Una colección es un organismo vivo. Crece, muta, se contrae, toma nuevas direcciones. Contra lo que algunos podrían pensar inicialmente, nada en una colección se asemeja al espíritu conservador que atraviesa a un museo. Lo único cierto en una colección es que se puede identificar su nacimiento, pero nunca se podrá predecir cuándo ni cómo va a terminar.

Así lo entiende Rafael Menéndez Presto, uno de los coleccionistas de objetos de Coca-Cola en Uruguay, quien recuerda a la perfección cuándo comenzó su pasión por Coca-Cola pero que no sabe cómo seguirá evolucionando en los próximos años.

Hoy su colección está integrada por más de 3 mil latas de Coca-Cola que exhibe con orgullo en una sala especialmente acondicionada en su casa y en la que recibe a los fanáticos que quieren deleitarse con algunas de las joyas que atesora.

Rafael, de 42 años, comenzó su colección desde muy chico. “Al comienzo juntaba latas de cualquier cosa para la tradición de pedir monedas para el Judas” en la que los chicos iban por los barrios pidiendo ropa vieja, sacos y otros elementos para armar el muñeco que se iba a quemar en la medianoche del 31 de diciembre contó a Journey. A medida que pasaban los años su colección crecía y poco a poco, llevado por su amor hacia Coca-Cola, comenzó a convertirse en una colección exclusiva de la marca. “Siempre fue mi pasión, todas mis demás latas todavía las estoy canjeando” contó.


Una herencia familiar

Rafael, que vive en Tacuarembó, no disimula el orgullo que siente por lo que ha logrado. Una pasión, la del coleccionismo, que ya es una marca de familia. Según recordó, su abuelo se había dedicado a la filatelia y sus hijos ya comenzaron sus propias colecciones, dedicadas de manera exclusivaa Coca-Cola. La de su hijo está compuesta por botellas de la bebida mientras que su hija se especializó en los prendedores de la marca.



Una colección en movimiento

Respecto del futuro de su colección, Rafael explica: “Me he planteado en algún momento concentrarme en la colección sólo de latas deportivas. Pero la verdad es que me gusta todo,  así que quiero ver de qué forma voy a ordenar todas las latas que consiga”.

Formar parte del mundo del coleccionismo llevó a Rafael a conocer a decenas de colegas tanto en Uruguay como en el resto del mundo. Con ellos comparte diferentes grupos en las redes sociales en los que muestran los objetos que consiguen y comparten datos acerca de los nuevos lanzamientos de la Compañía.

Al entrar a este mundo, Rafael comenzó además a participar como invitado en convenciones internacionales. En 2017, por caso, llegó al encuentro que se celebró en Santiago de Chile cargado de decenas de latas con la intención de intercambiarlas por otras nuevas y así seguir alimentando su colección.


 “Mi colección ya se ha convertido en algo familiar. A las convenciones de las que participé fui siempre con mi esposa y este año también los voy a llevar a mis hijos” aseguró a Journey, al tiempo que detalló que los coleccionistas con los que logró forjar una relación más estrecha viven en Uruguay, Argentina, Brasil, Chile, México y España.

“Hoy me relaciono con mucha gente. He logrado tener una colección de latas y una colección de amigos también, porque pude conocer a mucha gente que comparte el mismo interés y eso la verdad es que es algo muy lindo” señaló.

Consultado acerca de por qué, entre todas las posibilidades para iniciar una colección, eligió Coca-Cola, Rafael no duda: “Me gusta la bebida, me gusta el diseño y admiro la marca. Soy fanático. La lata que más me gusta es la que está por venir”.


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