Una historia de superación, celebración de la diversidad y mujeres empoderadas que, gracias a su perseverancia e inteligencia, rompen con los moldes y logran cosas increíbles. La combinación de ingredientes resulta aún más potente porque relata un hecho real: la experiencia de tres mujeres de raza negra, expertas en matemáticas, que en los años ´60 fueron reclutadas por el programa de mentes brillantes de la NASA, cuyo trabajo resultó el punto de partida para que los Estados Unidos enviaran por primera vez un hombre al espacio.

La historia, irresistible para la pantalla grande, inspiró el guión de “Talentos ocultos” (Hidden figures), película con tres nominaciones a los premios Oscar que desde el 9 de febrero puede verse en Uruguay.

Coca-Cola tuvo su lugar en esta emocionante e inspiradora aventura gracias a una imagen de archivo de la NASA, en la que se ve a cuatro de sus empleados disfrutando la bebida durante una pausa de trabajo. La señora que aparece a la izquierda de la foto tomándose una Coca-Cola es, ni más ni menos, Dorothy Vaughan, una de las heroínas de la historia.

Por eso, y porque su vida refleja la importancia del empoderamiento de la mujer, un valor que promueve Coca-Cola, en Journey queremos dedicarle esta nota.

Inteligente, valiente y pionera

Dorothy Jonhson (ese es su apellido de nacimiento), nació el 20 de septiembre de 1910 en la ciudad de Kansas, Estados Unidos. Tras obtener su diplomatura en matemática, rechazó las sugerencias de sus profesores para profundizar sus estudios y comenzó a trabajar como maestra para ayudar económicamente a su familia, que sufría las consecuencias de la gran crisis del ´30. A los 22 años se casó con Howard S. Vaughan Jr., con quien tendría cuatro hijos.

Su gran inteligencia y su tezón la llevarían mucho más lejos: en 1943 fue reclutada para el Centro de Investigación de Langley de la NACA (National Advisory Committee for Aeronautics, luego devenido NASA, la Agencia Espacial de los EE.UU.). El Centro había empezado a promover la contratación de mujeres matemáticas capaces de realizar complejas operaciones y ecuaciones. Dorothy, como el resto de las mujeres afroamericanas admitidas, fue ubicada en la West Area Computers, la zona oeste del amplio edificio, separada del resto de los trabajadores, tal y como dictaban las leyes segregacionistas de la época. 

Le bastaron sólo seis años para convertirse en la primera mujer de raza negra en supervisar a un grupo de trabajo en la NASA. Sin embargo, debió esperar dos años más para que el rol que ocupaba fuera reconocido oficialmente. "Cambié lo que podía, y lo que no pude, lo soporté”, declaró Vaughan años más tarde.

Vaughan fue una ferviente defensora de su equipo de trabajo –todas mujeres matemáticas negras-, e incluso actuó en nombre de otros equipos conformados por gente blanca que merecían promociones o aumentos de sueldo, algo inédito para la época. Sus superiores pedían habitualmente su consejo para seleccionar a los mejores talentos para asignar a proyectos específicos.  Su trabajo en la NASA se extendió por 28 años y fue el puntapié inicial para lo que más tarde se convertiría en el programa espacial estadounidense. "Teníamos la sensación de estar en la vanguardia de algo muy emocionante", confesó en una entrevista realizada en 1994.

Durante su carrera fue testigo de cambios históricos, entre ellos el fin de la segregación racial en la NASA. Además de su brillante trabajo y de la crianza de sus cuatro hijos, Vaughan era una mujer comprometida con sus ideales: era miembro de la Alpha Kappa Alpha, una hermandad global de mujeres afroamericanas universitarias que entre los años ´50 y ´70 luchó activamente por los derechos civiles, y la African methodist episcopal church, donde participaba en misiones comunitarias.

Vaughan se retiró de la Agencia en 1971 y falleció a los 98 años de edad, en 2008. Mujer de dos siglos, murió en un mundo muy distinto del que la vio nacer. Esos cambios los gestaron personas como ella, que no se dejaron limitar por condicionantes que nada tienen que ver con las capacidades de un ser humano. Fue protagonista privilegiada de la frenética carrera espacial estadounidense, del fin de la segregación racial, y del avance de las mujeres en el mundo laboral. Una vida que, en Journey, creemos merece ser celebrada.