En el kilómetro 159 de la Ruta 31 se respira calma y aire fresco; la característica pradera del paisaje campestre uruguayo se muestra ondulada y algo pedregosa. En el entorno no hay ninguna edificación, solo se puede divisar alguna estancia a lo lejos. En ese lugar, sin siquiera un banco donde sentarse, Elvira Álvez ha llegado a pasar horas a la espera de que alguien se ofrezca a alcanzarla hasta la localidad que la vio crecer y en donde desde hace 15 años trabaja como enfermera: Paso de las Piedras de Arerunguá.

Con tan solo 82 habitantes, esta localidad salteña se encuentra a 16 y 27 kilómetros, respectivamente, de las rutas nacionales más cercanas. Las distancias y la escasez de transporte público no son las únicas dificultades para llegar al lugar: cuando las lluvias hacen crecer el arroyo Arerunguá, en cuyas orillas se ubica el pueblo, se anula una de las vías de acceso. A pesar de ello, el arroyo ha tenido desde siempre una importancia fundamental para los vecinos: durante muchos años, fue una de las únicas fuentes de agua para los quehaceres domésticos, cuando existía en el lugar una sola canilla.

“El agua se sacaba gracias a una bomba: había un almacenero que bombeaba y venía para un tanque. Los vecinos iban con tarritos y llevaban agua a sus casas”, recuerda María Ofelia Silva, la madre de Elvira. Con el paso de los años esta realidad fue cambiando; sin embargo, aunque aumentó la cantidad de canillas disponibles, la calidad del agua seguía siendo un debe para la comunidad.

Pero una llamada, recibida hace unos meses, cambió radicalmente la vida del pueblo. “Me contaron que vos tenés agua de pozo y tenés problemas con el agua”, recuerda Elvira que escuchó del otro lado del teléfono, pocos segundos antes de que le dijeran que la volverían a contactar para coordinar la entrega de dos filtros microbiológicos. “Yo no lo podía creer, la verdad que no lo podía creer”, agrega.

La implementación de filtros microbiológicos en comunidades rurales es parte del trabajo de la empresa social Proyecto Agua Segura desde hace cinco años. Nacida en Argentina, la iniciativa se ha ido expandiendo por distintos países de Latinoamérica. En Uruguay, gracias al apoyo de Fundación Coca-Cola y en alianza con la Fundación Indra y el Consejo de Educación Inicial y Primaria, los filtros ya llegaron a 37 escuelas, entre ellas la de Paso de las Piedras, llamada Irineo Leguisamo en honor al célebre jockey, oriundo de esa localidad. El otro dispositivo fue para la policlínica del pueblo, primera institución de estas características en recibir un filtro, facilitando así el acceso a agua segura en dos espacios vitales de la comunidad.

“En la escuela el agua del filtro se está usando para todo: para cocinar, para lavarse las manos, para tomar”, contó a Journey la maestra Claudia Martínez, quien también contó cómo junto al Proyecto Agua Segura abordaron la temática del agua y su importancia, especialmente en el actual contexto de emergencia sanitaria: “Es muy importante trabajar todo el tema del lavado de manos y de la higiene, mucho más ahora con esto que está sucediendo en la sociedad con la pandemia del coronavirus”.

La noticia impactó en la vida de la comunidad entera. Alfredo Silveira, el policía del lugar, quien ayudó a Elvira con el armado de los filtros, destacó las diferencias percibidas en el agua: “Es notorio el cambio. El agua limpia te invita a seguir tomando”. Por su parte, Elvira subrayó la importancia para la salud de todos: “El que necesita viene a buscar ahora a la policlínica”.

“Estoy muy agradecida con Coca-Cola y con todos los que hicieron posible esto porque no es solo para mí sino para todo el pueblo, y la verdad que acá se necesitaba”, concluyó Elvira.