En los diarios del 5 de diciembre de 1943, un aviso a página entera sorprendió a los uruguayos. “La bebida predilecta de Norteamérica, Coca-Cola, deliciosa y refrescante… se produce por primera vez en el Uruguay”, informaba.

El anuncio público fue la coronación de un proceso que se había iniciado casi un año antes, cuando Morton S. Hodgson, la persona escogida por la Compañía para instalar una planta embotelladora de Coca-Cola en la capital del país, arribó a Montevideo.

Eran los inicios de 1943. Y, apenas desembarcó, el hombre alquiló una oficina en la calle Juncal 1414. Su primera tarea fue conseguir que le colocaran teléfono; la segunda, poner un aviso-recuadro a tres columnas en el matutino El Día, en el que solicitaba personal para ventas del refresco. Luego, se dedicó a buscar el lugar para instalar la planta donde se embotellaría el concentrado que enviaban desde Atlanta. Se decidió por el sitio que ocupaba la Fábrica de Mosaicos y Baldosas Debernardis, en Dr. Enrique Pouey 2330.

El día señalado amaneció oscuro y lluvioso. Los siete vendedores seleccionados estaban ansiosos e impecables con sus uniformes verde oscuro y gorra del mismo color, con el disco rojo y las letras blancas del logo de Coca-Cola en la visera. A pesar del clima, los triciclos abiertos –el primer medio de transporte con el que se repartió Coca-Cola– no fueron un impedimento para que los hombres desafiaran la lluvia y salieran a ofrecer, por primera vez, la bebida tan esperada.

Sin embargo, ese primer día no fue lo que habían soñado. Todos volvieron desanimados por el poco éxito: habían vendido apenas 18 botellas. Mr. Hodgson, que los llamaba “mis pioneros”, los felicitó y les dio ánimo. Les dijo que sólo era cuestión de esperar a que la gente probara la gaseosa para que se desataran pedidos masivos. No se equivocó: al poco tiempo, el propietario de “La Giralda”, en Bulevar Artigas y Brandzen, les pidió que le dejaran un cajón de 24 unidades y, así, se convirtió en el primer cliente de Coca-Cola en Uruguay.

Desde ese momento los pedidos se multiplicaron y nunca se detuvieron en estos 74 años ininterrumpidos de historia compartida.