A finales de noviembre de 2015, la ciudad de Chennai, India, sufrió las peores lluvias e inundaciones en un siglo. El costo humano y económico para esta metrópoli de nueve millones de habitantes fue enorme.

El cambio climático está aquí. No es una discusión teórica, sino una realidad evidente. La buena noticia es que el mundo está despertando a esta realidad y tomando medidas. En 2014, representantes de 190 países participaron en una mega reunión de dos semanas de duración que se llevó a cabo en París, Francia, para llegar a un acuerdo sobre las reducciones agresivas en las emisiones de carbono (los gases que están cambiando el clima y el tiempo).

Este enorme cónclave atrajo el apoyo de líderes políticos y empresariales para las negociaciones. Luego de esa reunión, docenas de directores y presidentes de las principales compañías multinacionales firmaron múltiples declaraciones de apoyo a un sólido acuerdo global. Un total de 188 países se comprometieron a reducir las emisiones de carbono, lo que tendrá un enorme impacto en las economías y negocios de todo el mundo.

En línea con este compromiso, sin embargo, muchas empresas grandes decidieron no quedarse con los brazos cruzados y ya están tomando medidas para reducir su huella de carbono. En la actualidad, la mayoría de las compañías más grandes del mundo tienen objetivos específicos para reducir las emisiones, y más de 50 multinacionales se han comprometido a utilizar 100% energía renovable.

Tres grandes macro tendencias están empujando a las compañías a subirse a bordo del tren de la acción climática, y a examinar a fondo su impacto en el mundo:

1) el cambio climático y sus costos económicos;

2) la preocupación por la disponibilidad de recursos en un mundo lleno de gente;

3) el aumento de la transparencia y las expectativas de sinceridad de las compañías y sus productos.

Estas nuevas expectativas provienen, particularmente, de la hiperconectada generación Millennial. Estos jóvenes ciudadanos, quienes hoy conforman el mayor segmento de la fuerza laboral, quieren que las compañías para las que trabajan y a las que les compran productos tengan un propósito más grande y hagan lo correcto por el mundo.

Analicemos las tres macro tendencias. En primer lugar, un cambio climático no es bueno para los negocios. Superficialmente, sus efectos podrían aparecer como algo que sólo debe preocuparles a los gobiernos y a los ciudadanos. Pero consideremos lo que significa realmente un clima cambiante. Después de 150 años de arrojar gases de calentamiento global a la atmósfera, claramente estamos viviendo en un mundo más cálido: en 2014, la temperatura promedio en todo el mundo fue la más alta registrada en la historia, y 2015 venció esa dudosa marca por un amplio margen. Pero no sólo los termómetros se rompen; el cambio en el sistema atmosférico está causando un clima mucho más perjudicial, que incluye inundaciones, sequías y tormentas.

En Chennai, India, las compañías están sintiendo los impactos directos y los costos de un clima más extremo. Muchas multinacionales tienen fábricas e instalaciones en la región y los edificios se inundan y no pueden operar. Dado el gran gasto que implican los cierres de producción una empresa puede quedar, literalmente, bajo el agua.

Pensemos, por ejemplo, en los retos de manejar una compañía mundial de alimentos, cuando las regiones más cálidas en permanente crecimiento se convierten en lugares inhóspitos para los cultivos que normalmente crecen allí. El aumento de las sequías se convierte rápidamente en una restricción de los recursos fundamentales; no hay suficiente agua para cultivar alimentos o para hacer tu producto, si sos, por ejemplo, una compañía gigante de bebidas.

Debido a estas presiones, compañías como Coca-Cola, General Mills y Kellogg’s se han fijado metas agresivas para reducir el carbono no sólo en sus propias operaciones, sino en su cadena de valor. Esto significa que también quieren medir y reducir las emisiones de sus proveedores. Este tipo de pensamiento sistémico está dominando múltiples sectores, desde la producción de bienes de consumo y electrónicos, hasta la industria pesada.

Además de la presión sobre el negocio, todas sus acciones se están dando en un mundo que cada vez más se encuentra bajo un microscopio. La transparencia impulsada por la tecnología está abriendo todo lo que hace una compañía al escrutinio de los clientes, de las comunidades, de los empleados o de cualquier otra entidad que se preocupe.

En la industria alimentaria, una vez más, la presión está aumentando. Hoy en día los consumidores quieren saber más acerca de lo que hay en lo que comen y beben, creando lo que el negocio está llamando el movimiento "etiqueta limpia". En esencia, las personas quieren saber de dónde viene su comida. Pero también quieren hacer que las compañías administren sus impactos en el mundo, incluyendo su aporte al cambio climático. Ellos quieren que los alimentos y otros productos se hagan de forma responsable.

En una de las muchas conferencias de negocios que se llevaron a cabo en conjunto con las negociaciones oficiales en París, el Director Ejecutivo y Presidente de Kellogg’s, John Bryant, describe por qué "hacerle frente al cambio climático es crucial" para su compañía. Él destacó la creciente demanda de los consumidores sobre cómo su comida contribuye con un mundo sustentable, y también el riesgo directo que representan los impactos meteorológicos para las "cadenas de suministro frágiles". Básicamente, Bryant describió cómo las macrotendencias climáticas, los recursos y la transparencia afectan directamente a su compañía.

Evidentemente, los riesgos para los negocios van en aumento. Dicho esto, la verdadera historia sobre por qué la sociedad y las compañías están actuando sobre el cambio climático, es mucho más positiva. Para los negocios, hay mercados de varios miles de millones de dólares en juego; el mundo está empezando a rediseñar el transporte, la energía, los edificios, los alimentos, los productos de consumo y las finanzas, para construir una sociedad baja en carbono que funcione para todos. Al final, un mundo próspero es un mundo más rentable.

Y es por eso, inclusive con considerable evidencia a nuestro alrededor, que en realidad no importa si todo el mundo "cree" en el cambio climático. Para apoyar las discusiones sobre el clima, el ex gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, escribió en Facebook un post franco y poderoso haciendo de este el punto más grande. Él plantea algunas preguntas que cualquier persona que esté luchando con la transición hacia una economía de energía limpia preguntaría. Y esas preguntas se resumen en una sola: "¿Por qué no te gustaría construir un mundo más sano y rentable?"

Desafortunadamente, el cambio climático no va a desaparecer pronto, pero tampoco lo hará el impulso global para hacer algo al respecto. Cada día se unen más compañías, porque no tienen otra opción que enfrentar las triples amenazas del clima, los recursos y la transparencia. Pero también están cambiando la forma de hacer negocios, ya que, como señala Schwarzenegger, es una opción inteligente.

Hoy tenemos una oportunidad única para cambiar la forma en que funciona el mundo y construir sociedades y ciudades más resistentes. Este es el único camino hacia un mundo próspero para lo que serán nueve o 10.000 millones de personas, así que pongámonos a trabajar.


Andrew Winston es asesor, orador y escritor mundialmente reconocido a nivel mundial en el área de estrategia de negocios y megatendencias. Es el autor de “The Big Pivot” y coautor del bestseller internacional “Green to Gold”.