En la actualidad, más de 600 millones de personas en todo el mundo carecen de acceso directo al agua. Por eso es importante llamar la atención sobre este tema, ya que el vértigo con el que vivimos hace que muchas veces no valoremos el enorme privilegio que significa poder abrir una canilla en nuestras casas y contar con agua potable. Basta pensar en todas las veces al día que lo hacemos, casi sin darnos cuenta.

La forma más directa en la que impacta la escasez de agua potable es en la salud: hay muchas enfermedades asociadas a su falta, como cólera o hepatitis. Pero también hay que tener en cuenta lo que implica para muchas personas el tener que recorrer grandes distancias para buscar el agua que usan a diario.

En Uruguay poseemos muy buenos recursos hídricos, tanto superficiales como subterráneos. Para uso de la población, los más importantes son la cuenca del río Santa Lucía y la Laguna del Sauce; mientras que desde punto de vista de la generación hidroeléctrica hay que mencionar a las cuencas del Río Negro y el Río Uruguay.

Lamentablemente, tanto el río Santa Lucía como la Laguna del Sauce se encuentran bastante afectados por los usos indiscriminados a los que fueron sometidos a través de los vertidos de los centros urbanos, industriales y agropecuarios. En este sentido, es imperioso lograr un acuerdo general entre todos los actores de la sociedad para que, básicamente, se establezca un uso consciente que  permita conservar el agua a largo plazo

Para Santiago Larghero es clave generar acciones para cuidar el agua.
 En nuestro territorio se encuentra también parte del acuífero Guaraní, una de las reservas subterráneas más importantes de agua dulce de la región, que se comparte entre cuatro países y todavía no está siendo utilizada. Ya existen acuerdos y protocolos de conservación y, seguramente, en el futuro será una de las principales fuentes de agua de buena calidad para la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Durante muchos años, en Uruguay pensamos que al tener muy buenos recursos, no tendríamos ningún tipo de problema con ellos. Sin embargo, hoy hay varias cuencas del área metropolitana contaminadas, algo que redunda en un impacto negativo en la calidad de vida de la población local. Si se sigue usando el recurso al ritmo actual y no se toman medidas correctivas, la calidad va a llegar a un límite en el que los costos y el tiempo para recuperar van a ser muy altos. Ahora bien, es importante resaltar que si se aplican las conductas adecuadas, en un plazo de 10 años podríamos revertir la situación.

Las soluciones no son fáciles, ni se lograrán a corto plazo. Tenemos que cambiar dramáticamente la forma en la que vemos al agua como un recurso y la manera en la que la utilizamos para que siga siendo de buena calidad. Creo que todos los actores en Uruguay están empezando a asumir el problema y tienen voluntad de administrar este recurso de una forma más eficiente. Esto implica llegar a acuerdos sobre el uso del agua que transciendan a los gobiernos; un proceso sumamente complejo.

Un buen ejemplo que refleja este cambio es el Proyecto de la Fundación Instituto del Río Negro (INDRA), que desarrollamos en el Valle del Lunarejo (Rivera) en conjunto con Coca-Cola, la Fundación Avina, la Intendencia Departamental de Rivera y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Nuestro objetivo es preservar las nacientes de los cursos de agua, mediante la conservación del monte nativo dentro del área protegida. Esta iniciativa marca un hito desde el punto de vista de cómo se pueden generar acciones para cuidar el agua.

Si bien es cierto que, en el término convencional de la definición, el agua es un recurso renovable,  hoy estamos llegando a un límite que lo convierte en escaso, por el deterioro de su calidad. Es fundamental conservar el agua, usarla con responsabilidad y, sobre todo, enseñar estos valores a los niños, que son quienes representan el futuro.


 

Santiago Larghero es Ingeniero Agrónomo y Secretario de la Fundación Instituto del Río Negro (INDRA).

INDRA trabaja desde hace 10 años en el norte de Uruguay, en todo lo que es el desarrollo sostenible de las comunidades rurales, con énfasis muy importante en el uso y conservación del agua.

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