Comenzó como una obligación. Y como sucede casi siempre, las obligaciones despiertan resistencia. Cuando Victoria Jover tenía apenas 6 años, en la clase de educación física en el colegio decidieron por ella: iba a jugar al hockey. Aunque ocupaba uno de los puestos más vistosos y entretenidos, el de delantera, nunca se enganchó del todo con este deporte y en sus últimos años escolares lo abandonó.

Sin embargo, el alejamiento de las canchas, el palo y la bocha fue más breve de lo que hubiera imaginado. Sus amigas siguieron jugando y le insistieron para que retomara. Entonces sí, convencida de que esa era una buena manera de pasar más tiempo con ellas y ya sin ningún tipo de obligación sobre sus espaldas, comenzó a jugar nuevamente. Esta vez en el Carrasco Polo Club. Lo que nadie podría haber anticipado en ese entonces fue que ese regreso a las canchas era apenas el primer paso en un camino que la llevaría a representar a Uruguay en distintas partes del mundo y que tuvo su más reciente escala en los Juegos Olímpicos de la Juventud celebrados durante el mes de octubre en Buenos Aires.

Todo fue vertiginoso. De aquel regreso a su primera convocatoria para vestir la celeste apenas pasó un año.  Tenía 13 años cuando recibió el llamado de la Federación para que se sumara a una gira para competir en el exterior. No lo podía creer. Comenzó a entrenar con la selección y ese fue el primero de muchos viajes en los que representó a Uruguay.

“Llevar la camiseta es un orgullo, un sueño” aseguró Victoria a Journey días antes de viajar a Buenos Aires donde participó de los Juegos Olímpicos de la Juventud que cuentan con el auspicio de Coca-Cola y que la encontraron ya no sólo como una más de los representantes del deporte uruguayo sino también como la capitana de la selección de hockey celeste.

El compromiso de “la leona” -tal como la rebautizó su entrenador un poco por su actitud en la cancha y otro poco a modo de broma por su abundante cabellera rubia- con la celeste es inquebrantable. No sólo es el motor que la impulsa todas las mañanas a levantarse bien temprano para entrenar, sino que es además la motivación por la cual decidió dejar de lado varias de las cosas que más les gustan a los jóvenes de 16 años como ella. Dejó de ir a fiestas para poder acostarse temprano todas las noches, cambió su alimentación e hidratación, comenzó a entrenar desde las 9 de la mañana incluso los sábados, postergó por algunos meses sus estudios universitarios y hasta tuvo que alejarse momentáneamente de su familia.


Es que hace ya dos años la familia de Victoria se instaló a vivir en los Estados Unidos. Mientras sus padres y hermano mayor preparaban las valijas, ella se sumergía cada vez con mayor decisión en el desafío de lograr la clasificación a los Juegos Olímpicos de la Juventud. Por eso, luego de largas charlas decidieron que ella se quedara un tiempo más en Uruguay, viviendo con su abuela, para poder seguir vistiendo la celeste y representar a su país por primera vez en una cita olímpica.

Entre entrenamientos, torneos y giras internacionales el año pasado terminó el Liceo. No fue fácil. Entrenaba en dos y hasta tres turnos por día y al mismo tiempo estudiaba. Y una vez más desde Estados Unidos su familia la llamó para que se les uniera y comenzara allí una carrera universitaria. Pero estaba a un paso de que su mayor anhelo se cumpliera. En marzo se definía todo en México. Estaba en juego la clasificación a Buenos Aires 2018. Les pidió más tiempo, consiguió una vez más su apoyo incondicional y siguió adelante con su sueño.

El entrenamiento se volvió más duro, se le sumaron más horas a las ya habituales y una responsabilidad mayor: ser designada como la capitana del equipo. Ese campeonato era la antesala de los Juegos Olímpicos. Era además la primera vez que llevaría el brazalete de capitana y significaba también la posibilidad de que, por primera vez, su padre podría verla jugar con la celeste.

Para Victoria era el momento de demostrar que esos dos años de alejamiento y sacrificios habían valido la pena. La clasificación llegó. Fue en un partido contra el equipo local, México, en el que las “cimarronas” se impusieron por 3 a 1. El pitido final desató la locura. Gritos de emoción, llantos, sonrisas y abrazos se confundieron en un festejo interminable. Ya tenían su lugar en Buenos Aires 2018. Para Victoria se trató de un largo viaje de más de dos años que comenzó como un sueño pero que se cimentó día a día con un palo de hockey en una mano y un pasaje de ida a los Estados Unidos en la otra.

NdeR: “Las Cimarronas” terminaron en el 9° lugar en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 tras derrotar por 2 a 0 a la selección de Zimbabwe.

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