Fue un sueño que comenzó a convertirse en realidad el 2 de abril pasado cuando Martha Corbo, Jefa de Marketing de Montevideo Refrescos, embotelladora de Coca-Cola en Uruguay, marcó apenas seis de los más de 25 mil números de teléfono anotados en los cupones que participaron del sorteo “Abanderados del Mundial”.

Desde ese mismo instante, Julianna, Giuliana, Ignacio, Ramiro, Andrés y Germán comenzaron a prepararse para una experiencia que, saben, los acompañará el resto de sus vidas y que tuvo su momento cumbre cuando pisaron el césped del estadio ruso de Rostov On Don portando la bandera uruguaya en la previa del choque entre la Selección Nacional y Arabia Saudita.

Para muchos de ellos esto no significaba solo ver a la Selección: significaba verla en un mundial, pisar el césped con jugadores, representar al país al llevar la bandera nacional y compartir momentos inolvidables con jóvenes de otras partes del mundo. Para algunos, incluso, fue la posibilidad de viajar por primera vez en avión y salir al exterior.

“Abanderados del Mundial“ es una iniciativa que Coca-Cola desarrolla a nivel global desde la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 y que lleva a jóvenes de entre 13 y 17 años de todos los países clasificados a representar a sus países llevando la bandera en la previa de los partidos. Desde entonces, casi 140 jóvenes tuvieron la posibilidad de asistir a 20 partidos de Mundiales.

Al entusiasmo inicial de los padres de los ganadores les siguió una preocupación lógica. ¿Iban a permitir que sus hijos adolescentes cruzaran medio mundo para llegar a Rusia? La duda fue fugaz: todos llegaron a la misma conclusión que Aline Cardoso, mamá de Ignacio Benelli: “Era una posibilidad que nunca se iba a dar otra vez. Puede ser que vaya a tener la oportunidad de estar en un Mundial, pero no adentro de la cancha con la bandera uruguaya” contó a Journey.

Un largo viaje para cumplir un sueño

En una fría madrugada de Colonia Nicolich, la familia de Ramiro Martínez acomodaba la valija en el auto y partía rumbo al aeropuerto: primos, tíos, abuela, amigos y sus padres formaron parte de la comitiva de despedida. Era el comienzo de un largo viaje que incluía escalas en Buenos Aires y Turquía antes de llegar a Rostov.

El día del partido todo fue nerviosismo. Los “abanderados” salieron del hotel rumbo al estadio unas cuantas horas antes del partido y una vez allí practicaron varias veces su entrada con la bandera. Allí compartieron además un grato momento con chicos de todas partes del mundo con quienes comieron y conversaron a la espera del inicio del partido.

Los 8.412 kilómetros que separan Montevideo de Rostov no alcanzaron para que la espera en casa fuera más tranquila. A las 11.00 de la mañana, de ese 20 de junio, las calles ya estaban desiertas y los uruguayos prendidos al televisor. La familia de Ramiro se había preparado para vivir un partido poco convencional. Con una mesa llena de comida, varias Coca-Cola y una torta de Uruguay, y con las caras pintadas y banderas colgadas por todas partes, esperaban ver a la Celeste, pero aún más a Ramiro.

En medio de las bromas, conversaciones y el sonido del televisor de pronto llegó el primer grito del día. Pareció un gol, pero no, era Ramiro. El grito y la algarabía se transformaron en un profundo y emocionante silencio. Desde Rusia, Ramiro sostenía la bandera de Uruguay.

A miles de kilómetros de distancia, Ramiro estaba atento a los jugadores. Aficionado al fútbol sus ídolos de la Selección son Diego “El Ruso” Pérez, Diego Lugano y en especial Diego Godín. Pudo saludar a varios de ellos y cantó el himno a pocos metros de sus ídolos. Después, la alegría fue total cuando Luis Suárez anotó el tanto del triunfo. Los abanderados gritaron como nunca ese gol que aseguraba el pase de Uruguay a octavos de final de la Copa.

A su regreso, y con una experiencia única a cuestas, a los abanderados todavía les costaba asimilar todo lo que habían vivido en unos pocos días. “Esto superó todas las expectativas que teníamos. Creí que cuando estuviera en Rusia iba a dejar de soñar despierto. Pero no. Esto fue un sueño, hecho realidad, pero un sueño” dijo Ramiro a Journey.

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