Nieta de un inmigrante armenio que llegó a Uruguay a fines de la década del ‘30, Isabelle Chaquiriand heredó de su abuelo, Víctor, y de su padre, Armando, el talento innato para los negocios. Ese don fue evidente desde muy chica: ya a los ocho años se debatía entre seguir una carrera en el sector de Hotelería o en Administración de Empresas. Inquieta y siempre pensando a futuro, Isabelle aprendió a manejar su tiempo para compaginar todas las actividades profesionales y personales que hoy la apasionan, en una búsqueda permanente por convertirse en la mejor versión de sí misma.

Con una seguridad envidiable a la hora de tomar decisiones, Isabelle pertenece a la tercera generación de su familia y es la primera mujer en estar al frente de ATMA, una fábrica de plásticos líder en Uruguay. De su mano, la facturación de la empresa familiar aumentó casi un 400% en los últimos 10 años y se definió una estrategia clara de crecimiento que, más allá de los productos hogareños que le dieron fama, puso foco en el mercado industrial, que incluye a clientes como Coca-Cola. Todo eso sin dejar de ser una madre y esposa muy presente para su familia.

Por eso, Coca-Cola y Endeavor Uruguay, organización líder en la promoción de la cultura emprendedora y que ya había trabajado con Isabelle como mentora, la eligieron como una de las protagonistas para el lanzamiento de Emprendemos Juntas, el proyecto de la Compañía que busca empoderar a 500 mujeres uruguayas. El programa es la versión local de 5by20, iniciativa global de Coca-Cola cuyo objetivo es empoderar económicamente a cinco millones de mujeres pertenecientes a su cadena de valor para el año 2020.

“Desde chica tuve que aprender a ser muy eficiente para administrar mi tiempo. No bien entré a la facultad empecé a trabajar, así que estoy muy acostumbrada a tener muchos platos en el aire a la vez. Compaginar todo eso es parte de ser emprendedora”, asegura la Directora Ejecutiva de ATMA y mamá de Juan Diego, de once años; Agustín, de nueve; y Valentina, de cinco.

Contadora Pública por la Universidad de la República, magíster en Business Administration por la Escuela de Negocios de la Universidad de Montevideo, y candidata doctoral de la francesa Grenoble École de Management, Isabelle cuenta que después de haber participado durante muchos años en los negocios de la familia hubo un momento en el que sintió la necesidad de experimentar eso de no ser “la hija del dueño”. Tras trabajar cinco años en la consultora Deloitte regresó a la empresa familiar en 2003 para ayudar a su padre a recuperar ATMA, que había sufrido un fuerte impacto con la crisis económica del país de 2002. Empezó reorganizando procesos de producción en la fábrica y fue ascendiendo hasta llegar a la dirección en 2006.

Isabelle señala que las mujeres enfrentan más dificultades que los hombres para compaginar trabajo y familia a la hora de emprender. “En la industria uruguaya, y en el mundo de los negocios en general, hay muy pocas mujeres. Cuando empecé a trabajar en ATMA recibí comentarios negativos de gente que en ese momento tenía una mentalidad más conservadora. Cuando estaba embarazada siempre me preguntaban qué iba a hacer con el bebé. Tuve tres hijos y uno de los embarazos fue muy complicado, pero las cosas siguieron funcionando”, recuerda. Y agrega: “Me acuerdo de ir con los ingenieros a comprar maquinaria y para los vendedores yo era la secretaria. En lugar de ofenderme, usé eso a mi favor. Cuando se daban cuenta de que yo era la que firmaba el cheque me elogiaban y yo aprovechaba para pedir doble garantía para las máquinas. Con el tiempo aprendí a capitalizarlo de una manera espléndida. Hasta me río, porque el que ríe último, ríe mejor”, asegura divertida.

Para Isabelle, los hombres son mejores en las habilidades hard, que involucran finanzas y operaciones, mientras que las mujeres tienen un mejor desempeño en tareas soft, como manejo de personal y liderazgo. “Los dos géneros son distintos y complementarios. Lo que ha pasado es que este es un mundo masculino y los programas de apoyo a emprendedores están hechos para los hombres, y eso es algo que hay que cambiar”, apunta la experta que ve a Emprendemos Juntas como una iniciativa absolutamente necesaria para revertir este escenario en Uruguay, ya que ofrece mentorías especializadas para las mujeres.

Los beneficios de emprender

Una de las claves para el éxito de una organización, dice Isabelle, es armar un equipo que sea muy complementario en sus capacidades, pero con valores compartidos. “Es importante que los dueños de negocios aprendan que no es necesario ser esclavos del trabajo. A veces nos cuesta dejar la empresa, pero cuando el negocio crece no se lo puede estrangular. Hay que poner gerentes con capacidades complementarias a las tuyas y asumir apenas la dirección”, sostiene la mujer que aprendió a hacerlo de la forma más complicada. Durante su segundo embarazo se detectó que su hijo Agustín, que ahora tiene nueve años, sufría de hipoplasia del ventrículo izquierdo y no había desarrollado una mitad del corazón. A raíz de eso, Isabelle y su marido, Diego, tuvieron que hacer siete viajes en un año a Estados Unidos para diversos tratamientos médicos. Agustín nació allá porque en Uruguay no tenía chances de sobrevivir, y en los siguientes dos años y medio tuvo que enfrentar cuatro cirugías a corazón abierto.

Esa flexibilidad que descubrió en un momento de dificultad, Isabelle la sigue aprovechando para estar presente en los momentos clave para sus hijos y para su empresa. “Dos veces por semana me voy más temprano del trabajo, paso a buscarlos por el colegio, los llevo a casa y sigo trabajando desde ahí. Eso es lo lindo de ser emprendedora; capaz que trabajo más horas, pero esa flexibilidad me permite disfrutar de otras cosas”, explica.

Además de comandar ATMA, Isabelle es presidenta de la Fundación Corazoncitos, una ONG que creó junto a otros familiares de niños con cardiopatías congénitas en Uruguay con el fin de trabajar en la detección precoz de esta enfermedad y ofrecer apoyo psicológico a los padres.

“Creo que mis padres me trasladaron mucho la importancia y el valor del trabajo. En mi familia estaba muy presente la historia de mi abuelo, que había tenido una muy buena posición económica en Armenia y de un día para el otro tuvo que empezar de cero en Francia, y continuar luego en Uruguay. Por eso, a mí siempre me enseñaron que no importa tanto lo que tenés, sino cuáles son tus capacidades para desarrollar las cosas en el futuro”, concluye.  

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