“La economía circular fue pensada para convertirse en realidad. Mucho se ha dicho sobre los beneficios de sus principios, como la reutilización, la re-fabricación o la reparación, pero es necesario respaldar el concepto con ejemplos concretos de modo que todos puedan ver que no se trata sólo de una teoría", afirmó a Journey Stephan Sicars, Director del Área de Medio Ambiente de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).

Stephan participó del  Primer Foro de Economía Circular de Latinoamérica, organizado por el Proyecto Biovalor -que reúne a tres ministerios (Industria, Energía y Minería; Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente; y Ganadería, Agricultura y Pesca)-, la ONUDI y la empresa Innodriven y alentó a apostar por este nuevo esquema productivo que convierte en insumo aquello que se creía un desecho.

En el marco del encuentro que tuvo lugar en Montevideo, el representante de la ONUDI  destacó que el paso hacia la circularidad es inexorable. Es que –explicó- cuando el propio mercado entiende que el actual sistema lineal - extracción, fabricación, utilización y descarte- no es necesariamente el ideal ni para el negocio ni para el medio ambiente, el concepto de economía circular gana fuerza.

Muchas compañías ya iniciaron la transición para adaptar su modo de producción a un esquema circular. Entre ellas se encuentra Coca-Cola que, en base a este novedoso concepto, comenzó a mejorar la sustentabilidad de su actividad obteniendo el máximo valor posible de cada recurso que utiliza. Por caso, la Compañía comenzó a utilizar el PET reciclado como insumo para la fabricación de nuevas botellas dándole así una nueva utilidad a lo que antes era considerado un desecho.

"La economía circular es un concepto que apunta a alcanzar beneficios medioambientales pero también económicos, en iguales proporciones. Las empresas están para hacer negocios y si el modelo logra cumplir esa promesa nadie tendrá que forzarlas a hacer la transición. Esa es la belleza de la economía circular: generar posibilidades a través de las cuales las personas pueden ganarse sus vidas y, a través de la eficiencia, generar al mismo tiempo beneficios para la gente y el medioambiente", explicó el experto alemán.

Para dar cuenta de la tendencia “natural” hacia la economía circular Manuel Albadalejo, representante de la ONUDI para Uruguay, Argentina, Chile y Paraguay, puso el foco sobre un aspecto poco conocido del comercio internacional. Entre los años 2000 y 2014 la importación y exportación de desechos industriales creció a un ritmo mucho mayor que el promedio del comercio internacional. Y destacó: “Toda la importación y exportación de los desechos industriales se da en los países más desarrollados y lo único que se puede pensar frente a esto es que entonces lo que se creía que era un desecho es en realidad un recurso”. A esto se debe sumar el fuerte incremento del precio unitario del desecho industrial lo que evidencia una cada vez mayor demanda.

“Existe una tendencia global en torno al incremento en el comercio de los residuos industriales que ya supuso un cambio de paradigma y en la forma de entender qué es un desecho y qué es un recurso. Eso es lo que nos permite anticipar que la economía circular implicará un contundente cambio de paradigma que ya puede comenzar a vislumbrarse en el comercio internacional” explicó Manuel a Journey.

La economía circular en América latina

No existe una fórmula única para encarar la transición hacia la economía circular. Cada país, de acuerdo a sus características productivas particulares, lo hace a su manera. Sin embargo tanto Stephan como Manuel coincidieron en destacar el enorme potencial de la región para avanzar por ese camino al tiempo que calificaron de “sorprendentes” los logros alcanzados en América latina en los últimos años.

“América latina todavía no es consciente de sus avances y de la cantidad y calidad de iniciativas ya puestas en marcha que apuntan a la circularidad como la sanción de leyes de envases o de residuos” aseguró Manuel y agregó que “estamos frente a una región que es muy experimental y que puede crear y poner en práctica nuevas iniciativas que van a consolidar las ya existentes. Países como Argentina, Chile y Uruguay, por ejemplo, ya están apuntando a la revalorización de los desechos agro-industriales y tienen una infraestructura relativamente adecuada para avanzar por ese camino”.

“En el caso de Uruguay –estimó Stephan- seguramente la economía circular incluirá eventualmente mucho trabajo en el sector agrario y agro industrial mientras que en la Argentina, por ejemplo, el foco estará mucho más en la industria manufacturera y en el rediseño de productos. Habrá diferencias y similitudes, pero la región está absolutamente bien posicionada para profundizar la transición hacia la economía circular”.

 

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