"Recuerdo las navidades en que, siendo ya las diez de la noche, mi familia me llamaba para comer mientras yo seguía cosiendo mis prendas para vestir en la cena", cuenta Camila Zerbino, quien desde muy chica tuvo en claro que quería dedicarse al diseño y la confección. Con apenas 12 años ya había comenzado a explorar lo que luego sería su profesión: sabía coser y bordar y revoloteaba por su casa en Paysandú con hilos, tintas de colores e hipoclorito de sodio para personalizar su ropa. "Terminaba con todos los pantalones manchados y llenos de pintitas", recuerda la diseñadora, de 25 años.

María, su madre, tiene un taller de costura en la ciudad sanducera y fue ahí donde Camila aprendió no sólo el oficio, sino también la calidad y valor del trabajo hecho a mano. Pero fue también ahí donde comenzó a experimentar con diferentes técnicas artesanales y a cimentar el camino que la llevó a mudarse a Montevideo para estudiar la Licenciatura en Diseño de Moda.


"Lo primero que me pasó con la carrera que elegí fue que me gustaba todo, quería explorar todos los caminos", cuenta Camila, y fue gracias a esa curiosidad que logró encontrar lo que sería su lugar dentro del mundo de la moda. Es que con la firme convicción de que el futuro del mundo textil está en la sustentabilidad, Camila creó para su tesis de grado, Unéz, una propuesta de diseño social y sustentable creada a partir de excedentes de fábricas nacionales y a través de la cual revaloriza las técnicas aprendidas en su hogar.

"Uso la técnica del patchwork que heredé de mi madre y me permite a partir de pequeños retazos generar prendas nuevas", explica Camila mientras une tela con tela en la misma máquina de coser que su madre le regaló apenas comenzó la facultad.


Unéz, que surge del juego de palabras vinculadas a la unión con su apellido, también tiene como protagonista la confección responsable de las piezas. "Quiero transmitir transparencia detrás de cada prenda porque el cómo se hizo es tan importante como su diseño", explica Camila, que encargó los bordados a mano de la colección de su tesis a las mujeres del Ceprodih, una asociación civil sin fines de lucro que ofrece un espacio de contención y desarrollo profesional a mujeres de contextos vulnerables.

"Decidí llevar el oficio del bordado para revalorizar lo manual y compartir esta técnica para darle herramientas a otras personas", cuenta, sobre los talleres de bordado que impartió y que, asegura, fueron una de las etapas más conmovedoras de su proyecto.

Camila Zerbino, creadora de Unéz, marca de ropa sustentable


Además de la sustentable y de tener un impacto social positivo, Unéz tiene una gran particularidad que confirma la originalidad del proyecto: las prendas no tienen talle, no tienen género y son atemporales. "Trabajo en base a un cuerpo universal y busco que la prenda se adapte al usuario y no al revés", explica Camila. Con estos valores como carta de presentación, la joven sanducera asegura que son prendas que perduran en el tiempo: "Cuando te vinculás con una prenda, difícilmente la deseches", asegura.

Hoy, para tener una pieza de Unéz, basta con contactar a Camila a través de sus redes sociales y comenzar el proceso de creación en conjunto: "Me gusta que quien quiera una prenda se involucre en el proceso, de esta forma el vínculo será mayor".

Camila Zerbino, creadora de Unéz, marca de ropa sustentable

Convencida del poder de la moda para expresarse, Camila imagina su futuro junto a Unéz: "Este proyecto me refleja a mí y a los valores que quiero transmitir", asegura orgullosa del camino recorrido y que comparte con otros emprendedores textiles que reafirman el potencial del desarrollo sustentable en el mundo de la moda.

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