Llueve y el viento envuelve a toda la costa de Montevideo. Dentro de un galpón que en su momento sirvió de hangar -y que aún hoy acoge una aeronave-, un grupo de 70 personas dona su tiempo para ayudar a los demás. Se trata de los voluntarios de “Unidos para ayudar”, una iniciativa que se propuso entregar 60.000 canastas al Sistema Nacional de Emergencias (Sinae) para que sean distribuidas entre las personas que las necesiten en el marco de la crisis sanitaria que generó la pandemia de coronavirus Covid-19. 

La propuesta surgió de un grupo de empresarios que manifestaron una inquietud común: cómo colaborar con aquellos a los que la pandemia golpea más fuerte. Con el apoyo de Lorena Ponce de León, la primera dama uruguaya, los referentes de estas compañías dieron forma a una campaña de armado de canastas, a la que se fueron sumando donantes y voluntarios.  

Para Matilde Antía, que participa en la organización de voluntarios, la jornada empieza bien temprano en la mañana, ya que debe tomar registro de todas las personas que ingresarán ese día al hangar ubicado en el predio del ex Aeropuerto Internacional de Carrasco, donde se arman las canastas.

El control sanitario para ingresar al espacio es estricto. Se toma la temperatura a todos los concurrentes y se les pide que ingresen al lugar a través de un túnel de desinfección, en el que se los rocía con agua y alcohol. Ya en el área de trabajo, todos deben utilizar tapabocas y guantes. Las labores se dividen en dos turnos, de 09 a 12 y de 13 a 17, de lunes a sábado.  

“Lo más sorprendente de los primeros días fue la cantidad de gente que vino. Yo estaba preocupada, como organizadora, por cuántos voluntarios íbamos a tener por día, y no pude salir de mi asombro”, contó Matilde a Journey sin poder ocultar su emoción.

Por su parte, Leticia Lateulade, que trabaja en la organización general de la campaña, manifestó estar sorprendida y orgullosa por el ritmo con el que se avanza: “Todo el que viene ya se pone en una línea y la producción sale rapidísimo. Al principio, calculábamos un mes, pero al ritmo que estamos yendo, creo que vamos a terminar antes”, explicó. 

Cada familia va a recibir, en realidad, tres canastas: una de alimentos, que corresponde a la canasta básica; una de limpieza con hipoclorito, jabones y tapabocas; y una para niños, donde se incluyen útiles escolares. Según contó Matilde, en esta última canasta suele ir, además, un agregado especial: “Algún alfajorcito, algo rico para que tengan un mimo nuestro”. También se añade un folleto informativo donde figuran todas las vías de contacto que tiene el Estado y donde se explican las medidas del ministerio de Salud Pública para evitar el contagio del Covid-19. 

Para María José Borsani, que concurre como voluntaria dos veces por semana, la experiencia es muy satisfactoria: “Es lindísimo ver el entorno de todas las canastas armadas, en buen estado, muy bien aseguradas, y ver también la alegría de la gente”. María José tiene 47 años y vive con sus tres hijos. La invitación a sumarse le llegó a través de su equipo de hockey: de inmediato se inscribió al proyecto a través de la aplicación web que desarrolló “Unidos para ayudar”, y replicó la invitación -y su entusiasmo- a sus allegados.

Además de la “buena energía” que se respira en el lugar, María José destacó que el ambiente es muy “solidario y no solo para la gente que lo necesita, sino también entre nosotros”. Según contó a Journey, todo el mundo está siempre dispuesto a ayudar, a dar una mano: “’¿Qué te falta?, te traigo, te ayudo’: ese es el ambiente. Realmente es un clima muy lindo, y te vas re-contento”. 

“Unidos para ayudar” comenzó la producción de canastas el miércoles 22 de abril. En la primera semana se armaron 20.000 mil canastas de alimentos y 3.750 escolares. Cuando Journey visitó el lugar, se estaban comenzando a armar las canastas de higiene. 

Al igual que las decenas de voluntarios que llegan desde distintos lugares de Montevideo para aportar en esta cruzada, Coca-Cola Uruguay también se sumó a “Unidos para ayudar” y aportó más de 2.000 litros de agua Vitale para hidratar a los voluntarios a lo largo de sus tareas. Porque cuidar a los que nos cuidan también es cuidarnos y una manera de decir gracias.