El titular y fundador de la Fundación Indra da cuenta de los primeros resultados obtenidos en el Valle del Lunarejo a partir del programa de conservación implementado en sociedad con Coca-Cola, la Fundación Avina, la intendencia de Rivera y el gobierno nacional.

Quedó demostrado hace tiempo que el trabajo conjunto entre privados, organizaciones de la sociedad civil y entes públicos tiene el poder de generar un fuerte impacto positivo tanto a nivel social como medioambiental. Un buen ejemplo de ello es el trabajo que se está realizando en el Valle del Lunarejo para garantizar la preservación de este paraíso natural ubicado en el noroeste del departamento de Rivera, en la frontera con Brasil. Y los primeros resultados positivos de la labor allí realizada ya comienzan a vislumbrarse.

Así lo aseguró a Journey Aler Donadío, presidente y fundador del Instituto de Desarrollo Rural y Aguas (Fundación Indra) que junto a Coca-Cola, la Fundación Avina, la intendencia de Rivera y el gobierno uruguayo a través del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) de la Dirección Nacional de Medio Ambiente, llevan adelante un ambicioso programa que apunta a revertir la erosión que provoca el aumento de la población, el sobrepastoreo y la tala indiscriminada del bosque nativo.

El programa en el Valle del Lunarejo va camino a cumplir sus primeros 2 años de vida y los resultados, aseguró Aler, son más que auspiciosos. Para certificar los logros se generan mapas y se realizan visitas periódicas en el terreno. El impacto positivo que se pudo detectar entusiasma a Aler y le permite anticipar que al final del período de 4 años de trabajo establecido en el proyecto se superará incluso la meta de 3 mil hectáreas conservadas prevista inicialmente.

“Coca-Cola certifica las métricas de agua, Avina sigue desarrollando su trabajo regional y nosotros incidimos en políticas públicas, porque todo pasa por ahí, por generar políticas púbicas”, asegura Aler y señala: “es un ganar-ganar por todas partes”.

Un ambicioso proyecto

Los primeros y alentadores resultados de la iniciativa llegan en paralelo al 75° Aniversario de Coca-Cola en Uruguay y se enmarcan en la política que la Compañía lleva adelante a nivel global para reducir de manera significativa su huella hídrica, un indicador que mide el volumen total de agua que usa una empresa para producir bienes y servicios, y cómo reabastece a la naturaleza y las comunidades el equivalente a esa cantidad de agua utilizada en su producción.


La intervención, explicó Aler, muchas veces no se realiza de manera directa en el bosque nativo pero sí llegan a él sus efectos positivos. “Si a un productor no le hago un mejoramiento de la pradera, no va a sacar el animal del bosque porque no tiene dónde ponerlo” aseguró. En ese sentido, detalló que en algunos casos la forma de asegurar la preservación pasa por delimitar con alambrados las zonas del bosque y de las nacientes de agua aptas para pastoreo.

Para garantizar el éxito de la iniciativa es clave la participación de los productores locales. “Para que sea exitoso, un proyecto de conservación no puede aplicarse por imposición sino por convencimiento. Esa es la gran clave, para cada productor es un traje a medida” dijo Aler.

Un paraíso natural

El Valle del Lunarejo es un área que por su biodiversidad forma parte de las 15 regiones del país que integran el Sistema Nacional de Áreas Protegidas y constituye el núcleo de un área mayor declarada como Reserva de la Biósfera Bioma Pampa por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (Unesco).

Con una superficie aproximada de 26 mil hectáreas, el Parque Natural Regional Valle del Lunarejo es un paisaje con alturas de más 300 metros, arroyos y quebradas, que alberga especies nativas vegetales como el caobetí, la anacahuita o el molle ceniciento, al igual que fauna autóctona como el tamanduá, el tatú de rabo molle, el gato margay o el guazubirá. En ese ecosistema hay más de 100 productores rurales de la zona que se dedican principalmente a la ganadería extensiva.

Aler destacó que ya cuentan con parámetros cuantificables para dar cuenta del impacto positivo en el Valle del Lunarejo. 


“Tala de monte indiscriminado, sobrecarga en el suelo, agricultura extensiva… se plantaron pinos y eucaliptos, que son monocultivo...”, esos fueron algunos de los problemas que encontraron los responsables del proyecto al llegar a la zona, recodó Aler y advirtió: “Todas esas prácticas atentan contra la supervivencia de bosques naturales. Estos bosques son un factor clave para la conservación del agua, no solo de la zona sino de áreas mayores”. A escala, explicó el referente de la Fundación Indra, “es como lo que pasa en la Amazonía, principal pulmón de generación de oxígeno y de acumulación de agua. Allí se forman nubes, que luego llegan hasta acá”.

El Valle del Lunarejo es una gran fuente de retención de agua, y allí se generan nacientes de cursos de los que dependen los poblados ubicados por debajo de la cuenca. Si el bosque nativo se conserva, los árboles retienen humedad del ambiente, el agua se evapora menos y la masa vegetal no deja que se escurra.

De allí el compromiso de Coca-Cola y sus socios por preservar un área vital para garantizar el acceso al agua a las próximas generaciones.

Si querés saber más sobre el trabajo de Coca-Cola en el Valle del Lunarejo podés leer esta nota.