Los recreos en el Colegio Paulo Freire, de Montevideo hoy no son los mismos que a principios de año. Los niñas y niños de cuatro grado ya no juegan separados por curso, sino que se divierten juntos, ya sea saltando a la soga o jugando al básquet. “Se logró una muy buena integración entre los dos cuartos a partir del programa Dale Juguemos en el que participaron”, asegura Carolina Medeiros, docente del colegio, que destaca que el programa educativo tuvo un impacto muy positivo en la interacción entre los alumnos. “Antes andaban separados: 4° A por un lado, 4° B por el otro. Ahora se mezclan y hay menos peleas entre ellos, y siempre están buscándose para jugar”, asegura.

Llevado adelante por la ONG Jóvenes Emprendedores, con el apoyo de Montevideo Refrescos, embotelladora de Coca-Cola en Uruguay, y Fundación Coca-Cola, el programa educativo se desarrolló entre 2012 y 2016. Este último año involucró a 2.000 alumnos de 45 colegios de Montevideo y del interior del país, un número similar al del total de los que participaron en todas las ediciones anteriores.

Uno de los aspectos más destacados de Dale Juguemos es el lúdico, pues hace del recreo un momento especial para que sean los propios niños los que naturalicen conductas positivas, como el respeto por el prójimo, la tolerancia y el valor del trabajo en equipo. También incentiva su desarrollo mediante el aprendizaje de buenos hábitos relacionados con la alimentación saludable y la actividad física.

A nivel operativo, el proyecto consistió en que los recreadores y capacitadores de Jóvenes Emprendedores visitasen las escuelas para compartir con las maestras los contenidos y guías del proyecto para que ellos, después, trabajasen durante cinco semanas con los alumnos en el aula.  Pablo Marroche, Director Ejecutivo de Jóvenes Emprendedores, comenta, en relación a la implementación: “Se realizaba una visita al centro educativo, que se llamaba ´recreazo´, donde con distintas herramientas lúdicas y materiales deportivos y recreativos, se ponían en práctica todos los conocimientos aprendidos”.

Dale Juguemos tiene una combinación muy interesante de actividades en el aula y en el recreo. Las maestras pueden trabajar los contenidos del programa en el aula y después ponerlos en práctica en el momento preferido de los alumnos, que es el recreo, donde están divirtiéndose, se están integrando, y donde se relacionan con alumnos de otras clases”, agrega Marroche.

El programa tuvo un efecto multiplicador. “Además de los 2.000 niños que participaron este año y tuvieron el impacto directo, hay muchos niños de las escuelas que también pudieron utilizar los materiales educativos y recreativos, e incluso se pudo extender también a la familia”, dice Marroche. Comenta Mederios que “los niños tenían un juego [un Twister] que llevaban una vez a la semana para jugar en familia, y después al otro día contaban cómo habían jugado, si les había gustado, si se habían integrado”.

“Los comentarios recibidos de los padres fueron altamente positivos. Las familias se sintieron integradas y vivieron una vez más al colegio de puertas abiertas, que es algo fundamental para nosotros, que apostamos a eso –afirma Beatriz Fernández, directora del Colegio Paulo Freire–. Este proyecto nos abrió la posibilidad una vez más de abrir las puertas a la familia”.

Un recreo olímpico

“Saltar la cuerda”. Eso es lo que más le gusta hacer a Sofía Báez, de nueve años, en el recreo del Colegio Paulo Freire, algo que ahora hace con sus compañeros de ambos cuartos. Sofía guarda con especial cariño recuerdos del Recreo Olímpico, la celebración de cierre de Dale Juguemos, de la que participaron unos 1.200 alumnos de diferentes escuelas de Montevideo. “Fue una jornada en la que además de la puesta en práctica de todas las herramientas y actividades del programa se propuso la integración de las diferentes escuelas –señala Marroche–. Incluso compartieron un show de magia para todos los chicos y, finalmente un desayuno.”

Mauro Zunin, alumno de 4° del Colegio Paulo Freire, recuerda su llegada al Recreo Olímpico. “¡Cuando bajamos del ómnibus había un malabarista subido a unos zancos!”, relata y enumera algunas de las cosas que aprendió con el programa: “Dale Juguemos me hizo aprender que tenía que hacer un poco más deporte, hidratarme bien y comer más variado”.

La integración fue uno de los focos del programa.

Fernández destaca los valores puestos en juego durante el paso del programa educativo por el Colegio, que hizo hincapié en el trabajo y el juego en grupo: “Esto hace que haya una regulación entre los niños, que aprendan a escucharse, a saber que va a haber uno que va a tener que llevar un poquito más la voz cantante. Es fundamental el juego de roles, el papel de los roles de los niños dentro del juego, y ahí se empiezan a despertar aquellos que tienen más capacidad de liderazgo y aquellos que son más tímidos empiezan a integrarse más, a sentir la posibilidad de jugar y de compartir con sus compañeros, porque la propuesta los invita y los entusiasma”.

“Lo aprendido generó herramientas nuevas para la convivencia en los recreos, pero también en el aula –concluye Fernández–. Eso ayuda a desarrollar inteligencias, ayuda a desarrollar tolerancia, ayuda a desarrollar respeto por el otro.”