La brecha salarial de género, es decir la diferencia entre los ingresos que perciben hombres y mujeres en un mismo cargo, es hoy una problemática bien conocida, estudiada y cada vez más combatida. Sin embargo 25 años atrás pocos en Uruguay planteaban la necesidad de poner fin a esta desigualdad.

Entre esas pocas voces estaba la de Magdalena Furtado, entonces estudiante avanzada de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, que eligió hacer de esa “brecha” el tema central de su tesis de grado. Junto a su compañera de estudios, Laura Raffo, presentaron y se graduaron con un trabajo que llevó por título “Discriminación y segregación laboral por género”.

“Aquel fue el puntapié inicial” recuerda ahora, 25 años más tarde en la sede local de ONU Mujeres, en Ciudad Vieja, donde recibió a Journey.

Desde hace 4 años Magdalena se desempeña como coordinadora de ONU Mujeres en Uruguay, lugar desde el que cada día asume el desafío de “tratar de convencer y trabajar con la mayor cantidad de actores posibles, no sólo con el Gobierno o con las organizaciones feministas, sino de también involucrar a otros socios, los no tradicionales, como las empresas y el sector educativo”.

El trabajo de ONU Mujeres en el país se basa en tres ejes programáticos: la eliminación de la violencia hacia las mujeres, el incremento de la participación de las mujeres en política y cargos de decisión, y la autonomía y empoderamiento económico de las mujeres.

Las mujeres hoy en Uruguay

“Uruguay es un país que hizo muy bien los deberes en cuanto a la legislación pero la velocidad de los cambios en las normas sociales todavía va muy lenta” asegura Magdalena. Y advierte que en cuanto a la participación de las mujeres en el mundo laboral aún persisten “muchas desigualdades cotidianas”. La brecha salarial, la segregación ocupacional (la división entre trabajos “de hombres” y trabajos “de mujeres”), el denominado techo de cristal (esa barrera invisible que les impide a las mujeres, por el mero hecho de ser mujeres, alcanzar posiciones de mayor jerarquía, de decisión) son apenas algunas de estas desigualdades cotidianas que deben enfrentar las mujeres y que, todavía, están lejos de ser erradicadas.

Magdalena advirtió que apenas el 19% de las empresas del sector privado están lideradas por mujeres.

Magdalena sustenta su discurso con cifras tan reveladoras como contundentes. Apenas el 19% de las empresas en el sector privado están lideradas por mujeres. “Pero si tomamos sólo a las empresas grandes, las de mayor fuerza, apenas el 4% tiene como líder a una mujer” aseguró.

ONU Mujeres apuesta a impulsar cambios. El programa “Ganar-Ganar, la igualdad de género es un buen negocio”, al que se incorporaron empresas líderes tanto locales como multinacionales, promueve la visualización y la puesta en debate de esta situación al ofrecer evidencia empírica y contrastable que demuestra que aquellas compañías con mayor diversidad en su fuerza de trabajo y equipos gerenciales obtienen mejores resultados sobre la inversión.

En cuanto a la participación de las mujeres en política Uruguay ocupa el puesto 95 sobre un ranking de 180 países. “La de Uruguay es una democracia muy sólida, pero tiene un debe que es avanzar a una democracia paritaria” dijo Magdalena.

Con las elecciones de este año en el horizonte próximo ONU Mujeres puso en marcha varios proyectos en simultáneo en conjunto con los distintos partidos políticos. Uno de ellos se materializó en una campaña en redes sociales bajo el hashtag #MásCandidatas.

Un relevamiento de ONU Mujeres reveló que el 66% de los uruguayos quiere ver más mujeres actuando en política.


También se impartieron talleres y se encargó una encuesta de opinión pública que reveló que la preocupación por la cuestión de género es cada vez más extendida: el 66% de los uruguayos manifestó su deseo de ver más mujeres en la política uruguaya.

Frente a este panorama Magdalena no puede evitar ser optimista. “En las elecciones pasadas, todas las precandidaturas de todos los partidos políticos eran duplas de varones. Creo que en estas elecciones el paisaje va a cambiar”, aseguró.

Violencia de género, el desafío más urgente

El factor más alarmante en la agenda de género que maneja ONU Mujeres sigue siendo sin embargo la violencia de la que son víctimas. En 2005 Uruguay comenzó a llevar un registro de los femicidios que se perpetran cada año en el país y desde entonces la cifra se mantiene estable en un rango que va entre los 20 y los 30 por año. “Es un cifra estancada” advirtió, lo que demuestra que por el momento no se está logrando bajar los índices de violencia hacia las mujeres.

“Ese es el problema que tiene Uruguay –explicó- avanza mucho en las normas, en las políticas, en las leyes, en los compromisos, pero en la vida real sigue muriendo la misma cantidad de mujeres”.

Aunque el número absoluto no parezca “abrumador”, la tasa cada 100.000 habitantes ubica a Uruguay como el sexto país de la región con mayor prevalencia de femicidios, algo que la coordinadora de ONU Mujeres calificó de “intolerable”.


Venciendo vetustas resistencias

En todos estos años al frente de ONU Mujeres, Magdalena no deja de sorprenderse por algunas de las reacciones que genera en muchos su lucha por la igualdad de género. “Después de mi función aquí voy a escribir un libro de anécdotas, porque no te puedo explicar todas las resistencias que encontré a lo largo de estos años”, prometió.

Sin embargo, lejos de generar ello desánimo en su trabajo cotidiano, para Magdalena estas resistencias operan precisamente a la inversa y la estimulan a seguir adelante. “En esta era de mayor consciencia lo más valioso es abrir las puertas, sincerarnos. De aquello sobre lo que no hay datos, salir y buscarlos, porque lo que no se mide, no se ve y después de ver esos datos hay que ponerse los ‘lentes de género’ y ponerse a trabajar para ver cómo reencaminar o rever políticas” dijo Magdalena y concluyó confiada: “la esperanza está en la mayor consciencia que hay hoy en la sociedad”.

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