastre que puede llevar a los cursos de agua elementos contaminantes. Cuando deja de llover, la humedad del suelo es absorbida por las raíces lo que aumenta la capacidad de infiltración para próximas precipitaciones.

Lo cierto es que el agua de lluvia, cuando choca violentamente contra el suelo compacta su superficie, lo que disminuye la capacidad de infiltración del agua. Lo mismo sucede por la acción intensiva del hombre y del ganado. Está científicamente comprobado que una cubierta vegetal atenúa o elimina esta acción y favorece así la infiltración del agua, reconstituyendo reservorios de agua dulce subterráneos y dificultando el escurrimiento superficial del agua.

La elección de especies nativas

Una vez zanjado el asunto sobre la importancia de la reforestación, Andrés destaca las ventajas de hacerla con especies nativas, que son capaces de soportar picos climáticos y están vinculadas con nuestra cultura y nuestra tierra: “Son parte de nuestra identidad. Yo creo que es clave conservar toda la biodiversidad, pero primero nuestras especies nativas”.

En la reforestación de la cuenca del Santa Lucía se incluyeron distintos tipos de árboles. Algunos de ellos con posibilidades madereras, otros frutales e incluso medicinales. La elección de las especies se realizó en conjunto entre los distintos participantes en el proyecto y, en ese sentido, Andrés destacó el entusiasmo de todas las partes involucradas y la buena disposición para intercambiar ideas. “Fue una articulación muy buena”, señaló.

“El proyecto de conservación de los recursos hídricos en la cuenca del Santa Lucía se enmarca en el compromiso de la Compañía Coca-Cola con el cuidado del agua, que se traduce en la reducción de su consumo en la fabricación de bebidas, su tratamiento y reutilización en las plantas embotelladoras, y la participación en proyectos de protección de cuencas junto a socios locales. Así, desde 2015 la Compañía reabastece a la naturaleza el 100% del agua que utiliza en la producción de sus bebidas.  En Uruguay, la reforestación del Santa Lucía se suma al trabajo que la Compañía realiza junto a la Fundación Indra y la Fundación Avina el Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera.

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