En la última década, el ecosistema del Valle de Lunarejo –un paraíso natural de cursos de agua, cerros, cascadas y bosques ubicado en el Departamento de Rivera, al norte del país– viene siendo amenazado por la acción del hombre. El aumento de la población, el sobrepastoreo, la tala del bosque nativo y las actividades extractivas de suelos como canteras para obras de carreteras, fueron las principales causantes de la degradación del suelo, algo que ya es evidente a simple vista.

Revertir la erosión es uno de los objetivos de la iniciativa que lleva adelante la Fundación Instituto del Río Negro (INDRA), con el apoyo de Coca-Cola y de Fundación Avina, ONG latinoamericana enfocada en producir cambios para el desarrollo sostenible.

“La problemática principal es que se va desbastando el monte nativo y su biodiversidad en la medida en que se va desforestando o por la propia presión del pastoreo de los productores familiares que viven en la zona”, explica Aler Donadío, ingeniero agrónomo que preside Indra, sobre esta zona, que posee unas 3.000 hectáreas de monte nativo designadas Reserva de la Biosfera Bioma Pampa por la Unesco.

La erosión del suelo tiene un impacto negativo sobre las nacientes de agua. Por eso, la acción conjunta de las ONGs y Coca-Cola busca generar una huella hídrica positiva mediante la reforestación con pasturas típicas del lugar y la protección de bosques nativos y pastizales.

En los lugares del Valle del Lunarejo en los que el monte perdió su vegetación, el programa prevé la reforestación con pasturas autóctonas. Se incorporarán al bosque nativo unas 2.800 plantas de especies originarias del lugar que desaparecieron en los últimos 50 años, como lapachos, coronillas, sauces criollos, anacahuitas nativas, arueras, caobeti y variedades de pitanga, entre otras.

El área protegida señala el Valle de Lunarejo, zona donde se trabaja para recuperar suelos degradados.

Con la participación de los productores

El proyecto se desarrollará en el transcurso de los próximos cuatro años e involucrará activamente a la comunidad, al gobierno local y ONGs. “Los propios productores del Lunarejo participaron en el plan de manejo del valle, con lo cual todas las actividades que están previstas con Fundación Avina y con Coca-Cola fueron acordadas con ellos”, destaca Aler.

Su involucramiento es clave. El manejo poco sustentable del ganado es una de las acciones más perjudiciales para el suelo, ya que impacta negativamente en la vegetación autóctona y esto influye en la degradación de las nacientes de agua y de los ríos y arroyos a los que dan lugar.

“Muchos de los productores saben lo que tienen que hacer –dice el ingeniero agrónomo– pero las inversiones son importantes y no pueden afrontarlas porque son productores pequeños”. De acuerdo a la definición del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay, un productor familiar del norte uruguayo es quien tiene una superficie de 500 hectáreas con un índice productivo de CONEAT 100 (se trata de un índice que determina la capacidad del suelo evaluado en kilos de carne o lana por hectárea), vive en el campo con su familia y tiene a su cargo dos o menos empleados.

El proyecto busca concientizar y dar herramientas a los productores para que sean ellos mismos los custodios del monte nativo y garanticen el cuidado de las nacientes de agua. Es decir, que continúen con sus actividades ganaderas, pero minimizando el impacto que estas tiene sobre el recurso hídrico.

Para lograrlo, por un lado, se brindarán materiales que explican cómo hacer más sustentable la producción ganadera. Por el otro lado, los productores recibirán a su vez asistencia técnica por parte de biólogos, técnicos en recursos naturales, agrónomos y veterinarios. “Los productores familiares beneficiarios recibirán asesoramiento técnico continuo sobre conservación y recuperación de bosque nativo y nacientes de agua. También sobre pastoreo selectivo conservacionista y eliminación de especies invasoras”, explica Aler.

Además de la capacitación, el proyecto implica una inversión directa para asistir a por lo menos 35 productores familiares de la zona. Con ella podrán, por ejemplo, aislar las nacientes de agua con alambrados para que los animales no pasen y colocar bebederos dentro de sus propiedades. “La meta es bajar la presión de pastoreo de los animales en los lugares clave, para que se reponga la flora nativa”, añade Aler.

Entre la asistencia técnica, las capacitaciones en educación ambiental y la inversión, el ingeniero estima que en cuatro años “va a haber un cambio muy importante en el Valle del Lunarejo”.

“Cuando el monte vuelve a reverdecer permite la captura del agua que regresa a las napas y es todo un círculo virtuoso”, dice Silvina Bianco, Gerente Senior de Asuntos Públicos para Coca-Cola en Uruguay y Paraguay, quien agrega que el apoyo al programa se enmarca en el compromiso de la Compañía con el cuidado del agua. Y agrega: “Este compromiso apunta a reducir el uso de agua dentro de las plantas elaboradoras, reciclarla a través del tratamiento de efluentes, y conservar y reabastecer el agua que utilizamos a la naturaleza a través de diferentes proyectos. La meta global de Coca-Cola para 2020 es reponer el 100% del agua que usa en sus productos. Pero la idea no es sólo devolver sino, ¡ir por más!.”



Fuente: Canal de Youtube The Coca-Cola Co.