La entrada del emblemático edificio de la Casa Central del Banco República, en pleno corazón del barrio Ciudad Vieja, ofrece por estos días una imagen sobrecogedora: está literalmente tapada por una gran montaña de plástico que fue retirada de los océanos. Esos desechos forman parte de “Out to Sea? El proyecto de la basura de plástico”, una exposición itinerante de sensibilización ambiental que representa la cantidad de basura que es arrojada al mar cada diez segundos.

“La montaña de basura interpela, y a partir de ahí empezás a hacer una deconstrucción. No se plantea el plástico como un problema en sí mismo, por el contrario, el plástico es un invento del siglo pasado maravilloso que revolucionó muchos usos. Lo que propone la muestra es hacer un uso responsable, no un abuso, y una disposición adecuada de los residuos”, explicó a Journey Erika Hoffman, directora de Tinker Comunicación, equipo que trajo la muestra.

Erika Hoffman explicó que la muestra representa la cantidad de residuos plásticos que son arrojados al mar cada 10 segundos.

 

La exposición, producida por el Museo Gestaltung Zürich en asociación con Drosos Fundation, llegó el pasado 9 de septiembre a Montevideo, la primera ciudad de América del Sur en participar del proyecto que ya recorrió más de 20 países de Asia y Europa.

Una muestra de alto impacto

Al participar de la muestra los visitantes se interiorizan también sobre el origen y ciclo de vida del plástico, así como sus usos, riesgos e impacto ambiental. Además, durante el recorrido se plantean soluciones prácticas ante el problema, como el reciclaje, la reutilización o el empleo de productos alternativos.

 



“Out to Sea? El proyecto de la basura de plástico” superó ampliamente las expectativas de los organizadores en Montevideo, más de 5.000 personas visitaron la muestra en sus primeros días y cerca de 300 centros educativos participaron de las visitas guiadas. A su vez, la exhibición recibió el apoyo de más de 40 instituciones tanto del ámbito público como privado. Esta participación colectiva es un claro indicador de que el problema interpela a todos los sectores de la comunidad.

“La exposición no culpabiliza a nadie, sino que cada uno se lleva algo que puede cambiar, algo que puede hacer para mejorar la situación. Esto es de todos, por eso también nos pareció que estaba buenísimo traerla”, explicó Erika.


 

Hacia una economía circular

La creciente contaminación en los ecosistemas marinos llevó a la Fundación Ellen MacArthur a encarar una profunda investigación sobre el uso de los plásticos. Luego de tres años de intensa tarea en 2016 se publicó el informe con las conclusiones alcanzadas y en el que se advierte que de no mediar acciones concretas contra la contaminación, para el año 2050 los océanos contendrán más plástico que peces. Ante semejante pronóstico la Fundación puso en marcha su modelo de trabajo a nivel global centrado en acelerar la transición hacia una economía circular

“La economía circular viene de la previa, de cómo pensamos los envases para que puedan ser reciclados, cómo diseñamos los envases para que no haya sobrante, entramos en un mundo de paradigmas bien distinto y eso es buenísimo”, indicó Erika.

A la vez y con el apoyo de casi 300 organizaciones y empresas, entre ellas la Compañía Coca-Cola, se lanzó en 2018 en Bali el Acuerdo Global de la Nueva Economía del Plástico liderado por la Fundación Ellen MacArthur en colaboración con ONU Medio Ambiente.


Se trata de un acuerdo global para erradicar el desperdicio y la contaminación por plásticos desde su origen, rubricado por productores, marcas, minoristas, recicladores y negocios más importantes del mundo.

Con este mismo espíritu Coca-Cola lanzó en enero de 2018 su ambicioso programa global Un Mundo sin Residuos por el cual la Compañía se comprometió a recolectar y reciclar el equivalente al 100% de los envases que introduce en el mercado para el año 2030.

Si querés saber más acerca de Un Mundo sin Residuos podés visitar esta sección.