Circula en ambientes dominados por hombres desde sus tiempos de estudiante. El desafío, lejos de intimidarla, le dio más impulso, y hoy se ríe de las desventuras por las que debió pasar. Soledad Ventura trabaja desde hace 25 años en Montevideo Refrescos, embotelladora de Coca-Cola en Uruguay, y en la actualidad es la Gerente de Manufactura, un sector que abarca Mantenimiento, Producción y Calidad y en el que sólo el 8% son mujeres. “Siento que mi experiencia puede ser una herramienta para ayudar a las mujeres que trabajan”, comenta Soledad, quien, con 250 empleados a cargo, destaca que “también hay una preocupación por parte de la Compañía para que tomemos conciencia de que somos nosotras las que nos ponemos las metas”.

Cuando comenzó a estudiar Ingeniería Química en la Universidad de la República, Soledad debió acostumbrarse a recibir miradas raras y llenas de desconfianza sólo por el hecho de ser mujer. En su clase había apenas cuatro chicas de un total de poco más de 20 estudiantes. Pero ella aprendió a sacar siempre lo positivo de cada comentario negativo que recibía, y a buscar en ellos fuerza para seguir adelante, siempre con muy buen humor.

Entre la infinidad de anécdotas de esa época, recuerda la oportunidad en la que un profesor, delante de toda la clase, confesó que aquél era uno de los peores días de su vida profesional: las dos mejores notas del examen habían sido para dos mujeres, una de ellas Soledad. Su voluntad de continuar sus estudios en Rusia chocó de lleno con la realidad: la Embajada de ese país rechazó su postulación a una beca porque no aceptaban inscripciones de mujeres. “De todo lo que te dicen podés sacar algo positivo. Si lo procesás así, seguís creciendo y te fortalecés, eso es algo que aprendí desde muy chica. Mi mamá me crió sola y creo que eso influyó, porque ella debió salir adelante en una época en la que hacerlo era todavía más difícil”, explica Soledad.

Cuando se graduó comenzó a buscar trabajo, pero Uruguay enfrentaba un período económico complicado. Para sumar a su primera experiencia laboral, Soledad aceptó un puesto temporal para el que estaba sobrecalificada. Entró a Montevideo Refrescos como técnica zafral de calidad dónde, una vez más, se desempeñaba en un ambiente dominado por hombres: la mayoría de sus compañeros eran operarios de piso.

“Fue una época muy buena, en la que aprendí mucho y de la que guardo muy buenos recuerdos. En la Compañía, nunca sentí discriminación en el trato. Obviamente hay cosas para las que las mujeres tenemos menos fuerza, entonces cuando tenía que levantar muchas botellas los hombres me ayudaban naturalmente, sin tener que pedirles colaboración”, recuerda Soledad.

Después de un año como técnica, Soledad fue ascendida a Jefa de Calidad, y pasó a liderar a sus antiguos compañeros. En los siguientes 25 años no paró: después de seis años como jefa, permaneció por ocho años a cargo de las auditorias del sistema de gestión y los proveedores, dos años como líder de línea de producción, cuatro años como Gerente de Calidad, dos años como Gerente de Producción, otros dos años como Gerente de Mantenimiento y, en marzo del 2016, asumió la gerencia del sector de Manufactura. Entre los retos que debió enfrentar durante este camino, Soledad no considera que la discriminación haya sido uno de ellos.

“Lo que me ha pasado son cosas cómicas, gente que se sorprende de que una mujer sea jefa. Una vez, cuando nuestro director estaba de vacaciones debí tomar sus tareas. Entonces, un experto vino a hacer una auditoria de la parte de instalaciones eléctricas y pidió hablar con la persona encargada de la cadena de abastecimiento. Le dije que era yo pero él insistía en que debía hablar con el responsable. Entonces le dije: ´No sé cuál es tu problema, te estoy diciendo que soy yo. ¿Quieres que te traiga a un hombre?´ Luego me pidió disculpas. Creo que el problema era que no me veía cara de responsable. Al final hizo su trabajo, pero fue gracioso, porque no se convencía”, relata Soledad entre risas.

Para ella, la clave se encuentra en llevarlo todo con buen humor. Además, considera que cada género, con sus fortalezas y debilidades, es capaz de crear un equilibrio positivo en el ambiente de trabajo. “Desde que entré siempre quise incentivar a que hubiese más mujeres en esta área, porque los dos géneros son complementarios. La presencia de una mujer te cambia un poco el clima, la gente tiene un trato más delicado. El operario cuida un poco más la manera en la que habla con la jefa, trata de ser un poco más agradable”, explica Soledad.

Pese a que las políticas de empoderamiento femenino fueron implantadas cuando Soledad ya había consolidado su carrera en Montevideo Refrescos, la Gerente de Manufactura destaca su importancia para impulsar la diversidad en Coca-Cola, así como el valor de los cursos de capacitación y liderazgo exclusivos para mujeres, que abren puertas para que se compartan experiencias y se formen mejores profesionales. Además, Soledad explica que las políticas internas de la Compañía y los programas globales como 5by20 –con el que se busca empoderar a cinco millones de mujeres de la cadena de valor de Coca-Cola para el año 2020–promueven que aparezcan más mujeres para competir en el mercado laboral y que sean elegidos los candidatos más calificados, independientemente de su género.

“A mí me llamó la atención el esfuerzo de la empresa en identificar barreras que tenemos por la naturaleza femenina, por educación o por cultura”, destaca Soledad, para quien “la principal responsabilidad en impulsar el desarrollo y la diversidad es de las mujeres, que son madres y educan a los ciudadanos del futuro”. “Las mujeres somos las madres que criamos a los hombres, así que tenemos un rol relevante. Tenemos que hacer que las niñas sepan que pueden hacer lo que quieren y que tienen las mismas libertades y responsabilidades que los hombres. Creo que la sociedad ha evolucionado en este sentido. Las mujeres tienen que hacer su parte, trabajar y estudiar, y me parece que acá en Uruguay lo están haciendo, pero todavía falta que esa tendencia llegue a todas las clases sociales”, subraya.

Además, Soledad es un ejemplo de que para ser una profesional exitosa no es necesario relegar la vida personal o el armado de una familia. “Hoy hay jefas mujeres en todas las áreas y a mí me encanta charlar con ellas. Yo acá entré soltera, me casé, tuve hijos y los crié. Soy una mamá presente. Cuando los niños me llaman yo atiendo el teléfono, si un día les pasa algo o hay que hablar con la profesora puedo salir del trabajo. A veces las mujeres me preguntan si es posible compaginarlo todo, y la verdad es que no es fácil, ni perfecto, pero no es necesario abandonar la carrera porque la logística de la casa te complica la vida, hay otras soluciones”, afirma.

Con una enorme sonrisa estampada en su cara, dedicación y gran profesionalismo, Soledad supo manejar su vida laboral y personal, y logró superar los obstáculos que se le presentaron gracias a su calificación y experiencia. Hoy, su mayor satisfacción reside en compartir su receta de éxito con otras mujeres, para que en el futuro aumenten su presencia en posiciones de liderazgo.