A más de 600 kilómetros al norte de Montevideo se encuentra uno de los secretos mejor guardados del Uruguay: el Valle del Lunarejo, en el departamento de Rivera. Un área protegida de más de 3 mil hectáreas considerada desde 2014 como Reserva de la Biosfera Bioma Pampa por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco). Se trata de un paraíso natural ubicado en las Quebradas del Norte, sobre el Acuífero Guaraní, rico en cursos de agua cristalina, cascadas, cerros, piscinas naturales y bosques nativos y cuya preservación resulta vital para garantizar el acceso al agua a las próximas generaciones.

Es por ello que Coca-Cola, junto a la Fundación Indra y la Fundación Avina, la intendencia de Rivera y el gobierno nacional a través del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) de la Dirección Nacional de Medio Ambiente asumieron el desafío de revertir la erosión que provoca el aumento de la población, el sobrepastoreo y la tala del bosque nativo.

La iniciativa se puso en marcha en el segundo semestre de 2016 y apunta a generar una huella hídrica positiva mediante la reforestación con pasturas típicas del lugar, la protección de bosques nativos y pastizales. Para ello Coca-Cola trabaja junto a los productores locales en un plan que comenzó a fines de 2016 y seguirá hasta el 2020 y del que, según los mismos protagonistas aseguran, ya se vislumbran las primeras evidencias de su impacto positivo en la zona.


Protagonistas en su propia tierra

El proyecto concientiza a través de la capacitación a los productores locales para que se conviertan ellos mismos en los custodios del bosque nativo y garanticen el cuidado de las nacientes de agua. Les brinda además las herramientas necesarias para que puedan seguir adelante con sus actividades pero reduciendo al mínimo el impacto que su labor tiene sobre el ecosistema.

César Viera, productor local, contó a Journey que alambró “50 hectáreas del campo para que nuestro ganado vacuno y ovino no pueda entrar al monte, no lo contamine y así crezca allí lo que sea natural y solo lo usufructúen los animales de la zona que forman parte de ese medio ambiente”.

Los materiales para el alambrado, así como el asesoramiento técnico fueron provistos como parte del programa de conservación. César se encargó de la instalación junto a su padre y los primeros resultados ya comenzaron a verse. “Al cercar el terreno logramos que la flora crezca naturalmente sin ningún depredador. El resultado será una mejor calidad de vida para todos y los brotes están viniendo muy rápido y ya se puede notar un antes y un después”, contó.



Un paseo por el paraíso

Más de 150 especies de aves habitan en el Valle del Lunarejo, y muchas de ellas no pueden encontrarse en otras partes del país. Lo mismo sucede con parte de su flora y fauna características, lo que convierte al Valle en un lugar tan único como rico en su potencial en tanto destino turístico.

Journey lo recorrió de la mano de César, quien asumió el desafío de convertirse en guía turístico para darlo a conocer bajo la premisa de que, mientras más uruguayos lo conozcan, mayor será el compromiso de todos con su conservación.

La tranquilidad del lugar, su paisaje, fauna y la promesa de vivir experiencias únicas son un imán que en Rivera buscan aprovechar para desarrollar el turismo local y atraer tanto a uruguayos como extranjeros.

La Cascada del Indio es uno de los puntos centrales de las visitas al Valle. Esta caída de agua de más de tres metros de altura toma su nombre del perfil que ofrecen las rocas junto al salto y en las puede adivinarse un rostro. Además permite zambullirse en una piscina natural saltando desde el punto más alto de la cascada y así poder refrescarse de la caminata de casi tres horas que demanda poder llegar hasta allí.



El trayecto, a través del bosque nativo, permite además conocer lo más llamativo de la vegetación local y ver toda clase de animales, algunos de ellos incluso en peligro de extinción como la serpiente de cascabel. Sin embargo para Journey uno de los puntos fuertes de la visita lo constituyen los propios lugareños, quienes en su afán porque la estadía de los visitantes sea memorable aportan a la belleza del lugar una hospitalidad única.

A pocas horas del Valle, en la ciudad de Tranqueras, Journey hizo base para descansar y disfrutó del típico asado uruguayo, que es servido en pequeños establecimientos familiares, muchas veces instalados en las propias casas de sus dueños, lo que ofrece una experiencia que los turistas no olvidarán.

“Lo que queremos es mostrar que vale la pena venir a conocer este sitio único” asegura César e invita a los miles de uruguayos que viven al otro lado del Río Negro, esa suerte de frontera natural que divide al país en Norte y Sur, a que se animen a atravesarla para conocer ese otro costado del Uruguay que ofrece paisajes que no pueden encontrarse en otro sitio.

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola en el Valle del Lunarejo podés leer esta nota.