De su reciente viaje a Londres, Roberto Arambillet volvió a su casa de Solymar –en el departamento de Canelones– con sobrepeso en el equipaje. Las valijas contenían parte de su colección de botellas de Coca-Cola, aquellas con las que representó a Uruguay en la Coca-Cola Fair que se realizó en la ciudad británica el 18 de septiembre de 2016, y que reunió a coleccionistas de todo el mundo. Sin embargo, la principal razón del exceso de peso radicaba en las nuevas adquisiciones que incorporará a la colección más importante de artículos de Coca-Cola de Uruguay. Allí estaban, por citar un caso, las ediciones especiales de botellas de aluminio del London Eye –el conocido mirador con forma de vuelta al mundo de la capital inglesa–, que sólo se venden en ese lugar.

“Cuando uno viaja a una convención, trata de llevar las ediciones de Uruguay para poder intercambiar con los coleccionistas de otras partes del mundo. Intercambiar es algo completamente maravilloso, porque no se persigue un fin económico sino tener esa pieza que se está buscando. Es compartir con otro la misma pasión”, cuenta Roberto, de 55 años, socio del Club de coleccionistas de Coca-Cola de Minnesota, el más antiguo de los Estados Unidos, y del Club de coleccionistas de Coca-Cola de Argentina.

Roberto asegura que se siente un embajador de la marca de bebidas que lo acompaña desde su infancia. “Coca Cola es la única bebida que tomo desde niño. Yo no tomo alcohol, nunca en mi vida tomé una cerveza o un vaso de vino o whisky. En mi casamiento en vez de brindar con champagne tomé Coca-Cola –recuerda–. Después me dediqué al marketing y ahí se aunaron dos pasiones”. Se refiere a su pasión inicial por tomar Coca-Cola con su interés por una empresa cuya estrategia de marketing le resultó inspiradora. “Vi en Coca-Cola una compañía cuyos productos me permitían analizar las acciones de comunicación, la distribución y otras cuestiones desde un punto de vista más amateur, no tan profesional, a partir de una pasión que tenía desde chiquito”, agrega.

Roberto representó a Uruguay en la Coca-Cola Fair de Londres con su colección de botellas de Coca-Cola.

Un paseo por la colección

¿Cuándo comenzó a coleccionar artículos de Coca-Cola? y ¿cuál es el objeto más querido de toda su colección? son dos preguntas inevitables para hacer a alguien que ha llegado a tener más de 4.000 artículos prolijamente inventariados en una planilla de Excel. La misma consigna país de origen, descripción (botella de aluminio, de vidrio, etc.), procedencia (comprado y a qué precio, intercambiado, obsequio), y si pertenece a una promoción o a una serie, entre otros datos. Sin embargo, a Roberto le cuesta dar precisiones al respecto.

“Es muy difícil decir cuándo uno empieza a ser un coleccionista, porque se da de una manera imperceptible. Yo vivía en un apartamento, después nos mudamos a una casa cuando nuestros hijos caminaban y precisaban espacio. Y ahí dije: cuando haga la barbacoa voy a empezar a ambientarla con artículos de Coca-Cola, que es mi pasión. Y sin darme cuenta fui empezando a juntar. Los amigos y los compañeros del banco en el que trabajaba sabían, cuando viajaban, que siempre el mejor regalo para mí era traer una botella de Coca-Cola de alguna parte del mundo”, señala Roberto, ya jubilado tras haber llegado al ocupar un puesto gerencial.

La barbacoa de su casa en Solymar está decorada con artículos de su colección. Esta se despliega prolijamente por las estanterías que cubren las paredes de una habitación que construyó a su lado especialmente para albergarla. Hay botellas de Coca-Cola con motivos deportivos, navideños y de todo un mundo de temáticas; Roberto señala, por ejemplo, una edición especial diseñada por Jean-Paul Gautier, que le trajo su hija de viaje, o una botella dorada que es un edición conmemorativa de Japón por los 100 de Coca-Cola en ese país, que le trajo un amigo de su hija. Todos los objetos tienen una historia detrás.

“Algunas quizás sean las botellas más representativas de la historia de Coca-Cola en Uruguay, como la edición conmemorativa del primer día que se embotelló Coca-Cola Diet en mayo del ´90, o la de la campaña ´Tomá lo bueno´, de los ´80, que viene en un pack de acrílico y tiene una frase muy linda: ´Ver la botella medio llena o medio vacía depende de vos´”, señala Roberto. Aclara que no puede responder a la pregunta de cuál es el artículo que más quiere: “Es como que me digan que elija entre mis dos hijos a quién quiero más. No hay una botella o un artículo que sea el predilecto. Si hay un incendio no elijo uno, los saco a todos”.

Roberto alienta fervientemente el coleccionismo, y aporta algunos consejos para poder llevarlo a cabo de una forma sana. El primero es no invertir grandes sumas de dinero; el segundo, restringir el tipo de artículos cuando se trata de un elemento de colección que tiene objetos infinitos (como Coca-Cola). “Uno comienza coleccionando de todo y después trata de ir haciendo foco en lo que le gusta más o lo pueda diferenciar”, explica. En su caso, su colección tiene como eje principal las botellas de aluminio y las de vidrio.

“Espero despertar el interés en muchos niños y jóvenes de ser coleccionistas –anhela Roberto–, porque es algo realmente muy lindo.”

Fuente: Canal de Youtube The Coca-Cola Co.