“Cuando uno abre la puerta al mundo nunca la vuelve a cerrar del todo”, asegura la uruguaya Patricia Filluelo, cuya carrera en Coca-Cola la llevó a emprender dos mudanzas internacionales. Fueron cuatro años en el extranjero que le sumaron incontables experiencias, descubrimientos, aprendizajes, retos personales y laborales, y que convirtieron a la actual actual gerente de Marketing de Montevideo Refrescos en una profesional más completa y, según ella misma afirma, una mejor persona.

Economista especializada en marketing, Patricia llevaba casi tres años trabajando en el departamento de Trade Marketing de Montevideo Refrescos, embotelladora de Coca-Cola en Uruguay, cuando en marzo de 2012, se vio frente a la oportunidad de cumplir un viejo sueño aplazado desde la época de sus estudios: vivir en el extranjero. Patricia no dudó en aprovechar la ocasión y se postuló al puesto de Gerente de Desarrollo de Nuevos Productos en la Businness Unit transandina de Coca-Cola Company, que en ese momento abarcaba Uruguay, Paraguay, Bolivia y Perú, con base en la ciudad de Lima.

“Era un ascenso laboral que implicaba pasarme de la embotelladora a la Compañía. Además, significaba ampliar mi perspectiva y relacionarme con cuatro países en lugar de uno. Yo siempre había querido irme a otro país para vivir la experiencia humana y social que eso implicaba. Nunca había seguido adelante con esa idea por razones laborales, pero ese bichito de vivir afuera lo tenía latente. Creo que en la época no dimensioné bien el tema de mudarme a Lima. Nunca había estado en Perú y lo estaba haciendo todo a ciegas. La verdad es que tenía ilusión, pero no creía que iba a resultar elegida”, cuenta la actual gerente de Marketing de Montevideo Refrescos.

Nuevas emociones

Tras un proceso selectivo que duró cerca de cuatro meses, Patricia, quien tenía 28 años de edad en aquel entonces, vio cómo se concretaba su anhelado sueño. Se sintió entonces arrebatada por “el vértigo y la adrenalina positiva” de enfrentar un cambio de vida tan intenso del que no sabía qué esperar. Con valor e ilusión se subió a un avión con destino a Lima, y sin billete de regreso.

“Yo asumí que, como adulta, había experimentado todo el espectro de sentimientos. Sin embargo, cuando el avión aterrizó en Lima sentí mariposas en la panza. Aproveché la oportunidad de esa relocalización apenas apareció, y me lancé sin realmente saber cómo era el país, cómo iba a ser la experiencia, cómo iba a sentirme allá, como iba a ser trabajar en la Compañía. Había muchas variables que no conocía en el momento en que decidí arriesgarme. Creo que irse a vivir afuera es una experiencia tan intensa que es como surfear una ola que crece: estás en un país nuevo, en una ciudad nueva, tenés una casa nueva, amigos nuevos, trabajo nuevo y toda esta novedad te genera una adrenalina espectacular”, explica.

En medio a un torbellino de emociones y tanta incertidumbre, Patricia se encontró con una población muy cálida y receptiva, una gastronomía espectacular y un país muy rico en cultura y paisajes, desde el desierto hasta la selva, que logró enamorarla por completo. “No tenía expectativas; por lo tanto, el hecho de que todo fuese una sorpresa positiva me generó un nivel de satisfacción muy alto. Fui descubriendo el país y el desafío en vivo, y me sorprendió que los peruanos fueran tan abiertos a los extranjeros. Te adoptan, te incluyen, te integran”, cuenta.

Además de amigos peruanos y extranjeros, Patricia solía reunirse también con un grupo de uruguayos que la ayudaban a sentirse cerca de casa y con quienes mantenía viva la tradición del asado. “Fui sumando grupitos al azar, de uruguayos, españoles, peruanos. Tenía amigos ingenieros que se juntaban para hacer rutas en 4x4, otros que eran más cinéfilos, otros más de ir a bares. También realicé una diplomatura en Marketing Digital y luego di clases, por lo que hice muchos amigos también en ese ámbito. La verdad es que fui muy feliz en Perú, tan feliz que al final me quedé por tres años, algo que no me esperaba porque nunca creí que pudiese estar tanto tiempo fuera de Uruguay”, revela Patricia.

Lima también era el punto de partida perfecto para otra de las pasiones de la joven profesional: viajar. Desde allí recorrió el país: desde el sonido de la Amazonia hasta los típicos paisajes de película de desierto y oasis de Paracas y Huacachina, pasando por los lagos turquesa con picos nevados de Huaraz, dónde se encuentran también las ruinas subterráneas de la cultura Chavín.

Además, Patricia se encontró en la unidad de negocios transandina con “compañeros de trabajo maravillosos” y con retos profesionales que la motivaban a crecer cada vez más y en distintas áreas, como desarrollo de nuevos productos, nuevos negocios e incorporaciones y marketing de la marca Coca-Cola. Además, su trabajo le permitía mantener contacto permanente con Uruguay y viajar frecuentemente al país, así como también a Bolivia y Paraguay.

“En la Compañía se trabaja con estrategias de visión de negocios más a largo plazo y en la embotelladora se está más cerca del consumidor. Creo que son experiencias complementarias que me permitieron tener una visión 360° del sistema Coca-Cola. Desde el punto de vista profesional, conocer otro mercado te da una mirada mucho más global, y el hecho de haber estado en los dos ámbitos (embotellador y Compañía) es muy recomendable. Además, con Uruguay mantuve el lazo por el proyecto de lanzamiento de nuestra agua Vitale, así que aprovechaba para visitar la familia, los amigos y abastecerme de mate. También viajaba mucho por Paraguay y, en particular, por Bolivia para lanzar Aquarius allá”.

Después de tres años en Perú, Patricia recibió una propuesta para trasladarse a Buenos Aires como encargada de la parte de innovación de una nueva unidad de negocios que pasaba a reunir Argentina, Paraguay y Uruguay. Frente a un interesante nuevo reto laboral, volvió a lanzarse a la aventura y se mudó a la capital argentina en mayo de 2015. Tras casi un año en Buenos Aires y cuando menos lo esperaba, recibió una propuesta para regresar a Montevideo Refrescos al frente del departamento de Marketing. Así fue como, en marzo de 2016, regresó a Uruguay.

“Ya voy a cumplir ocho años en el Sistema Coca-Cola y en todo mi camino en la Compañía fui tomando las oportunidades que se presentaban”, cuenta. Y recomienda a quienes quieran imitarla: “Creo que, sin dudas, vivir en el extranjero te permite crecer como profesional, desarrollarte y aprender en varios mercados. Lo que uno debe evaluar antes de lanzarse a tierras desconocidas es si existe una motivación desde el punto de vista personal, porque en definitiva eso es lo que ayudará a sortear las dificultades que aparezcan en el camino”.