Desde la ciudad de Progreso, que lleva su nombre en alusión a los pioneros del ferrocarril que instalaron la primera estación de tren en la zona, Natalia Frugoni lleva adelante su negocio gastronómico. Con la misma motivación de aquellos ferroviarios, la emprendedora salió de la pandemia fortalecida. En ese proceso Natalia contó con el apoyo de Estemos Abiertos.

"Empecé con una mesita en la vereda. Me apronté el mate. Y llevé tres rosquitas de chicharrones y una pastafrola redondita. Nunca imaginé que a la hora iba a vender todo", cuenta Natalia Frugoni a Journey, y en su voz se percibe la misma alegría que seguramente sintió hace cuatro años, aquella tarde en la que empezó todo: "A partir de ahí no paré".

Luego de que su familia quedara sin ingresos y tras la insistencia de sus allegados, Natalia se "tiró al agua" y comenzó a vender las delicias que preparaba en su casa: bizcochos, pastafrolas, roscas, budines y panes. Casi de inmediato la hora de la merienda se transformó en el momento más esperado por los vecinos de Progreso que de a poco se iban acercando o mandaban un mensaje para enterarse de las opciones caseras de esa tarde.

Pero como en todo emprendimiento hubo un punto de inflexión. Para el negocio de Natalia ese día llegó cuando una vecina le encargó un lemon pie para su cumpleaños. Nunca había hecho uno antes, pero aceptó el desafío sin darse cuenta del todo que estaba "cocinando" su futuro laboral. Fue así que aquel encargo despertó en la repostera las ganas de capacitarse y especializarse en pastelería y panadería, hasta transformarse en “la mejor cocinera de pan dulce y budín de Progreso”, tal como la consideran sus vecinos.

Como a muchos emprendedores del rubro, la pandemia significó un duro golpe para su negocio. Al igual que les sucedió a la gran mayoría de los uruguayos, los planes que Natalia había trazado para 2020 quedaron en stand by. Ante el cambiante panorama, la anhelada inversión en un horno que le permitiese acortar los tiempos de producción debió esperar.

Fue en ese momento de incertidumbre que Natalia conoció Estemos Abiertos, el programa de Coca-Cola Uruguay pensado para acompañar la reactivación de emprendedores y pequeños almaceneros.

"Conocí el programa de Coca-Cola a través de Ceprodih, y me puse muy feliz cuando me enteré de que era una de las seleccionadas", recuerda la emprendedora.


La felicidad de Natalia es la misma que sintieron los 400 emprendedores (300 almaceneros de Montevideo y 100 pequeños comerciantes del interior) que recibieron el apoyo de Estemos Abiertos, el programa que Coca-Cola Uruguay desplegó a partir de septiembre pasado en alianza con Endeavor, Ceprodih, Kolping y Cambadu. La iniciativa que favoreció la reactivación económica de estos emprendedores llegó a diferentes proyectos del interior del país para ofrecer un fondo no reembolsable, además de capacitaciones virtuales en áreas clave como gestión y marketing.

"Tener el horno nuevo me ayuda a agilizar los tiempos de elaboración y a aumentar el volumen de la producción, por lo tanto puedo vender más", explica Natalia al dar cuenta del destino que le dio a una parte del fondo no reembolsable al que accedió.

Innovar para seguir creciendo

Fiel a sus ganas de progresar, Natalia se sumó además con entusiasmo a las capacitaciones virtuales del programa. "Los talleres fueron muy útiles, sobre todo el de finanzas y el de manejo de las redes sociales, que es de mis herramientas de venta más fuertes", cuenta la emprendedora, y señala que sus otros mecanismos y puntos de venta son el "boca a boca" y el kiosco que tiene el padre de su hijo ubicado al frente de su casa.

"Tenía la agenda llena de pedidos y de repente, todo cancelado. Fue muy difícil", señala al recordar los momentos de incertidumbre que vivió en el inicio de la pandemia. Lejos de desanimarse, Natalia apeló a su creatividad para darle un nuevo impulso a su negocio. Así sumó nuevos productos a su ya clásico surtido de panes y grisines. Para ello, invirtió parte del fondo no reembolsable en la compra de material de empaque para una nueva línea de mermeladas, conservas, licores y mayonesas veganas.

"Me gusta crear productos innovadores, este año elaboré dos mermeladas que fueron un éxito para acompañar carnes: la de naranja, zanahoria y romero, y la de zapallo y anís", cuenta orgullosa de sus originales creaciones, pero admite que siempre mantendrá los clásicos de las meriendas que sirvieron como la plataforma de lanzamiento de su negocio.

El espíritu emprendedor de Natalia no sabe de pausas, ni siquiera de aquellas obligadas por pandemias, por eso ya está dando forma a su próximo proyecto orientado a transmitir su amor por la cocina. "Me gustaría incursionar en talleres de panadería y repostería, hice una prueba el año pasado y me encantó la experiencia porque puedo compartir lo que me apasiona", cuenta. Y es que esta "mamá que vende cositas ricas y caseras", como a veces se define, tiene una receta que no falla: siempre se propone proyectos que la hagan feliz y que le permitan encontrar en el trabajo equilibrio emocional.

"Me llena el corazón saber que al otro le gustó lo que hice", concluye Natalia.