Encontrar lo distinto, lo particular, lo único en lo ya conocido por todos, es un verdadero arte. Y si hay algo conocido a nivel global es la icónica botella contour de Coca-Cola. Por eso Álvaro Cabrera descubrió en ella y en sus múltiples versiones un objeto de colección que desde hace 12  años persigue por el mundo.

“Coca-Cola está presente en todos los lugares en los que estuve, incluso hasta no teniendo refrigeración te venden una botella al natural, algo que para nosotros es incomprensible, pero es así: aún donde no hay energía eléctrica te venden una Coca-Cola” aseguró Álvaro a Journey.

Integrante de la Armada Nacional y licenciado en Relaciones Exteriores, Álvaro tuvo la oportunidad de viajar por todo el mundo, la mayoría de las veces a lugares que se encuentran por fuera del circuito turístico más tradicional y hasta donde no llegan otros coleccionistas.

Así fue como consiguió el objeto más raro y preciado de su colección, una botella tallada a mano en ébano que se trajo de Uganda. “Cada botella tiene algún recuerdo personal, alguna vivencia, remite a un lugar, o es el recuerdo de un familiar o un amigo que viajó y trae una botella de regalo” explica Álvaro.

Además de la botella de ébano de Uganda, Álvaro atesora muchas otras conseguidas durante las misiones cumplidas en lugares tan distantes como Sarajevo, Congo o Ruanda. “Todas tienen un contenido afectivo” confiesa.

La colección de un trotamundos

“Mi colección comenzó durante un viaje de 8 meses en fragata, en el que visitamos 18 países. Eso me permitió conseguir varias botellas”, recuerda Álvaro, que destaca especialmente su paso por Congo donde encontró una botella de cristal de medio litro que se ubica entre los ítems más destacados de su colección, junto a la de ébano.

“Es un lugar que vive un conflicto bastante importante, por lo que es realmente difícil llegar. Yo lo hice por trabajo pero tiene un valor especial para mí”, reconoció y señaló que “viajando, conociendo lugares distintos” pudo conseguir botellas de diferentes formas, diseños que en Montevideo no suelen verse.

Aunque su colección está centrada principalmente en las botellas, Álvaro posee algunos otros objetos de Coca-Cola. Entre ellos destacó especialmente una edición de latas de “los campeones del mundo de fútbol” entre las que guardan un lugar especial las dedicadas a los campeonatos obtenidos por Uruguay en 1930 y 1950.

Sin embargo, admite que debe hacer frente a la tentación y autoimponerse límites. “Tengo algunos otros ítems pero trato de enfocarme en las botellas porque el coleccionismo es algo que, si no te ponés determinados límites, es infinito” asegura.

Y no es para menos. En la actualidad su colección está compuesta por unas 400 botellas de más de 50 países. “Trato de tener las que quiero y las que más me gustan” explica.

En contacto con el mundo

Este camino que emprendió hace ya 12 años lo llevó además a descubrir un universo nuevo de relaciones, tan vasto como el propio mundo: el de los coleccionistas. Está en contacto con colegas fanáticos de Coca-Cola de todas partes con quienes intercambia botellas en cada uno de sus viajes.

“El año pasado estuve en Hungría y concreté con un coleccionista de allí un cambio de botellas. Cuando viajé las llevé y me traje una caja con las de él, más o menos así funciona. En cuanto a las ciudades cercanas, viajo todo los años a las convenciones de coleccionistas de Buenos Aires, que es donde está la mayor cantidad de coleccionistas”, cuenta.

De esta manera también consiguió, por ejemplo, una botella de vidrio de un galón (3,78 litros) de Coca-Cola de los Estados Unidos

Álvaro se convirtió en un asiduo asistente de estos encuentros. Visitó las últimas cinco ediciones de la ya tradicional Convención de Coleccionistas de Coca-Cola que se celebra en Buenos Aires todos los años y apuesta a hacer crecer todavía más su colección soñando con encontrar por el mundo otra perla como la botella contour de ébano.

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