Si bien Shirley Hasley hizo historia en el mundo de la publicidad, lo cierto es que antes de eso ella ya había sido pionera en el ámbito de su trabajo cotidiano. En 1965, fue la primera maestra afroamericana contratada en Mill Valley, un barrio predominantemente blanco y acomodado de San Francisco. Recién recibida de la Universidad Estatal de California, lo que debería haber sido un momento emocionante para una joven profesional, en verdad estuvo cargado de tensión por la política racial en los Estados Unidos de esa época.

“No fue un buen momento para mí. Los padres de los chicos no me querían e iban a protestar. No era el tipo de bienvenida que deseaba”, recuerda hoy, 52 años después.

Sin embargo, gracias al apoyo del supervisor del distrito escolar, y una fuerte confianza en su fe, Hasley logró mantener su puesto de maestra. Fue después de estos incidentes, cuando un encuentro casual hizo que Coca-Cola llegara a su vida de manera inesperada. Recién comenzaba el año 1966.

“Estaba cruzando la calle rumbo a mi auto y una persona de relaciones públicas de Coca-Cola me dijo: 'Estamos por comenzar una nueva campaña publicitaria que pienso que le podría interesar'”, rememora. “Me tomó una Polaroid y dijo que la iba a enviar a la sede central y, si yo les gustaba, avanzarían con la propuesta”.

En efecto, Coca-Cola estaba trabajando en una nueva campaña que tenía como protagonistas a profesionales afroamericanos, incluidos médicos, abogados y maestros, para una serie de avisos en los que les preguntaban a los lectores “¿Todo va mejor con Coca-Cola?”.

Antes de apelar a personas de la “vida cotidiana”, la mayoría de los primeros avisos de Coca-Cola que mostraban afroamericanos se centraban en héroes deportivos y figuras del entretenimiento.

“La intención era bastante obvia”, explica el archivista de Coca-Cola, Ted Ryan. “La Compañía había estado produciendo avisos centrados en afroamericanos desde 1950, y esta serie era la manera de intentar normalizar el tema racial en Estados Unidos”.

‘Cuando volví de la sesión de fotos, todos estaban muy emocionados. Así fue como comenzaron a aceptarme en la comunidad. No resolvió todos los problemas, pero fue una manera de formar parte de ella’.

Para su gran sorpresa, el lunes siguiente Hasley recibió el llamado para participar en un aviso, algo que inicialmente quiso postergar debido a su inminente casamiento. Sin embargo, Coca-Cola persuadió a la joven maestra para que volara a Nueva York en diciembre de 1966 y participara de la sesión de fotos, como parte de su “Luna de miel”.

“Estaba muy contenta porque me pude hospedar en el Hotel Plaza, que era  muy lujoso”, recuerda Hasley. “Me emociona tan solo recordarlo. Me abrió mucho los ojos. A mí me gustaban los caballos y pudimos hacer una parte de la sesión en el Central Park con caballos. Realizamos tomas, tomas y más tomas. ¡Fue un trabajo arduo!”.

Otro aspecto que según Hasley hizo tan especial esa sesión fue que quien tomaba las imágenes era el renombrado fotógrafo Richard Avedon. Se hicieron en una escuela local, el Hotel Plaza y el Central Park, como parte del tríptico para la publicidad. Cuando los avisos aparecieron en en el otoño de 1967 en revistas como Ebony y Jet (N. de la R.: dos conocidas publicaciones dirigidas al mercado afroamericano de Estados Unidos, que todavía siguen vigentes), tuvieron fuertes repercusiones en la comunidad de Hasley.

Esta foto de Hasley de una campaña gráfica de Coca-Cola de 1967 apareció en las revistas Jet y Ebony.

“Cuando volví de la sesión de fotos, todos estaban muy emocionados”, dijo. “Así fue cómo comenzaron a aceptarme. No resolvió todos los problemas, pero fue una manera de integrarme a la comunidad”.

Luego de los avisos de Coca-Cola, Hasley trabajó como modelo en algunas otras oportunidades, pero se dio cuenta de que su verdadera vocación estaba en el aula. “Hizo que me cuestionara qué era lo importante. Si hubiera seguido haciendo comerciales, no habría tenido mi carrera de maestra”, declaró. “Estoy feliz de haber tomado la decisión de continuar en la enseñanza.”

Hasley fue maestra de escuela primaria durante 38 años antes de jubilarse y trabajar en causas solidarias en su comunidad. Hace poco se volvió a casar y, como parte de su Luna de miel, viajó a Atlanta y visitó el World of Coca-Cola. Para su sorpresa, los empleados la reconocieron y la llevaron a recorrer el lugar.

Hasley lo tomó como una señal de que, después de tantos años, ella y Coca-Cola todavía siguen conectadas.

“En aquel momento, realmente no pensaba en lo que significaba el aviso”, comentó la maestra. “No tenía planes de ir más allá. Pero ahora que es un recuerdo del que estoy orgullosa, me complace ser parte de los primeros modelos (afroamericanos). Estoy feliz de que sea parte de mis memorias y haya sido un punto central en mi vida durante todos estos años.”