“El Gamo sigue en carrera”, canta Carlos Benavides en la canción que compuso con motivo de los 40 años del emblemático bar “El Gamo”. Para Daniel López Moroy, dueño del bar ubicado en la esquina de 18 de Julio y Herrera, en la Ciudad de Tacuarembó, esa sola frase da cuenta del largo vínculo de su familia con esa esquina y la historia de su padre, Juan Jacinto López Testa, “el Gamo”, un reconocido atleta que legó a Daniel la pasión por el deporte. Y por el emblemático bar.

“Mi familia está vinculada a ‘El Gamo’ o, mejor dicho, a esta esquina, desde la década del ‘30 del siglo pasado. Acá tuvo un almacén mi abuelo, Diego Moroy y luego mi padre, que cuando dejó el atletismo abrió un bar acá mismo llamado ‘Bar Dani’. Le puso así por mí, porque lo abrió en el año ‘52, cuando nací yo”, cuenta Daniel a Journey. En 1980 él mismo sumó un nuevo capítulo a la historia de esa esquina, ya entrelazada de manera íntima con la de su familia, al reabrir el bar, esta vez con el nombre que lleva en la actualidad. “Le puse ‘El Gamo’ para homenajear a mi padre”, cuenta.

Como periodista deportivo y relator, Daniel estuvo desde muy joven vinculado al mundo del deporte. Y esa impronta quedó marcada en el bar desde el inicio: “Tuve suerte porque cuando abrí ‘El Gamo’, en el ‘80, Tacuarembó salió campeón del norte, campeón del interior, y fue como que la gente se impregnó de eso. Desde entonces, sienten que todo festejo deportivo se tiene que hacer acá en ‘El Gamo’”.

Los clientes dan fe de esa historia. Rafael Peraza, asiduo del bar desde su apertura, recuerda que la victoria del ‘80 terminó en “una fiesta imponente en ‘El Gamo’”. En tanto, Ángel Venancio Lima, amigo de Daniel desde la escuela, señala la emoción de ese y de otros triunfos: “Acá festejamos varias victorias, todas las de Tacuarembó; las de mi querido cuadro, Nacional; y, por supuesto, las de Uruguay”.

El bar El Gamo cumplió sus primeros 40 años de vida en Tacuarembó donde se convirtió en un lugar de encuentro y celebraciones. 

 

El Gamo, el padre de Daniel, representó a Uruguay en los Juegos Olímpicos de Londres 1948. 

 


 

Todos esos recuerdos que forman parte del ADN del lugar también están impresos en las paredes del bar, donde las fotos de los hitos futbolísticos se van actualizando junto a las que retratan las visitas de distintas personalidades del ambiente deportivo, cultural y político. “Abrí ‘El Gamo’ cuando todavía existía la Onda”, explica Daniel, en referencia a la terminal de la compañía de ómnibus que se ubicaba justo enfrente, y agrega: “Había un movimiento que era inusual para la época. En el día pasaban por acá 20 ómnibus, entonces eso le daba al negocio y a la zona un movimiento importante”.

Al tratarse de un lugar marcado por las bienvenidas y las despedidas, la fama de ‘El Gamo’ se fue expandiendo por todo el país. Y en eso ayudó también lo aplaudido de sus tradicionales milanesas. “Me dicen que son muy ricas, que son las mejores”, confesó con timidez Eva Soria, cocinera del lugar, cuando Journey le preguntó sobre este plato tan destacado. “Para mí, esta es mi segunda casa”, agregó.

Con el pasar de los años, ‘El Gamo’, uno de los miles de bares que forman parte de la cadena de valor de Coca-Cola en todo el país, se volvió el segundo hogar para muchos. “Es un lugar de esparcimiento, de amistad, de conocer gente y de pasar un buen rato, aparte de degustar de las cosas ricas que tienen”, destaca Ángel, y se apura en agregar: “Acá me atienden como en mi casa”. Y Rafael lo siente igual: “Acá venís a estar en familia”.

El espíritu familiar que se respira en ‘El Gamo’ surge desde su interior. Es que no quedan dudas de que Daniel y su esposa, Rosa, construyeron allí un hogar de puertas abiertas. “En ‘El Gamo’ llevo mi vida entera, y mi familia lo mismo. Acá se criaron mis hijas y ahora mis nietos, y mi madre vivía acá al lado. ‘El Gamo’ es también mi casa”, concluyó Daniel. 


“El Gamo” es uno de los 27.000 clientes de Coca-Cola en Uruguay, entre los cuales el 75% son pequeños comercios de barrios; kioscos y almacenes que representan el principal ingreso familiar. Ellos forman parte de nuestra extensa cadena de valor en el país, que emplea a más de 13.400 personas de manera directa e indirecta e incluye, entre otros, a choferes, operarios, repositores y almaceneros.