No hay otra manera, se aprende sobre la marcha. Y el desafío que plantea la economía circular a las empresas en su camino hacia mejorar la sustentabilidad no escapa a esa lógica. Así lo dejó en evidencia Kevin de Cuba, director de la Fundación para el Desarrollo Sustentable de las Américas (ASDF) al participar del Primer Foro de Economía Circular de Latinoamérica que se realizó en Montevideo, organizado por el Proyecto Biovalor que reúne a tres ministerios (Industria, Energía y Minería; Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente; y Ganadería, Agricultura y Pesca); la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y por Innodriven.

“El mayor reto que enfrenta América Latina en cuanto a la transición hacia la economía circular es saber qué es. Según un estudio, de 148 artículos publicados sobre el tema, apenas 114 de ellos definen el término y he notado que eso también pasa entre nosotros, que somos expertos en el medio. Arrancamos con ideas, conceptos e iniciativas pero cada uno utiliza un lenguaje y un enfoque distinto” aseguró Kevin durante su exposición.

Definir para avanzar

En esa línea, el experto en tecnología ambiental y desarrollo sustentable advirtió sobre los peligros que implica la falta de unificación y consenso en torno a un concepto que apuesta a sentar las bases para un nuevo modelo restaurador y regenerativo. “Un concepto que carece de coherencia puede estancarse o incluso colapsar y nosotros tenemos que impedir que eso ocurra. Si queremos seguir avanzando debemos hablar el mismo idioma, tener el mismo objetivo” aseguró.

Con esa meta fue que Kevin fundó la Plataforma de Economía Circular de las Américas que incluye a todos los países “desde Canadá hasta Chile” y que alienta el diálogo on line entre expertos de la región de modo de ir aunando criterios sin dejar de lado las particularidades propias de cada país y cultura.

“Desde el lanzamiento de la plataforma, en 2016, logramos identificar el nivel de apetito por la economía circular en las Américas. El término está ganando importancia como un medio de acción para ayudar a crear un nuevo modelo industrial y sistema económico que esté mejor alineado con las reglas de la naturaleza, mientras que permite a los seres humanos mantener los estándares de vida moderna” explicó a Journey.

En definitiva la economía circular propone un cambio sistémico radical al modo de producción, que apunta al ecodiseño, la simbiosis industrial, la economía de la funcionalidad, la reutilización, la reparación, la remanufactura y la valorización. Este enfoque “promueve la innovación y la resiliencia a largo plazo, al tiempo que permite el desarrollo de nuevos modelos de negocio”.

En ese sentido muchas compañías ya empezaron a tomar medidas concretas apoyadas en alguno de los conceptos de la economía circular. Es el caso de Coca-Cola, por ejemplo, que hizo de la sustentabilidad el eje de su transformación empresarial.

Según Kevin, una de las ventajas centrales de este nuevo enfoque, además de los beneficios desde el punto de vista comercial que incluye la reducción de costos, es que la compañía se convierte en un factor positivo para la sociedad al beneficiar a su entorno.

En ese sentido, el experto aventuró que una transición hacia la economía circular podría hacer que los países de la región dejen de lado su marcado cariz exportador de materias primas, altamente dependiente del mercado asiático, para dar el tan demorado como ansiado salto hacia una mayor industrialización.